Traiciones de la memoria

El hecho que da pie al presente libro es muy notable y además de haber sido publicado en su día en varias revistas fue muy comentado en columnas y blogs de numerosas publicaciones de ámbito hispano: un hombre (por más señas el autor del libro, el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince), encuentra en los bolsillos de su padre un poema apócrifo que encima de ser muy bello suena extrañamente premonitorio, pues empieza diciendo: "Ya somos el olvido de lo que seremos", etc. Y digo que premonitorio porque el encuentro del poema tiene lugar cuando el padre acaba de ser abatido a tiros, no se sabe por quién.
La muerte violenta de un padre es un hecho inconmensurable y difícil de aceptar, aparte de que, como poco, exige una reparación. Ahora que estamos tratando de superar la barbarie del ojo por ojo y ya no se estilan la venganza ni los lances de honor, dicha reparación debería venir al menos por la vía de la justicia. Y aunque la justicia es lenta, es cara y exige una paciencia sólo comparable a la constancia que es preciso aplicar para evitar que la pretendida reparación acabe en la famosa vía muerta, algo hay que hacer, no se puede aceptar la muerte sin más. En cuyo caso, renunciar a la vía legal y en cambio dedicar tanto tiempo, atención, imaginación y esfuerzo como invierte Héctor Abad Faciolince en averiguar a quién pertenece ese poema de traza inequívocamente borgeana podría parecer un frivolidad. Al fin y al cabo, un escrito debe hablar por sí mismo y no por el fulgor que le confieren el nombre y apellidos del autor. Y a quién le importa la firma en un soneto apócrifo ante un hecho tan traumático como es una muerte cobarde e impune.
Sin embargo, hay un conocido mecanismo de la mente humana que consiste, como defensa ante un hecho extremadamente doloroso por irreparable, en desviar la atención hacia un detalle circunstancial y que en sí mismo carecería de importancia si no fuera porque mitiga el dolor y pone en otro plano aquello que de verdad hace daño. Obviamente, cuanta mayor atención e importancia se conceda a ese detalle circunstancial, menos vívido y directo será el dolor que se pretende mitigar.
Lo que ocurre es que, en este caso, lo que podría interpretarse como una mera maniobra de distracción ante la brutalidad de la muerte de alguien muy próximo, a medida que avanza la investigación va cobrando fuerza e interés en sí misma y termina por convertirse en un fascinante laberinto, o en una especie de corte de los milagros poblada de personajes, personajillos, saltimbanquis y vendedores de humo. Con la particularidad de que todos mienten, incluidos los más honestos y los más genuinamente interesados en desentrañar la identidad del autor del poema. Porque, según vamos de puerta en puerta, pidiendo conocer la verdad, se pone en claro que la auténtica maldad no es la vanidad de quien se equipara a Borges al reclamar abusivamente la autoría del poema; ni la mala fe de quien desliza con deliberación pistas falsas que le otorgan un efímero protagonismo. Y en definitiva ni siquiera perturba el orden de las cosas la mezquindad de una viuda que tarda tres años en negar que el autor sea Borges, poniendo con ello de manifiesto que su misión en esta vida consiste en controlar el legado del gran hombre para que nadie se lleve ni un pedacito de un patrimonio que ella maneja como quien regenta una finca. El auténtico malo, la maldad más genuina de todas es la memoria, o para decirlo en palabras del propio autor, "la brutalidad de la mala memoria", propiciadora del olvido que seremos. "Pienso con esperanza", sigue diciendo el poema algo más adelante, "en aquel hombre que no sabrá quién fui sobre la tierra".
La maniobra contra el olvido cobra la dimensión de una lenta y minuciosa reconstrucción de la verdad con la figura del padre como fondo. Un hombre que está presente en el relato desde la primera a la última línea, pero del que sólo se da un dato: que tenía un programa radiofónico. Y como homenaje póstumo, o como ofrenda para compartir lo único que ha quedado de él, al lector se le ofrece una página web en la que puede escuchar al difunto en una emisión radiofónica. Un curioso pero emocionado homenaje que encima resulta fascinante de leer. De leer y de mirar porque el libro, en tanto que objeto, es muy atractivo y agradecido de hojear, con toda clase de fotografías y retratos de los diversos personajes que intervienen, desde los protagonistas de carne y hueso a los verdaderos desencadenantes de la investigación.
Traiciones de la memoria
Héctor Abad Faciolince
Alfaguara
[Publicado el 18/3/2010 a las 14:12]
:::::::: DECLARACIÓN DE INDEPENDENCIA DEL CIBERESPACIO:::::::::::
Todos leer este decreto que debe ser sagrado para todo internauta del mundo.
PIDO A TODAS LAS PERSONAS QUE LEAN ESTE ARTICULO QUE COPIEN, PEGUEN Y DISTRIBUYAN ES TE DECRETO, QUE SEA CONSIGNA DE LEY, QUE TODOS LOS WEBMASTERS LO PONGAN EN SU PAGINA PRINCIPAL, QUE EL MUNDO SEPA QUE PODEMOS DEFENDERNOS DE LA TIRANÍA DEL ESTADO Y NO PUEDEN DETENERNOS, QUE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y DE INFORMACIÓN ES UNA LEY UNIVERSAL.
http://sites.google.com/site/independenciadelciberespacio
CONTRA LA LEY SINDE....
Comentado por: Martin Eduardo el 21/3/2010 a las 07:04
COMENTARIO CENSURADO por IVAN THAYS en "Moleskine Literario":
"Iván, no he tenido hasta ahora el honor de leer ninguna de tus novelas, pero veo que eres muy poco elegante en tus críticas a Javier Marías, y sobre todo que son infundadas, más bien la pataleta de un niño malo que quiere llamar la atención de los mayores metiendo la cara en la tarta de cumpleaños.
Lo de que tiene "pensamientos imperialistas y nobiliarios sobre el idioma" es un disparate del quince, además de una injuria que no creo que te atrevas a insinuar, por ejemplo, en una mesa redonda con escritores o simplemente con ciudadanos que tengan más de dos dedos de frente (porque sencillamente se reirán de ti, basta con acudir a los artículos de Marías en EPS para sacarte los colores cosiéndote a citas).
Sobre el Reino de Redonda, en fin, qué decir, si no entiendes que es un simple juego literario como tantos que se han dado en la historia de la literatura... allá tú con tus problemas de autoestima y tu amargura, pero si todos fuésemos como tú lo que no existiría sería la poesía. (Por cierto, de "auto coronado" nada, el reino ya existía antes que él, lo ha "heredado").
Y ya que vas de libertador, a ver si das ejemplo y no me censuras el comentario, como ya has hecho anteriormente.
Javier Ruiz Parada
DNI 70519525 V
(Insólito que haya que poner nombre, apellidos y DNI para que dejes deslizar alguna crítica en internet)."
Te pido perdón por esta intromisión, Javier, pero no hay manera de que tu compañero de web publique un comentario crítico con alguno de sus post, y ya me he cansado de tanta censura. En ningún momento se le insulta, simplemente se le dicen las verdades cuando él vomita sobre otros injustificadamente. Échale un vistazo a sus dos post sobre Marías y entenderás la calaña del personaje.
Lo siento de verdad, ¡un saludo!
Comentado por: Javier el 20/3/2010 a las 09:57
Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial Bruguera, Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.
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