Las vidas de Joseph Conrad

Hace un par de años, y coincidiendo con el ciento cincuenta aniversario del nacimiento de Joseph Conrad, Editorial Lumen le dedicó un homenaje particular editando la biografía de John Stape, un state of the art en lo que se refiere al aparato crítico referido al gran escritor de origen polaco. Quienes no tuvieran entonces ocasión, o mejor aún, quienes no hayan sentido nunca curiosidad por saber cómo era el hombre que vivía detrás de la imponente figura del escritor, puede aprovechar la aparición de la edición de bolsillo de aquella biografía y subsanar ahora tan lamentable error. Porque Stape lleva a cabo una operación fascinante, muy lejos de los ejercicios biográficos al uso.
Conrad tuvo una vida - o vidas, como dice Stape - plagada de sobresaltos, aventuras y situaciones extremas, con la particularidad de que encima tuvo un final feliz. En las reseñas biográficas se suele decir que hasta los veinte años fue un polaco errante, huérfano, sin patria y sin oficio ni beneficio. De los veinte a los cuarenta fue marino mercante inglés, por cierto que con una carrera profesional bastante calamitosa, o al menos no acorde con la imagen de marino que urdieron él mismo y sus hagiógrafos. (Leyendo a Stape da la sensación de que Conrad pasó más tiempo en tierra buscando empleo que embarcado, y que cuando se enroló en algún barco casi siempre fueron fierros que se encontraban ya en la fase previa al desguace, aparte de que por lo general ejerció oficios de escasa categoría). En la tercera y última etapa de su vida, sin embargo, ejerció de figura indiscutible de la literatura universal.
Como es lógico, tan singular trayectoria vital le suministró material de sobras para la veintena de libros que escribió. Y como es asimismo lógico, él manipuló, tergiversó y adaptó ese material tan arduamente recolectado, ocultando lo que debía ser ocultado y resaltando lo que de más valioso tenía. Cuando llegó a ser famoso y empezaron a salirle exégetas en las cuatro esquinas del mundo (incluso en Tokio hay actualmente una opulenta fundación Conrad dedicada a la investigación de su vida y obra), los aspectos más singulares y espectaculares de ese material previamente manipulado y reciclado fueron utilizados para urdir la casi divinizada figura pública que ha llegado hasta nuestros días. Es de resaltar que una parte nada desdeñable de las tergiversaciones y exageraciones fueron propaladas por el propio Conrad. Quede claro sin embargo que todo ello (la manipulación del material biográfico) no es sólo una operación lícita sino que casi cabría decir que necesaria en el caso de un escritor, pues el único compromiso que tiene éste es con su literatura, y la verdad, la historia, la confesión o el testimonio quedan por entero supeditados a las exigencias narrativas. Ya vendrán después los biógrafos a desentrañar la otra verdad, la no literaria, el cómo ocurrió en realidad.
Y en este sentido, John Stape ha realizado un trabajo impagable. Desde un punto de vista estrictamente profesional, no hay engaño posible: ochenta años después de la muerte de Conrad, ya no quedan con vida testigos directos que puedan aportarle a un biógrafo actual datos o testimonios directos y hasta ahora desconocidos. Y los innumerables e incondicionales entusiastas han rebuscado hasta lo indecible en archivos públicos y privados, bibliotecas y hemerotecas de medio mundo, de forma que tampoco por ahí cabía esperar ninguna novedad trepidante. Lo único realmente novedoso en el trabajo de Stape son las aportaciones de la correspondencia de Conrad, puesta a disposición del público desde 1980. La otra aportación digna de elogio realizada por Stape al cabo de tantos años de reunir y elaborar material no le va a gustar, en el caso harto improbable de que algún día llegue a leer estas líneas. Y me refiero al hecho de que, a juzgar por su trabajo, John Stape es un hombre metódico, disciplinado y tenaz, de lenguaje sobrio y mente ordenada, pero absolutamente privado de imaginación, o incluso de creatividad. Y conste que lo digo como elogio, o como elemento positivo de cara a lector imaginativo y que ya tiene una idea previa bastante clara de todos los florilegios, exégesis y exageraciones tramadas para exaltar a la figura pública y lo único que quiere saber es qué pasó. Y en este sentido Stape es insuperable, pues ha seguido los pasos de Conrad casi día a día y está en situación de decir a quién vio de verdad ese día, si dichos encuentros tuvieron consecuencias o no y, en caso de que sí tuvieran consecuencias, en qué forma fueron manipulados a la hora de crear tal personaje, embellecer tal secuencia famosa o aportar material para una trama determinada. Y sin entrar para nada en valoraciones o interpretaciones literarias. No es un crítico ni un teórico. Sólo el día a día. Quién fue quién en la vida real, y en qué forma entró a formar parte de las novelas. Y por si aún queda alguna duda, al final hay una serie de secciones que permiten al lector insaciable terminar de componer el personaje Conrad.
Las vidas de Joseph Conrad
John Stape
Debolsillo
[Publicado el 18/8/2009 a las 07:25]
Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial Bruguera, Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.
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