El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 24 de mayo de 2012

 Crítica literaria de Javier Fernández de Castro

Locos

Una comedia de gestos

Felipe Alfau

Backlist

La editorial barcelonesa Backlist repesca ahora Locos, una joya publicada por vez primera en España en 1990 y casi imposible de encontrar incluso en las librerías de lance. /upload/fotos/blogs_entradas/locos_med.jpgA primera vista podría parecer que se trata de una heterogénea recolección de cuentos escritos por un lechuguino barcelonés que se afincó en Nueva York durante la Primera Guerra Mundial y que en 1936 los publicó en inglés porque deseaba hacerse famoso en su país de adopción. Las enciclopedias dicen que dichos cuentos le valieron una cierta relevancia inicial al autor, un tal Alfau, pero que casi de inmediato cayó en el olvido hasta que fue redescubierto en Estados Unidos cuando contaba 86 años de edad y vivía en una institución caritativa. Como es lógico, para entonces sus intereses ya estaban pendientes de un acontecimiento que con toda probabilidad él debía de intuir inminente (de hecho murió en 1999) y por ende mucho más serio y trascendente que la fama o aquel reconocimiento póstumo.

Y nadie lo diría, pero debajo de esa escueta noticia enciclopédica se esconde una obra decididamente original, sugerente y muchísimo más ambiciosa de cuanto pueda parecer.

Es de señalar, de entrada, que se trata de una prosa narrativa muy meditada y trabajada, y en la que hasta la última coma no sólo parece haber sido objeto de reflexión sino que probablemente sea el resultado de una reelaboración reiterada. Incluso el subtítulo, Una comedia de gestos, es necesario y significativo.

Ya en el prólogo el autor empieza el juego de aparentes despropósitos invitando al lector a que lea su libro sin respetar necesariamente el orden de los capítulos. Puesto que son cuentos y todos empiezan y terminan en sí mismos, viene a decir Alfau, no hay un orden lógico y cada cual puede leerlos a su aire.

En su día supe de lectores que hicieron caso al autor y emprendieron una lectura aleatoria sólo para acabar dando marcha atrás y reemprender el camino propuesto entre Alfau y su amigo el doctor de los Ríos.

Y la razón es que, antes o después, el lector aleatorio empieza a detectar que hay personajes que saltan de unos cuentos a otros y que encima cambian de personalidad, biografía y avatares. Así por ejemplo Lunarito -Carmen- hermana Carmela, en principio casada con un tipo apodado el Cogote que luego se transforma en su propio hermano Gastón, por no hablar de los padres, don Laureano -un mendigo al que hemos conocido de camarero en el Café de los Locos- y su esposa Felisa (llamada de igual modo en otro cuento en el que hace de madre de Carmen-Carmela la monja incestuosa) y hermana de don Benito, el prefecto de policía al que le roban la cartera durante una convención de policías que se celebra en Barcelona y que provoca involuntariamente otra convención paralela de chorizos y maleantes llegados en masa a la ciudad condal bajo la premisa -a la postre cierta- de que mientras los vigilantes de la ley estén reunidos la ciudad quedará indefensa y a merced de los desaprensivos.

¿Queda claro? Seguro que no. Pero es que justamente se trata de eso. Pese a la angustia de aquellos lectores aleatorios, su posterior relectura ordenada no les mejoró mucho las cosas porque las arbitrariedades e incongruencias están ahí y siguen siendo las mismas sea cual sea el orden de lectura. Al fin y al cabo se trata de un efecto buscado y, como digo, con todo el aspecto de haber sido largamente reflexionado y trabajado.

En definitiva, lo que cualquier lector advierte es que hay una corriente interna que vincula oscuramente unos cuentos con otros pero sin jerarquizarlos ni incluirlos en un orden cronológico (como ocurriría por ejemplo si fuese una novela tradicional). Y creo que los consejos de lectura que da Mary Mc Carthy en el epílogo son un disparate. No tiene ningún sentido trazarse organigramas (siquiera sean mentales), ni hacerse pequeñas fichas biográficas o leer con lupa para después inventariar los elementos simbólicos introducidos como de tapadillo en una narración para prefigurar otra que igual no llega hasta cuatro capítulos después.

Insisto: esa lectura me parece un disparate. Los cuentos de Alfau conservan casi como por milagro una cadencia y un tono que hacen pensar de inmediato en la narración oral, lo cual invita casi obligatoriamente a escucharlos con la misma desenvoltura con la que de niños aceptábamos que mi patio es particular porque cuando llueve se moja como los demás. Andar buscando lógicas en los cuentos y las canciones infantiles es hacer la labor del entomólogo cuando captura a ese ser errático y maravilloso que es una mariposa y la clava para siempre en un corcho para luego ponerle debajo el nombre latino. Será todo lo científico que quieras, pero has convertido un ser vivo en un objeto de vitrina.

Nota: que en su día yo hiciese la traducción de Locos contando con la inestimable ayuda de Pere Gimferrer no debiera impedirme alertar ahora al lector despistado al que en su día se le escapó esta joya. ¿O sí?

[Publicado el 04/12/2008 a las 10:57]

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Foto autor

Biografía

Javier Fernández de Castro (Aranda de Duero, Burgos, 1942) ha ejercido entre otros los oficios de corresponsal de prensa (Londres) y profesor universitario (San Sebastián), aunque mayoritariamente su actividad laboral ha estado vinculada al mundo editorial.  En paralelo a sus trabajos para unos y otros, se ha dedicado asiduamente a la escritura, contando en su haber con una decena de libros, en especial novelas. Desde hace unos años reside de forma permanente en  Barcelona.

Bibliografía

Entre sus novelas se podrían destacar Laberinto de fango (1981), La novia del capitán (1986), La guerra de los trofeos (1986), Tiempo de Beleño ( 1995) y La tierra prometida (Premio Ciudad de Barcelona 1999). En el año 2000 publicó El cuento de la mucha muerte, rebautizado como Crónica por el editor, y que es la continuación de La tierra prometida. En 2008 apareció en Editorial  Bruguera,  Tres cuentos de otoño, su primera pero no última incursión en el relato corto.

 

Traducciones

Wagenbach (2011)

 

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