Familia, municipio y sindicato

Ajuste de cuentas de "La familia" contra policías federales.
No me refiero a las entidades naturales de la vida política del franquismo, ni a la triada falangista; más bien se trata de una inédita edición moderna del narco-estado en su máxima expresión suscitado en Michoacán.
"Familia que reza unida, permanece unida" decía uno de los lemas sociales de la última dictadura española; pero en Michoacán "La familia" no solo permanece unida sin rezar, sino que controla y domina la política mexicana de varios estados. Es un poderoso cártel separado hace tres años del cártel del Golfo, que se arroga derechos divinos para imponer su ley: "La familia no mata por paga, no mata mujeres, no mata inocentes, sólo muere quien debe morir. Sépalo toda la gente; esto es justicia divina", decía un cartel junto a un montón de cabezas cercenadas de sus cuerpos lanzadas a una discoteca de Uruapan, Michoacán.
En los últimos tres años "la familia" se ha convertido en un Estado por encima del Estado mexicano. Se le conoce como el "cártel del sexenio". Su asaltó a las instituciones se dio poco a poco. Fueron haciéndose con el control de los municipios y colocando alcaldes, gobernadores, jefes de policía, militares, sindicalistas, agentes del servicio secreto. Ofrecen protección a la gente que paga el impuesto del narco y corrompen a base de plata o plomo. El resultado siempre es el mismo: aceptas el soborno o la muerte.
Su poder se extendió rápidamente por otros estados de la República: Guanajuato, Estado de México, Distrito Federal, Guerrero... Dominan el narcomenudeo y supuestamente actúan basados en un código de honor, cuyo eje principal es una combinación de catolicismo reaccionario y paramilitarismo. Eran militares y fueron entrenados en contrainsurgencia en la tristemente célebre Escuela de las Americas de Fort Bening, Georgia Estados Unidos famosa por entrenar en técnicas de tortura a miles de militares latinoamericanos. Desertaron y saltaron a la luz pública como nuevo cártel del narcotráfico, una semana antes de que Felipe Calderón llegara a Los Pinos.
Su método de propaganda es bastante efectivo. Sus mensajes los publican en desplegados pagados en la prensa mexicana, cuelgan mantas en las calles y en los puentes, dejan carteles sobre las personas que ejecutan, e incluso utilizan la televisión para ofrecer su versión de los hechos a la opinión pública.
De los ocho cárteles que operan en México, "la familia" está considerada como la más sanguinaria y peligrosa. Su penetración es rápida y productiva. Construye con gran facilidad gracias a la corrupción de las autoridades políticas, policíacas y judiciales, células regionales de tráfico de drogas.
Desorientados, desorganizados y sin capacidad operativa para controlarlos debido a la corrupción de los cuerpos policíacos y sus mandos, el Estado mexicano decidió finalmente detener a uno de sus capos: Arnoldo Rueda Medina, alias "la Minsa". La guerra se desató y "la familia" empezó la matazón. En menos de 24 horas asesinaron a 16 personas, la mayoría policías. Para hacerlo más espectacular, apiñaron 12 cuerpos debajo de un puente con manos y pies atados y signos de tortura. La escena era terrible y simbólica: el fracaso del Estado por controlar la floreciente industria del narcotráfico.
El gobierno calderonista intentó disminuir la presión mediática y envió a más de 7 mil elementos de seguridad entre militares y policías, pero "la familia" utilizó nuevamente su principal estrategia corporativa: la propaganda.
En plan surrealista Servando Gómez "la Tuta" llamó a una televisión michoacana para exponer los postulados de su organización criminal y solicitarle al gobierno una "negociación": Queremos que el señor Presidente de la República, el señor Felipe Calderón, sepa que no somos sus enemigos, nosotros lo estimamos al señor... Queremos que nos entiendan, queremos actuar con respeto. Las autoridades andan detrás de nosotros porque es su trabajo, pero también que no molesten a nuestras familias, que se dediquen a agarrarme a mí, a mis muchachos, a la gente que está, que todo mundo sabe quiénes somos..."
"La Tuta" fue más allá y explicó la génesis de su digna empresa: "La Familia la creamos para cuidar y salvaguardar los intereses de nuestro pueblo y nuestra familia, no queremos que nadie les falte al respeto. Nosotros, a nuestra manera de entender no les faltamos al respeto a las personas. Si están los levantotes (secuestros) correctamente, pero no somos secuestradores, ni matamos por paga...
El planteamiento de "la Tuta" es comprensible. Si el Estado ha negociado con el cártel de Sinaloa como se dice y se evidencia, en concreto si está protegiendo al Chapo Guzmán el multimillonario capo de la revista Forbes, por qué no puede negociar con ellos también.
En cambio, el Estado ha politizado su lucha contra "la familia" deteniendo a funcionarios de todos los niveles, en su mayoría, del oponente Partido de la Revolución Democrática por sus nexos con el narcotráfico.... Como bien dijo André Breton: México es el país surrealista por excelencia!...
[Publicado el 20/7/2009 a las 10:15]
Leo tu texto y me pregunto por qué dices mentiras o, al menos, cosas que no son ciertas.
Por ejemplo: no es lo mismo "paramilitares" que "militares" o que "policias".
Me encantaría saber, y ver, que harías tu para controlar en este país al narcotráfico o narco-política existente desde hace muchos sexenios, esos que negociaban en silencio.
Comentado por: Maria el 23/7/2009 a las 03:24
y tooooodo esto... ¿en el planeta tierra?
¿aquí, aquí mismo, aquí mismito?
contra esto, ni familia ni municipio ni sindicato
ni dios
Comentado por: jbv a 10.710 km el 21/7/2009 a las 23:14
Sanjuana Martínez es egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Continuó sus estudios de posgrado en la Universidad Complutense de Madrid. Ha investigado asuntos relacionados con la defensa de los derechos humanos, violencia de género, la actividad terrorista y el crimen organizado, tanto en México como en Estados Unidos y Europa. Ha trabajado para Milenio Diario de Monterrey, Canal 2, la revista Proceso y el periódico La Jornada. Por sus investigaciones sobre los delitos de pederastia cometidos por el clero, recibió el Premio Nacional de Periodismo 2006. El Club de Periodistas de México le entregó en 2007 el primer Premio Nacional de Periodismo por sus reportajes, crónicas, entrevistas y artículos. Y en 2008 por sus trabajos difundidos en La Jornada recibió el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Ha publicado los libros: Manto púrpura. Pederastia clerical en tiempos del cardenal Norberto Rivera Carrera (Grijalbo), La cara oculta del Vaticano (Plaza y Janés), Si se puede. El movimiento de los hispanos que cambiará a Estados Unidos (Grijalbo). Por su libro Prueba de fe. La red de cardenales y obispos en la pederastia clerical (Editorial Planeta) recibió en 2008 el premio "Rodolfo Walsh" de la Semana Negra de Gijón. Sus último libros son: Se venden niños (Editorial Temas de Hoy), Periodismo incómodo (UANL), Verdades que no mueren (Ediciones Oficio) y La frontera del narco (Planeta, 2011). Es coautora de los textos: Los intocables (Editorial Planeta), Un día sin inmigrantes (Grijalbo) y Voces de Babel (Alfaguara).
Actualmente desarrolla su labor periodística como freelance. Radica en Monterrey y colabora con varios medios mexicanos y extranjeros.
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