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El blog literario latinoamericano

domingo, 12 de febrero de 2012

 Río Fugitivo / Blog de Edmundo Paz Soldán

Algo más que fútbol

Mesut Özil

Son muchas las cosas que contribuyen a la forma en que esa "comunidad imaginada" llamada nación se entiende a sí misma y es entendida por los demás. Una de las más importantes es el fútbol. No es casualidad que muchos intelectuales se sientan atraídos por ese deporte; Albert Camus decía que lo más importante de la vida lo había aprendido en una cancha de fútbol. El fútbol como una escuela de aprendizaje a la vida, como la enseñanza de ciertos valores. Pero también como un espacio donde una nación puede redefinirse, descubrir algo que todavía no sabía sobre sí misma. El fútbol es siempre algo más que fútbol.   

Mundial de Sud África. Mediados de junio, después del primer partido de Alemania, que barre fácilmente a Australia. Los comentaristas vuelven al lugar común de la "eficiencia germana". Pero hay algo diferente en esta Alemania, y tiene que ver con lo que el escritor peruano Iván Thays, en un guiño a su compatriota José María Arguedas, llama su vocación a mostrar en el equipo "todas las sangres" que componen a la nación. Özil tiene sangre turca, la ascendencia de Gomez es española, Podolski y Klose nacieron en Polonia, Cacau en Brasil, Khedira tiene raíces árabes,  Boateng es hijo de inmigrantes de Ghana y Marko Marin viene de los Balcanes.

Algunos comparan a esta Alemania con la Francia de los años noventa, que presentó un mosaico multirracial y, de la mano de Zidane, alcanzó la copa. En ese momento, el seleccionado francés fue visto como un modelo de integración racial, el sueño de una Francia en que la integración de sus diversos grupos fuera armónica. Ya sabemos cómo anda esa historia: Francia vive un proceso traumático de adaptación de sus minorías, y el fracaso de su selección en este mundial ha avivado el fuego del discurso racista y xenófobo de la derecha. Anelka no sólo es un indisciplinado; es también un chiquillo de las barrios bajos que no lleva con orgullo los colores de su país. La descomposición del equipo refleja las tensiones locales: el capitán Evra y compañía han apartado al volante Gourcuff -un jugador que merecía ser titular-- porque es la hora de la venganza del "ghetto" contra la clase media alta.
De la mano de su selección triunfante, Alemania vive por ahora el lado utópico de la integración de las minorías en el proyecto colectivo. Las derrotas, cuando lleguen (porque también los alemanes pierden), harán obvia la fragilidad de ese sueño.
 
Si muchos latinoamericanos apoyaron a Chile en este mundial fue por lo que mostró. Había algo diferente a selecciones anteriores, y que no puede ser achacado únicamente a la disciplina táctica de un entrenador. La entrega y la vocación colectiva iban a contrapelo de la imagen que se tenía de Chile en América Latina: el país individualista y neoliberal. Por supuesto, Chile nunca fue sólo ese país tan fácilmente estereotipado como el vecino egoísta del barrio, ni es tampoco sólo esa voluntad de sacrificio mostrada por esta selección. Pero, en la lucha entre imágenes, lo que ha hecho esta selección es tornar más difícil la labor de simplificar a Chile, reducirlo a su versión menos amable. No es poco.

Sábado 3 de julio por la tarde en un café en Cochabamba. Una mesa larga de jóvenes ve el partido entre España y Paraguay con banderas y sombreros con los colores de la selección paraguaya; en una esquina, más tímido, un grupo aplaude las jugadas de España. Está claro que nadie aquí es español ni paraguayo. Dicen algunos que el fútbol aviva los nacionalismos, y es cierto; pero hay otro lado de la moneda, y es el hecho de que el fútbol también permite que uno vaya más allá de su parroquia, y termine apoyando una bandera supuestamente rival. Han sido muchos los bolivianos que han visto el partido entre Chile y Brasil con un nudo en la garganta, entusiasmados por el equipo de Bielsa. Que nadie se llame a engaño: esto suele durar poco.
 
(La Tercera, 6 de julio 2010)

[Publicado el 06/7/2010 a las 22:17]

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Comentarios (5)

  • Ángel, escribí un texto sobre Busquets en el blog Papeles Perdidos de Babelia (El País), el día del triunfo de España. Los posts de mi blog parten de pedidos periodísticos: Babelia me encargó cubrir a la selección estadounidense, por ejemplo, y lo hice hasta que fue eliminada. Estoy muy feliz por el triunfo de España, merecidísimo. Un abrazo fuerte.

    Comentado por: edmundo el 15/7/2010 a las 17:50

  • Hombre,Edmundo,tan interesado que te veia con el Mundial,las nuevas tecnologias necesarias,tanto entusiasmo en contar los avances del equipo USA en Sudáfrica...En fin,que yo estoy convencido de que eres un gran aficionado al fútbol(soccer donde vives).Por eso,me ha extrañado tu silencio en el tramo final del campeonato.Al margen de favoritismos,la verdad,eché de menos algún parecer tuyo sobre el resultado final en Johannesburgo y el juego practicado por España.Creo que hubiera sido una delicadeza.Qué se le vá a hacer.....

    Comentado por: ÁNGEL el 15/7/2010 a las 10:44

  • Augusto,

    el Sabado proximo seguimos teniendo uno de los nuestros
    Y buen antes y despues de todo a disfrutar del deporte

    Comentado por: juan-andres el 07/7/2010 a las 13:24

  • Edmundo,
    Me parece muy pertinente tu artículo. Personalmente, ahora que todos los equipos latinoamericanos han sido eliminados y, a nosotros bolivianos, no nos queda sino apoyar al equipo mas afín a nuestras respectivas individualidades, me encuentro con amigos que, inesperadamente, apoyan a Holanda o a Alemania, mucho más que a España. (Es más: van contra España.) Para mi gran sorpresa, las razones son de toda índole, salvo futbolísticas. El fútbol es más que el fútbol. Siempre. Es más: el fútbol, para los que no son amateurs puros (si los hay), es casi todo menos fútbol. Es un conducto ideal, por la emoción y libertad que transmite, para expresar el propio nacionalismo, racismo, la propia moral, y hasta pura y simple disidencia con respecto a la doxa. ¿No te parece? En cuanto a Francia, es verdad que la selección prematuramente eliminada fue percibida, por cierta prensa, como un eco deportivo del problema de integración étnico-social que se está viviendo aquí. También es cierto que tal visión está matizada por otro sector de la prensa, que se niega a echar más leña al fuego. Como si esta derrota no simbolizara nada. Pero lo cierto es que, no hace mucho, cuando L’équipe de France aún ganaba, un político de derechas declaró que había “demasiados negros” en el equipo (se armó un escándalo), y algunos periodistas no dejaban de ironizar sobre las expulsiones de inmigrantes magrebís y de áfrica negra (indocumentados) del territorio hexagonal cuando la selección estaba casi exclusivamente compuesta por ellos (demasiado bien pagados). Creo que el fútbol, en victoria o en derrota, pone el dedo en la llaga de ciertos problemas sociales, porque llevan a la gente a decir lo que realmente piensa. Los goles hacen saltar los tapones de la hipocresía. Y las glorias (como la de 98) resultan siempre efímeras.

    Gracias por el artículo.
    Un abrazo,
    Augusto

    www.elfuegoylafabula.blogspot.com

    Comentado por: Augusto el 07/7/2010 a las 12:11

  • Te confieso que he leído tus entradas sobre el futbol por pura curiosidad, pero esta tarde mi hijo me ha pedido que viera con él el partido de Uruguay contra Holanda, me llamó la atención que el tomó partido por Holanda y yo por Uruguay. Al preguntarle que si por qué le iba a un país europeo en lugar de uno latinoamericano me dijo, es que tú eres mala para las venganzas, México debería estar en lugar de Uruguay si hubiera pasado primer lugar de su grupo. Claro que a mí nunca se me hubiera ocurrido pensar que México podría lograr algo en el mundial, digamos que yo ya no me creo esos cuentos, pero sí admiro el lugar al que llegó Uruguay. Sin embargo mi hijo no tiene la más mínima consideración de si se trata de un país americano o europeo. No cabe duda de que cada quien puede tomar cierto partido por las razones menos sospechadas.

    Comentado por: Cada cual con su quimera el 07/7/2010 a las 01:26

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Biografía

Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de nueve novelas, entre ellas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio Quemado (2006) y Los vivos y los muertos (2009); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Norte (Mondadori, 2011). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo de cuento (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Colabora en diversos medios, entre ellos los periódicos El País y La Tercera, y las revistas Etiqueta Negra, Qué Pasa (Chile) y Vanity Fair (España).

Bibliografía

Portada 'Los vivos y los muertos'

Norte (2011). Mondadori

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