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El blog literario latinoamericano

jueves, 9 de febrero de 2012

 Río Fugitivo / Blog de Edmundo Paz Soldán

El gesto anacrónico de Banville

Es curioso oír al escritor irlandés John Banville hablar de Benjamin Black como si fuera otro escritor con quien no sólo tiene muy poco en común, sino que incluso podría ser su opuesto. Según Banville, Black se dedica a la acción, en sus novelas policiales sus personajes son lo que hacen; el escritor irlandés candidato al Nobel, ganador del Booker por la novela El mar (Anagrama) es, en cambio, alguien cuyos personajes, más que actuar, piensan y se pierden en una especulación que las más de las veces no da ninguna respuesta.

En sus declaraciones, Banville ha llevado a esta división a extremos y no sólo habla de dos escrituras sino de dos personalidades diferentes: él dice que escribe a mano en su estudio en Dublin, mientras que según él Black lo hace en una laptop; las novelas de Banville tardan de tres a cuatro años en escribirse, las de Black apenas tres meses. Hay que cuestionar esta división y preguntarse si todavía sirve de algo el seudónimo. En tiempos en que todos los productos culturales pueden mezclarse en un solo saco, en que está muy claro que el género policial no tiene que pedirle permiso a nadie para ser considerado alta literatura, Banville es uno de los pocos interesado en mantener esta separación; de hecho, en algunas entrevistas Banville ha establecido jerarquías y ha dicho que la obra que publica como Black es "menor".

La estrategia de Banville es clara: crear una división de labores en la que por un lado está uno de los mejores prosistas vivos de la literatura escrita en inglés y un digno heredero de una tradición que incluye a Joyce y Yeats, y por otro un modesto escritor de policiales que sólo quiere escribir buenas novelas de género (y llegar por ese camino al gran público). Sin embargo, las cosas no son tan esquemáticas como parecen, pues una novela de Black (Christine Falls) es mejor que las primeras de Banville.

Hay autores que han usado seudónimos para esconder sus trabajos menores (Barnes, Auster); otros, para no abarrotar el mercado con una profusión de títulos cada tres meses (Joyce Carol Oates). En Banville no funciona ni uno ni otro argumento. Ya que las novelas publicadas con el seudónimo "Benjamin Black" son de calidad, ¿por qué no publicarlas como John Banville y punto? No es suficiente decir que lo suyo es "una buena manera de ser otro sin dejar de ser el mismo".

El gesto de Banville es anacrónico, de la epoca en que existía una división tajante entre la literatura "seria" y los géneros menores. Pero el tiempo sabe vengarse: puede que algún día lo que quede de este autor sean algunas de las novelas que publicó con el seudónimo de Black.

(La Tercera, 26 de julio 2009)

[Publicado el 26/7/2009 a las 10:26]

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Comentarios (2)

  • Este artículo no es anacrónico: es rancio.

    Comentado por: juan gómez (seudónimo) el 28/10/2010 a las 21:16

  • El tiempo efectivamente se venga de este tipo de actitudes. Un buen ejemplo es Graham Greene y las novelas que el llamó sus "entertainments", incluidas El tercer hombre y Nuestro hombre en La Habana. Muchos lectores y críticos hoy lo recuerdan más por esos títulos que por otros de su obra.

    La actitud de Banville es una suerte de esnobismo que no se condice con otros gestos que ha tenido frente a la literatura de género (p. ej: calificar a Simenon y Richard Stark como dos de los mejores escritores del siglo 20). Banville podría aprender del ejemplo de otros autores del "mainstream" como Denis Johnson con su reciente novela policial Nobody Move, serializada el año pasado en Playboy, o Sebastian Faulks y su novela de James Bond, la que me pareció inferior al resto de su obra pero al menos no lo llevó a escudarse tras un seudónimo.

    La necesidad de alter egos literarios no me la explico sino como un intento de cerrarle el ojo a los críticos, como diciéndoles que sus novelas de género no fueron escritas en serio y ojalá les pongan la vara más abajo. Lo curioso es que, tal como mencionas en el caso de Oates o bien en el de David Markson o Gore Vidal, ya existen antecedentes de autores que han publicado policiales sin que sufriera su reputación.

    Gonzalo B.
    sweethomealameda.blogspot.com

    Comentado por: Gonzalo B el 26/7/2009 a las 21:47

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Biografía

Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de nueve novelas, entre ellas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio Quemado (2006) y Los vivos y los muertos (2009); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Norte (Mondadori, 2011). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo de cuento (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Colabora en diversos medios, entre ellos los periódicos El País y La Tercera, y las revistas Etiqueta Negra, Qué Pasa (Chile) y Vanity Fair (España).

Bibliografía

Portada 'Los vivos y los muertos'

Norte (2011). Mondadori

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