El show de Obama
Nadie duda de la capacidad de los estadounidenses para convertir la política en un espectáculo mediático, pero este año lo están llevando a un extremo fascinante. Ayuda la candidatura histórica de Obama, y las enconadas rivalidades entre algunos políticos; en Madrid me pasé más de una madrugada, despierto con amigos, enganchado a CNN y esperando los resultados de algunas primarias, para ver en qué terminaba el duelo entre Obama y Hillary.
El jueves por la noche me quedé dormido y no pude presenciar en vivo el discurso de Obama aceptando su candidatura presidencial. A las dos de la mañana, CNN repitió el discurso. Quedé impresionado: no hay político, hoy, con el carisma de Obama, con su capacidad oratoria y el talento para hablarles a los votantes como si estos fueran personas maduras. Cuando dijo basta a los años infames de Bush, cuando se presentó como un estadounidense con una familia muy normal en su disfuncionalidad, echó por tierra los argumentos de que Obama no tiene la fuerza necesaria para enfrentarse a McCain, o de que es un hombre célebre alejado de la normalidad que proclaman los republicanos como la condición necesaria para ser presidente.
Obama pronunció su discurso en un estadio de fútbol americano en Denver, para dar cabida a las 80.000 personas que lo querían escuchar. Hubo muchas banderas, fuegos artificiales, serpentinas y luces. Cualquiera que vio eso al pasar pudo confundirse y creer que se trataba de un concierto de rock; no, toda esa gente, toda esa parafernalia mediática, estaba ahí, por una vez, gracias al poder de convocatoria de un político. Era un día extraordinario, histórico: por primera vez, cuarenta y cinco años después de un célebre discurso de Martin Luther King, un negro era candidato a la presidencia de los Estados Unidos.
Un día después, McCain seleccionó a una mujer, Sarah Palin, gobernadora del estado de Alaska, como su candidata a la vicepresidencia. Ahora sí, la batalla comienza en serio. Serán nueve semanas apasionantes.
[Publicado el 01/9/2008 a las 09:00]
Edmundo,
Nada que agradecer. Es un placer participar de discusiones inteligentes --las únicas en las que entro, por odioso. Durante tres años tuve un blog dormido porque andaba a mil. Ahora, más relajado, aprendí a dar con mi "voz" en la web. Ahora tengo 4 blogs y ando otra vez a mil.
Sobre el punto: estoy con algo entre manos respecto de "la idea Obama", pero también estoy con una especie de desgano pre-vacacional rumbo a Arizona (belleza).
Dos cosas:
-Si escribo algo, será para el martes próximo. Usa el concepto sin rollo --si no publico el martes en TP, lo subiré a La Lettera.
-Necesito hablarte de la segunda cosa en privado. No sé si tengo tu mail correcto. El mío --no hay rollo de compartirlo pq está en el blog-- es diego@elgemelomalvado.com -Si puedes escribirme, te cuento en detalle.
Saludos.
Comentado por: Diego Fonseca el 04/9/2008 a las 06:50
Diego, te agradezco por tu participación constante en el blog, por los comentarios, la buena onda. Y pienso en tu último comentario, magnífico, y creo que ahí tienes ya un post sobre la política estadounidense y la búsqueda del impacto emocional a través de los medios. Si no lo escribes tú, me robaré la idea...
Comentado por: edmundo el 03/9/2008 a las 07:06
Edmundo, no seré breve...
Confieso que me costó comprender el por qué de tanto fervor por Obama hasta bien entrado el discurso. Clinton (Bill) me parece un orador más brillante, con más dominio de escena y una astucia de latino. Hillary me resultaba, cuando hablaba ella y no un asesor, más sólida.
Obama no me seducía como orador y siempre me dio cierta sensación de indeciso y temeroso. Esquivo, no en el sentido de saber escapar, listo, de la inquisición periodística, sino de salir por la puerta de los proveedores --y vestido de panadero-- para que nadie sepa que anduvo allí.
En el discurso, Recién comenzó a parecerme sólido una vez que comenzó a coser los agujeros por los que podían entrar los conservadores. O sea, me tomó diez minutos engancharme con él --o, de otro modo, le tomó ese tiempo venderme el paquete.
Es evidente que la carga subjetiva de la política en general y de la americana en particular (lo del show no es vano), contribuye a todo. Y es aceptable que el tipo tiene lo suyo para la tribuna: aun con un pésido director de cámaras (en MSNBC), las lloronas conmovidas por Obama eran multitud. Seré abogado del diablo: no sé si tanto porque creen en su mensaje, porque lo ven como la esperanza posible por levantar los principios de la última Roma o por culpa. No lo sé. Pero hace llorar a medio mundo.
Gobernar, claro, no es llorar, me digo yo. Y también se lo dice esta semana Michael Kinsley, en Time. En el entretiempo hacia eso, la campaña parece destinada al impacto emocional perpetuo. Kinsley se encargó de hacer el trabajo que mi vagancia impode, recolectando los "momentums" de la campaña. Casi como si fuera una novela latinoamericana, el fervor de la gente se ha levantado cuando McCain relata su capacidad para entender al americano medio porque él sufrió cinco años las torturas de Hanoi Hilton, Biden fue más reconocido en el discurso por perder a su esposa e hija, Obama por crecer con una madre abandónica y un padre tribalmente ausente, y, más atrás, Edwards y el cáncer de su esposa, Giuliani y el 11/9...
Sí, gobernar es otra cosa, pero no quiero adelantarme en el capítulo de la telenovela. Sigamos con las preliminares.
Comentado por: Diego Fonseca el 01/9/2008 a las 18:59
Hasta que punto son los ingresos que los medios reciben por la cobertura de Obama una fuerza decisiva para que estos le den su apoyo, lo lleven a la presidencia y de ahi continuen ordeniando la infinita fuente de noticias que parece ser?
Comentado por: Julio Carrasco el 01/9/2008 a las 11:53
Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de nueve novelas, entre ellas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio Quemado (2006) y Los vivos y los muertos (2009); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Norte (Mondadori, 2011). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo de cuento (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Colabora en diversos medios, entre ellos los periódicos El País y La Tercera, y las revistas Etiqueta Negra, Qué Pasa (Chile) y Vanity Fair (España).

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