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El blog literario latinoamericano

jueves, 24 de mayo de 2012

 Río Fugitivo / Blog de Edmundo Paz Soldán

Richard Ford a destiempo (I)

Cuando llegué a los Estados Unidos a fines de los ochenta, el concepto de moda en literatura era el de "realismo sucio". La revista Granta había dedicado todo un número a explorar el tema, los suplementos culturales de los periódicos abundaban en indagaciones sociológicas en un intento de explicar por qué en la década optimista de Reagan aparecían escritores como Raymond Carver, Richard Ford, Tobias Wolff, Amy Hempel, Ann Beattie, Bobbie Ann Mason (como si la literatura tuviera que ir de la mano de la política o los cambios sociales).

Quise enterarme de qué iba esta literatura, y me puse a leerlos a casi todos. Así, entendí por qué al periodismo cultural le era fácil etiquetar a estos escritores tan diversos con un solo nombre. Los protagonistas de los cuentos -porque lo mejor del "realismo sucio" estaba en el cuento- eran de clase media baja, divorciados o separados que tenían un empleo flojo o estaban desempleados, casados no felices que vivían en los suburbios o en las ciudades deprimentes de "middle America" (esa gran extensión de territorio entre California y Nueva York), y ahogaban sus miserias y frustraciones en el alcohol o las drogas o aventuras sentimentales que conducían a más alcohol y drogas. Era los Estados Unidos que iba a contrapelo de la famosa propaganda de Reagan, "Amanecer en América", que hablaba de recuperar el optimismo, la fuerza y el orgullo de ser norteamericanos después de la década turbia de Vietnam y Watergate. Para los personajes del "realismo sucio", la mañana no había llegado. De hecho, la mañana solía encontrarlos durmiendo la borrachera de la noche anterior.

De todos estos escritores, el que menos me conmovió fue Richard Ford. Había poesía en el laconismo de la prosa de Carver, vitalidad en el universo literario de Wolff, humor corrosivo en los cuentos minimalistas de Hempel; Ford me parecía, en sus cuentos, una radicalización del proyecto narrativo de Hemingway. Personajes muy viriles, muy estoicos, en contacto con la naturaleza hostil. Traté de leer Rock Springs (1987), su celebrado libro de cuentos, y fracasé; no lo terminé, y no recuerdo de qué iban los cuentos que llegué a concluir. Un amigo escritor me sugirió que intentara leer El periodista deportivo (1986), la primera novela en la saga de Frank Bascombe --a la que luego continuarían El día de la Independencia (1995), ganadora del Pulitzer, y Acción de Gracias (2006)--, pero cuando ví de qué iba, no me llamó la atención. Pensé que no era "realismo sucio" sino "realismo doméstico", en el peor sentido de la palabra. Personajes con un universo emocional muy reducido, norteamericanos de clase media que vivían a espaldas de la historia (por eso tampoco me interesaba buena parte de la obra de Updike, sobre todo la saga de Rabbit, uno de los modelos de Bascombe; por eso siempre me interesó la obra de Philip Roth).

A veces, sin embargo, no se trata de que una obra sea buena o mala; simplemente, ocurre que uno llega a un autor a destiempo. Eso me pasó con Ford; a los veintitantos años, no tenía la experiencia de vida suficiente para entender de qué hablaba. Cuando se trataba de literatura, yo buscaba tramas que me cautivaran, relatos épicos que tuvieran que ver con, digamos, una rebelión en Canudos, y no con la visita de un padre atribulado a la casa de su novia para pasar las pascuas. Con respecto al lenguaje, quise leer a Ford en inglés, y en ese entonces mi dominio de la lengua no era el suficiente como para captar los matices, la complejidad de la prosa de este escritor nacido en Mississippi (1944). Pasaron los años, y yo fui cambiando, hasta que un día descubrí que podía entender a Richard Ford. El periodista deportivo, leída no hace mucho, supuso toda una revelación; qué lejos quedaban términos como "realismo sucio" o "doméstico". La comparación con Hemingway tampoco le hacía justicia, porque Frank Bascombe es cualquier cosa menos austero o lacónico o viril.

[Publicado el 20/5/2008 a las 09:30]

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Comentarios (3)

  • Ah. ¡Eres el autor de "El delirio de Turing". Bienvenida lesión que dejó atrás al deportista.

    Comentado por: Jorge el 08/1/2009 a las 16:29

  • Ford es sin duda un gran novelista. Logra sobrevivir a sus traductores. Si se lee en inglés la valoración será otra. Coincido con este artículo. Y es verdad no veo hebras de Hemingway en la obra de Ford.

    Comentado por: Jorge el 08/1/2009 a las 16:27

  • También yo estoy acercándome recientemente a la obra de Ford, especialmente a sus cuentos. Los detalles ínfimos que nos llevan, sin sentirlo, a comprender los vaivenes de la vida. Es cierto que uno llega a destiempo a un autor, o viceversa. Por ejemplo, ahora se me hace muy difícil leer algo de realismo mágico,lo veo tan anticuado y facilista. Buen artículo, saludos.

    Comentado por: Juan Secaira el 06/6/2008 a las 04:02

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Biografía

Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967) es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de nueve novelas, entre ellas Río Fugitivo (1998), La materia del deseo (2001), Palacio Quemado (2006) y Los vivos y los muertos (2009); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Norte (Mondadori, 2011). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo de cuento (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Colabora en diversos medios, entre ellos los periódicos El País y La Tercera, y las revistas Etiqueta Negra, Qué Pasa (Chile) y Vanity Fair (España).

Bibliografía

Portada 'Los vivos y los muertos'

Norte (2011). Mondadori

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