La ropa interior
Entre la prenda interior recién lavada y ordenada en el cajón y la que ya se ha usado se interpone un abismo tan profundo como injusto, inicuo e inquietante. En ningún otro supuesto de la vida corriente el sujeto aparece como el rutinario ejecutor de su miseria.
La vista se complace en la ropa interior perfumada y plegada dentro del armario o todavía sin estrenar en los expositores del comercio. Pero tanto en uno como en otro caso su inmediato destino es ser repelida y ocultada como una tara tras su uso. Y esa tara no la imprime nadie sino aquél que es su dueño y usuario.
¿Qué consecuencia puede extraerse de ello? O bien que el amo contagia su intrínseca ignominia a la prenda, inocente en sí, o bien que la prenda, precisamente por su especial carácter, tiende fatalmente a la infamia. Ninguna pieza de los mil catálogos, por estrafalaria que sea, incluso por lo pobre o birriosa que se ofrezca, alcanza a provocar tanto malestar eventualmente. Pero incluso la pieza hermosa invierte fácilmente su aprecio o lo trastorna viciosamente tras el contacto. Por ambos cauces, la prenda interior es, de un lado lo más sensible y, de otro, lo más humano.
Pero hay, efectivamente, una gran diferencia entre un modelo y otro si se atiende al binomio hombre/mujer entre los cuales una fosa genérica los signa radicalmente. Mientras la ropa interior femenina ha alcanzado proverbial atención a lo largo de los tiempos, el cuerpo masculino se despachó casi siempre de manera sumarial y áspera.
A este respecto, es significativa el empleo de "lencería" (lingerie) para referirse tanto a la ropa blanca como a la ropa interior de la mujer. Como en otros eufemismos dedicados a nominar delicadamente la intimidad femenina, la lencería vale lo mismo para la ropa de la cama como para la ropa de cama o en donde el cuerpo puro se envuelve.
De este modo, los apartados de lencería parecen formar parte de lo más fino y mágico, tal como reproducen en su montaje las secciones o comercios destinados a ello. Los sueños, las fantasías, la creatividad se afanan en el diseño de la ropa interior femenina mientras en su correlato masculino la simplicidad es tan grande y, a menudo, tan fea que no pocos esposos dejan todavía la elección de sus calzoncillos a la práctica decisión de la esposa. ¿Debe pensarse por tanto que la intimidad de la carne es aún un asunto de mujeres?
Una barrera muy gruesa y reciente se ha alzado ante esta vetusta costumbre que delega la compra en la mujer y no es otra que la brutal referencia a los atributos masculinos impresa en los paquetes. La carga con que, agresivamente, se realza el asentamiento de la prenda, puede hacerse tan procaz que desazona el acercamiento de la compradora. ¿Paquetes pues soberbios para atraer la lujuria de los hombres? No es seguro. En los espacios de lencería femenina se crea una atmósfera de erotismo tan intensa y envolvente que hace perder la objetividad de casi cualquier hombre y favorezca menos el pudor objetivo que la turbación y el rubor. En estas encrucijadas, rodeados de bragas y sujetadores, negligés, saltos de cama, susanitas, camisones y batas transparentes el ambiente se convierte en gas o líquido frente a la dura y seca opacidad del bagaje para caballeros. En el pasado, a los sujetadores se les llamaba sostenes y bragas a las bragas pero hace ya tiempo que sin alterar los conceptos fundamentales se ha modificado la calidad del texto y las bragas son "braguitas" y el sostén claro evocador del pilar en arquitectura ha pasado a ser llamado "sujetador" que connota con una más leve contribución a la tarea.
No son por tanto lo mismo el carácter simbólico de esas piezas y después, dentro ya del hogar y entre los enseres domésticos, hay que diferenciar entre los sujetadores para jóvenes y para adultas. En el primer caso, la pieza se confunde con un pedazo de tela sin apenas configuración y, de hecho, su mayor efecto sexual es hacerse reconocer como algo que se apegará al pecho. En el segundo caso, la impresión cambia radicalmente porque el sujetador al contrario de parecer una tela levemente prefigurada, queda rígida y como un inequívoco ardid de encaje exacto, entre el expresionismo y la ortopedia.
Habiendo llegado a este punto de ropa interior femenina, la pareja que haya compuesto habrá ingresado, quizás, en una cotidianidad de años presidida por una familiaridad que descuida o pasa por alto la visión del artefacto.
Respecto a los hombres, son otras las circunstancias que contribuyen a demediar su imagen como efecto del indumento interior. Son otras y muchas las circunstancias que dan como resultado un sinfín de humillantes despropósitos, porque así como la industria apenas ha evitado la ridiculización del varón mediante el clásico diseño del pijama, en cuanto los calzoncillos y la camiseta no ha obrado de mejor manera. Sin acaso otra excepción que los modelos publicitarios impresos en el cartonaje, la generalidad de los hombres sufre menoscabo si se le ve en calzoncillos. Parece mentira que la historia no haya corregido un problema de tal envergadura pero los hechos son estos: los estampados, los elásticos, los colores lisos y disparatados, las proporciones, los tejidos de lycra se conjuntan para arruinar la imagen del señor.
Una chica en ropa interior es una chica bien vestida, un hombre en ropa interior es, por lo común, un mamarracho. La convivencia podría restar importancia a ese estrago pero ni siquiera es seguro que sea así. El hombre queda desprestigiado en calzoncillos mientras la mujer, gracias a la larga veneración otorgada a su cuerpo, puede pasear sin seguro detrimento en paños menores.
¿Paños menores? Me parece que sólo "paños menores" tiene que ver con los hombres y precisamente porque ni siquiera el paño ha sido un tejido descartado para apretarse contra la piel varonil, piel áspera que ni siquiera la igualación cosmética a resuelto del todo ni más allá de la homosexualidad y su impagable amor al hombre.
[Publicado el 21/1/2010 a las 09:00]
¿ropa interior usada repelida y ocultada?
muchos japoneses no piensan lo mismo
http://www.frikijapon.com/bragas-usadas-maquina/
Comentado por: máquina expendedora el 22/1/2010 a las 04:13
bien,habría un par de cosas por ahí que no andarían muy ajustadas.
"el Mesias llegará un día después del Juicio Final".Kafka.
no a su tiempo,en el tiempo esperado,
el de la salvación;llegará siempre demasiado tarde,cuando llegue no servirá
para nada,no tendrá sentido; toda la historía estará privada de sentido.
imposibilidad de salvación.
parece que este pensamiento,esta intuición
de kafka es algo compartido en nuestro
tiempo.sabemos que no hay salvación posible:"aquí no se salva ni Dios".
el Hombre y sus calzoncillos,su falocracia;su ridiculez,el ridículo del
poder,pone de manifiesto que toda una
historia del Hombre y el Poder,a llegado
a su fin.
"Fin de partida" decía Beckett o
"Final del juego" si nos viene mejor.
"El Hombre y sus atributos"¿cuales?
el poder y sus atributos....
¿cuántas pruebas más necesitamos para ver
que este tren no lleva a ninguna parte?
tal vez aquello que nos salva es el no saber,el no querer saber nada de nada
sobre nuestro destino,hacía donde somos
lanzados.la indiferencia es lo que,paradógicamente,nos salva;de la desesperación, de la locura.
pero esos aceleramientos,esas prisas,
esas angustias,¿a qué son debidas?
¿a donde queremos ir con esas velocidades?
mal síntoma,como de querer escapar a algo.
¿de qué? ¿del sentido,de la historia,
de nosotros mismos? eso bien parece.
las amenidades....nos...tal vez...quizás.
Comentado por: aliceenelbosqueferoz el 22/1/2010 a las 00:40
Comentado por: (observación de otra) el 21/1/2010 a las 23:07
Claro que la carne es asunto de mujeres. Claro que la mujer atrae y/o enamora en primer lugar , sobre todo y en la mayoría de las ocasiones por su físico. claro que el mayor elogio que se puede dirigir a casi todas las mujeres es el referido a su belleza. El que cala más hondo, en lo que la constituye, en ese cuerpo, hogar potencial de otro humano durante no poco tiempo, ese cuerpo, en el que buscan entrar los hombres para encontrarse en casa, en la mejor compañia, caricia y protección.
Hay algo más importante que ese cuerpo para los humanos?
Cómo no rendirle tributo con adornos y ropas delicadas, maquillajes y joyas cuando además se conjugan tan bien con su tipo y clase de belleza?
Comentado por: Asun el 21/1/2010 a las 19:31
Esta mañana mientras paseaba he tratado de imaginar a todos los hombres con los que me cruzaba en calzoncillos. La mayoría no superaban la prueba, y en general, tras unos primeros instantes de recrearme en la clandestinidad de mi gesto, era aburrido. Si imaginaba que los pantalones se les caían de pronto el efecto ganaba en comicidad, pero aún con todo, después de unos cien transeuntes desnudados, me sentía un tanto harta y contenta de no haber encontrado a ningún conocido. La conclusión fue que el centro de la ciudad a esas horas estaba lleno de hombres sin interés erótico. Ya había dejado esas fantasías de lado cuando ví a alguien a quien anteriormente, hace ya tiempo, había imaginado en calzoncillos con cierta frecuencia.
Comentado por: escarola el 21/1/2010 a las 16:56
símbolos.
todo un mundo; pleno,abarrotado de símbolos
mundo de ideas,de posibles significados/significantes corriendo sin parar de un sitio a otro.
el hombre y su paquete.
¿tiene el hombre mucho más aparte del posible falo?
¿qué es ello ? ¿el poder? ¿qué poder?
¿no se está poniendo en nuestra época
cada vez más de manifiesto la ridiculez
del falo,y por ende del poder representado por el hombre?
¿es el hombre algo aparte del falo/poder?
solo las formas dotadas de secreto
tienen verdadero interes,son verdaderamente interesantes.
las formas/formulas de la mujer lo son.
las del hombre,las del poder falócrata,
se están agotando,cada día se hacen más y más ridículas,impotentes;faltas en fin
de un poder real.
¿en qué medida existe,sigue existiendo
el hombre y su poder,el poder?
parece que anda haciendo aguas por todos
sitios:titanic,bebé.
en cierta manera nos encontramos en una situación,de hecho,más allá del poder;
otro tipo de poder/poderes son los que nos
ponen;sin darnos cuenta seguiríamos hablando de la realidad del poder cuando
este anda ya en el otro mundo,fenecido;
el movimiento real de las cosas va por un lado,creando otros mundos,y nuestra psique
sigue dale que dale con lo ya muerto,inexistente,caduco;seguiríamos arrastrando con nosotros un cadaver-el de la historia pasada-que aún oliendo como sin duda lo hace,parecería que no podríamos apartar de nosotros,arrojar al olvido;cual los pueblos primitivos,lo necesitamos con nosotros,en nuestras propias moradas,cual cadáveres vivientes;
y así nos impregnan de su ser, nos convierten en zombies,en vivientes habitados de cadáveres.
todo ello,ese peso tremendo,mortal,es lo que nos impide superar el impase en que nos encontramos.
El peso de lo muerto de la historia,
la historia muerta,
nos impediría crear otra historia,
otro relato nuevo,fresco,vital,vivo.
el peso de lo muerto impide el andar.
Parecería como si el poder de lo muerto
fuese aún más fuerte que los poderes
de lo vivo,de la posible vida futura.
¿de ahí la espiral de las crisis,
del eterno retorno de lo mismo,continuamente?
Parecería como si el invierno no fuese
a terminar nunca,-¿eterno?.
Comentado por: alicepropro... el 21/1/2010 a las 11:40
Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).
Galería de cuadros del autor
El capitalismo funeral (2009), Anagrama.
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama
La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros
La hoguera (2012). Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
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Tal vez lo que esta Gran Crisis...
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Según el nivel de desarrollo de...
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