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El blog literario latinoamericano

jueves, 24 de mayo de 2012

 Blog de Vicente Verdú

Los tarros y cremas

El signo más rotundo del progreso social y material se manifiesta en la mayor o menor batería de tarros y productos cosméticos que se alinean y exponen en el cuarto de baño.

 No se exhiben como una directa exposición de estatus o poder sino que son, poco a poco, consuetudinariamente, un registro de la respuesta a las solicitudes estéticas de la contemporaneidad junto a un síntoma de las muchas preocupaciones importantes que ha despertado la apariencia.

 La gran ventaja de esos recipientes que compiten en diseño y esplendor, a la manera de joyas, es que no se refieren en absoluto a la medicina en sentido estricto sino que toman a la salud, en todos los casos, como un apoyo para su finalidad estética.

La acumulación de colonias, lociones, antiarrugas, crece pelos, hidratantes, limpiadoras, antiojeras, modeladores, revitalizantes, etcétera, poseen en común su propósito de mejorar la visión del cuerpo no necesariamente sus funciones. Enfrente, debajo o a los lados del espejo se extiende el desfile de productos químicos, aromatizados, refinados, coloreados, que el sujeto destinará a potenciare su mejor aspecto físico, primero ante la  probatoria imagen del espejo casero y, después, frente a la mirada de los demás, transmutada en un capital espejo cosmético puesto que lo decisivo de este conjunto de pomadas, tubos y ampollas viene a ser el logro de una imagen  que reciba el refrendo positivo de los otros.

En  ese lugar del cuarto de baño, santa santorum de nuestro rostro, se hacinan no ya una relación de fármacos que atienden su salud -que también- sino una fila de compuestos que procuran presentarnos de la mejor manera, radiante, optimista y saludable.

Que haya desaparecido el pudor ante la superabundancia de potingues y afeites, todos ellos supuestamente íntimos, se debe a haberse convertido este interior en un tópico repetido en unos hogares y otros, siempre más caros y complejos entre los ricos, más comunes y escasos en la casa del obrero, pero asombrosamente crecientes en cualquier hogar occidental, el medio rural y la periferia urbana incluidos.

 Aquel cuidado personal que, al comienzo del urbanismo, consistía principalmente en mirar a derecha e izquierda antes de cruzar la calle, ha evolucionado hasta mirarse detenidamente uno mismo, a derecha e izquierda, antes de salir de casa.

La casa, donde el reposo, al sosiego y la higiene,  formaban parte de su oferta interior ha añadido a sus funciones el tratamiento estético del cuerpo, sea del cutis, el cuero cabelludo, los michelines, las bolsas o las pistoleras. Todo ello no en cualquier sitio indiferenciado  de la casa sino precisamente en el cuarto de baño que pronto fue, con la urbanización, el remedo de la clínica, punto donde se hallaban las tiritas y las tijeras, el alcohol, los hipnóticos,  los analgésicos y, progresivamente, las drogas más fuertes. Lugar idóneo pues para el suicidio  y cámara básica para introducir sobre el cuerpo variables dosis, más o menos simbólicas, de vida o muerte.

 Dentro del cuarto de baño estamos solos y su alicatado de morgue, el bruñido de sus grifos y la aséptica impenetrabilidad de su loza, hacen sentirlo como una antesala del radiante mausoleo, entre extremadamente frío y aseadamente dulce.

De hecho son así, como presagios de una última metáfora, todos los envases, a menudo formalmente sofisticados o diabolizados, con secretas sustancias para combatir la edad o la fealdad. Así en el mismo recinto donde la muerte se representa en su mobiliario duro u óseo, las cremas son la evocación de los ungüentos para el embalsamiento. Nos lavamos, nos enjugamos, nos empastamos el rostro, la cabeza y las manos. Nos hidratamos para aplazar la sequedad o la decadencia, la aspereza o el agostamiento. O exactamente nos impregnamos el rostro con cremas de pepino, de aloe vera o de zanahoria, pero incluso de oro o de caviar que como antioxidantes reproducen la práctica faraónica que inyectaba elixir eterno en la carne y aplicaba máscaras de metales y piedras preciosas en el rostro o contra el rastrero quehacer que trae la muerte.   

[Publicado el 19/1/2010 a las 09:00]

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Comentarios (2)

  • Oh, el espejo da mucho miedo, está demasiado iluminado. Se ve todo, y no hay afeite que lo disimule. Aunque una se arme de valor y diga: ¡estoy estupenda!

    Por cierto, señor Verdú: 'santa santorum' es un latín peor que macarrónico. Debe cambiarlo por 'sancta sanctorum'.

    Comentado por: Ev el 19/1/2010 a las 20:49

  • que quiero?

    Comentado por: Ni hebra el 19/1/2010 a las 18:18

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Foto autor

Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

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