El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 24 de mayo de 2012

 Blog de Vicente Verdú

La tos

En el interior de las casas,  aunque antes mucho más que ahora, ha sido  un sonido famoso la tos. Tos doméstica del padre fumador, tos en coro del grupo que realizaba esa tarde la visita familiar o cortés,  tos de los niños que contraían con enorme facilidad catarros, gripes, bronquitis, anginas y pulmonías, tos a menudo proveniente de la criada que llegaba a servir del pueblo tras  una infancia cargada de privaciones y gélidas corrientes de aire.

 Había, además, dentro del género una tos diurna que correspondía a diferentes personas punteando el estadio de la casa con sus respectivas series en forma de metralla o campana como una tos nocturna que procedía general y gloriosamente del padre. Se trataba en el caso de esta crónica y oscura de una señal que daba cuenta de la presencia física del progenitor. No asociable necesariamente entonces, entre la noche, con enfermedad alguna, sino con la sustancia de su misma personalidad que venía inseparablemente unida al tabaco. También de la nocturnidad emergían las voces de los hijos o la esposa, enfermos, pero no poseían estos tableteos molestos la categoría sagrada de la tos paternal. Ella era una tos suprema y puesto que nunca desaparecía de su ser no se consideraba una patología sino simplemente un factor de predominio. A su vez, en  el fondo de las mañanas o las noches se escuchaba traspasando el tabique la tos de los vecinos que, irremediablemente, repetían los usos y costumbres de la época. Se trataba, en suma, de gentes necesariamente cercanas y con las que compartíamos, con o sin desearlo, una existencia paralela, tan parecida a la nuestra que entre sus golpes de tos era fácil reconocer un surtido más o menos calcado del nuestro. Toses que tropezaban en imaginarios obstáculos de periodos cortos pero secos y otras toses desarrolladas en largas series que al enlazarse prolongadamente llevaban a pensar  que jamás aquella persona se libraría de una enfermedad incurable.

Aunque enfermedades incurables, representadas o no en la tos,  había por todas partes y la tos, a fin de cuentas, no era de lo peor a lo valdría referirse. En definitiva, la tos no era un ser exclusivo de los hospitales o las enfermerías, de los moribundos o los desahuciados sino que toses de peso se hallaban también  en los casinos, en los toros, en las gradas del fútbol, en las bodas o en los cafés, en las misas y en los bautizos, donde no tenían necesariamente una connotación negativa sino más bien animosa y propia del optimismo que se deduce de las celebraciones y el gentío.

De hecho, hace medio siglo se vivía pegado a la voz no como a una lacra sino como a una parte del ser que nos habitaba. El ser tosía y manifestaba en esa suerte de excrecencia sonora su existencia. Se vivía, puede decirse en permanente convivencia con la tos y, más concretamente, en pleno patriarcado, el  hecho de que un hombre no tuviera tos lo desdecía en cuanto hombre. Sin tos parecía el varón mucho menos masculino y si es verdad que en la mujer la tos podía afearla a los ojos de la sociedad o causaba un sentimiento apenado, el hombre sin tos debía acompañar esta carencia de alguna explicación que lo excusara. La amplia costumbre de usar las escupideras durante el día y los orinales en la noche para expeler los esputos tras una acometida en ristra se correspondían con la aceptación y servicio a unas necesidades eminentemente masculinas, fueran en salones públicos o en las habitaciones privadas.,

Un hombre que tosiera, a diferencia de una mujer, con el mismo sonsonete no significaba que fuera a morir pero su esposa, padeciendo iguales estruendos, parecía sentenciada por una tuberculosis y su muerte podría no hallarse tan lejana. Incluso ella, tosiendo menos, era más probable que   más pronto que tarde muriera. En consecuencia y por raro que parezca, mientras entre los hombres las toses se modulaban, adquirían prefabricados tonos, se personalizaban y hasta se administraban deliberadamente en la relación o en la negociación, en los ejercicios de autoridad o de oratoria, la mujer vivía privada de todo ello. Una mujer tosiendo era una mujer fuera de lugar, tísica o al borde de una dolencia que tanto la medicina como los mismas normas de urbanismo le aconsejarían recluirse en casa.

 Con todo, la tos, masculina y femenina, la de niños y niñas, criadas y visitantes, formaban parte  del sistema de la acústica doméstica. Incluso las diferentes generaciones que vivieran bajo el mismo techo  marcaban su personalidad y jerarquía con la característica de su tosidura.

Efectivamente la tos no era sino un síntoma que informaba sobre la salud del sistema respiratorio pero entenderlo sólo  de este modo impediría acercarse a su verdadera significación.

La tos del padre, para los niños que despertaban en la madrugada, representaba un entrañable acompañamiento. Indicaba que el padre se encontraba en casa, cerca y en una vigilia a la que se podía recurrir si se padecía una pesadilla, se necesitaba un vaso de agua o que le acompañaran al baño. Por lo común, el padre que había oído la necesidad del niño no actuaba directamente sino sacando a la madre de su sueño y enviándola en socorro del pequeño. La tos del padre procuraba el consuelo de un centinela pero quien solventaba la situación y depositaba la ternura, sin toses, era ella.

Pero en suma, lejos de inquietar de noche o de día, la tos del padre hacía, a menudo, las veces de una señal benéfica,  una seña que hacía saber de su presencia próxima, no siempre garantizada en los usos de aquel tiempo.  Un individuo sin tos podía  también encontrarse entre la masculinidad pero la ausencia de voz lo comprometía: o se trataba de alguien extranjero, extraño o afeminado, lechuguino o asexuado. Los atributos de la virilidad se hallaban sonorizados,  una y otra vez, un día tras otro, en los golpes de tos. Sólo desaparecerían del patriarca al morir e incluso en la agonía, en la misma inminencia de la muerte, el padre, el abuelo, el hermano bueno, tosían. Se despedían de este mundo tosiendo y en la casa se alzaba un insoportable vacío cuando en el lugar de su voz no había más molde que el silencio.

[Publicado el 07/1/2010 a las 13:36]

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Comentarios (6)

  • La tos,

    la tos de mi hija
    que empieza de madrugada,
    que va progresivamente
    aumentando,
    que parece no tener
    final y sigue una cadencia
    casi rítmica,
    me pone nerviosa,

    me inunda la culpabilidad, ¿habrá desarrollado
    alguna alergia?
    -pienso en los ácaros que no habré limpiado bien, como si fuera culpa mía ese poder de regeneración que tienen-
    -pienso en que no he ventilado la habitación o por contra pienso si es porque he dejado abierta la ventana-
    -pienso en lo fácil que lo arregla el pediatra y
    rememoro lo que postula en estos casos:
    para la tos, Flutox,

    pareciera que las mujeres no estamos tranquilas
    ni durmiendo,
    envidio esa sencillez masculina aunque a mi me
    gusta jugar a catalogar la tos, las hay productiva
    y las hay expectorantes,

    seguiría,

    Comentado por: MCarmens el 11/1/2010 a las 20:50

  • Efectivamente la tos no era sino un síntoma que informaba sobre la salud del sistema respiratorio pero entenderlo sólo de este modo impediría acercarse a su verdadera significación.

    ... m!
    qué belo, me fascinó, como la fisiología, la biología, no permite que se la aotsigue intentando disimular el q de la voz o la extorsión de la tos... belísimo

    , al leerlo me ricordó a ... Mompuo... y... alhacerlo mi cerebro expuesto no a l a tos a loshechos derivados de la voz... reicordó a Antonio Muñoz MOlina, cuando escribió, el concierto que escuchamos ... dos... y más... en la Fundación Juan March...
    m?
    ç+lkjkb n
    sí, me fascinó ese artículo que además .... bueno después...

    uno de los artículos de Antonio Muñoz Molina en el diario el País

    Música callada

    y ...
    en la primera fila una mujer tosiendo, el pianista la miró, ella siguió.. tosiendo,,,, ´si así es lono fiiológico... y para mayor interupción buscó en el bolso, tal como lo cuenta Molina en su artículo, el caramelo y empezó a quitarle el papel que crujió tanto como su vozz....

    el pianista miró ( y así fue)

    lo más curioso es que al reproducir la notica en los telediarios pusieran ese momento de la tos y el pianista mirando hacia los asistentes


    no... eso no debió ser, fue suficiente con la tos en directo

    me fascinó...

    así es el acto que utiliza la biología porque no sabe utilizar la vida como espectador

    muy bello!

    da igual si es la tos del padre que no tiene voz y tiene garganta opara que refleje loq ue quiere decir expulsión, o si es la tos de la criada, o del embajador al que le ponen agua
    da igual

    Mompou
    muy bello, me fascinó

    Comentado por: Enea el 08/1/2010 a las 17:41

  • Estos Posts se parecen más y más al suicidio lento de un escritor. ¿Qué queda del autor de “El día aciago”?

    http://www.elboomeran.com/blog-post/11/909/vicente-verdu/el-dia-aciago/

    Comentado por: lector el 08/1/2010 a las 00:33

  • Me gusta esta versión de la tos como signo patriarcal, un hacerse notar, un "aquí estoy yo" del hombre que, en la sociedad actual no ha hallado los sustitutos que erráticamente muchos buscan, aunque no nos lo puedan decir.

    Comentado por: Asun el 07/1/2010 a las 22:38

  • ¿Nos vamos a poner a recordar nostalgicamente la tos de nuestros progenitores? Si es por eso, la de mi padre, tan masculina como la de otros padres -supongo- siempre iba asociada sin embargo a la enfermedad, a esa bronquitis crónica que le obligó a abandonar el tabaco antes de los 40. Más que su tos recuerdo el apaisado frasquito del jarabe que utilizaba y del que me daba a escondidas un poco.

    Comentado por: escarola el 07/1/2010 a las 20:45

  • A mí para la tos me mandaban comerme un saci, aquellos caramelitos diminutos de fortísimo sabor a menta primorosamente empaquetados, que con una peseta te daban diez, pero ni por esas comíame yo un saci, ya ves, ricard, a mí el cajú/cajú sólo se me iba con el vics-va-por-ú, que en Aluche traducíamos como el aguan-ba-buluba-balambambú-churifruri y lo que sigue que era, claro, presidente Ubú

    Comentado por: Jose Antonio el 07/1/2010 a las 17:54

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

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Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

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