El jabón
El jabón actual, contemplado en su envoltorio, es un cuerpo vestido para ser desvestido de inmediato. Parece así más voluptuosamente vestido que otros muchos objetos que envueltos en papel no reclaman tan acuciadamente ser empleados en cueros.
De hecho, todo el jabón de tocador es un tocador por antonomasia y, además, el placer que el jabón proporciona con su olor se obtiene a través de la caricia o el frotamiento. Las manos y el jabón, por tanto, se relacionan en un sobeo sensual que termina con la consunción misma de la pastilla. No es fácil hallar un elemento casero que se comporte con esta integral disposición y entregando su cuerpo hasta la mismidad de su muerte.
Muere en nuestras manos o frotándose contra nuestra piel una y otra vez, sin que en él se halle otro anhelo que la de asociarse a nuestra carne y penetrar en ella.
De ella elimina las adherencias impuras, sus tachas, sus lacras aceitosas y se aviene a deshacerse sobre nuestra superficie completa como un animal que nos lamiera sabiendo, como lo sabe el jabón, que la repetición de su besuqueo y su obediencia a nuestros deseos irá poco a poco a terminar con él. Pero es así como el jabón se comporta fatalmente. Primero de una manera gozosa, envuelto en burbujas festivas, pero después afilándose, reduciendo su bulto y aplastándose hasta producir una de las visiones más sobrecogedoras y patéticas de la vida doméstica. Desde el jabón mórbido del primer día, lozano y pujante a la pastilla raquítica del final, prácticamente desahuciada.
De hecho, uno de los indicios más tristes y fehacientes de que a una familia las cosas le van mal y se siente tan desolada como sin fe alguna en su futuro, se muestra en esa pastilla de jabón sobre el lavabo casi cadáver con apenas grosor y un peso propio de los animales abandonados, enfermos o famélicos.
Aunque no por ello, aún en tales situaciones límites el jabón deja de comportarse apropiadamente con su olor prometedor y su función detergente. Hasta la última esquirla, el jabón sigue cumpliendo con su amor y su trabajo y si prescindimos de él será más un efecto del malestar que suscita su deplorable aspecto que de su incumplimiento del deber.
El jabón, efectivamente, se desnuda tan pronto llega al lavabo y, a continuación, sin perder jamás su desnudez, jornada tras jornada, presta su servicio completo. Es así el jabón, por antonomasia, un ser para el otro. Un ser para la muerte y no para aquella clase de muerte hedionda sino para la muerte más digna, perfumada y altruista.
Nada para sí, todo para deshacerse en los demás.
Una abnegación tan grande podría hacer pensar en una compensación oculta, que además de su gloriosa donación algo debiera recibir a cambio. Pero ésta recompensa acaso no es otra que la memoria que va recibiendo de nosotros mismos, de nuestra vida que va agotándose al compás de su agotamiento.
No guardamos nosotros memoria del jabón si no es a través de su perfume pero el jabón, indudablemente, obtiene en nuestro olor y a través de la íntima repetición de su tacto, los accidentes e incidentes de nuestra figura o, sin más, la huella de la suciedad que marca el cuerpo con sus peripecias. Sobre ese mapa humano discurre y pasea el jabón una y otra vez y tan intensamente que no sólo nos toca sino que se complace en recorrernos y babea. Se recrea en el ejercicio de lavarnos y permanece húmedo y feliz. Tan quieto y resbaladizo que su estado debe tener que ver con la lubricia y su luminosidad, tras el uso, con lo mojado que se deduce del placer radiante.
El aroma del jabón es la voz que nace de su bienestar y su bulto final, bien lubricado, no viene a ser sino la metáfora de un sexo cuajado de secreción. La muestra misma del diálogo con nosotros y el agua en una copulación de dos cuerpos. El nuestro que buscará pronto la sequedad para presentarse en una sociedad y el suyo que queda todavía húmedo y rezogante desprendiendo memoria sexual sobre el lavabo.
[Publicado el 01/12/2009 a las 09:00]
Comentado por: MCarmens el 03/12/2009 a las 00:48
Los rostros son como las calles, si las ilumináis, limpiadlas antes.
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Para limpiar la guerra de la faz de la tierra, hace falta el jabón de la higiene mental. Con la imaginación alcanzo a ver a los genocidas dándose jabón entre sí, el agua volviéndose sangre con que aclararse; luego, en los escaparates de los periódicos y de las teles, haciendo de impecables, la procesión yendo por dentro.
Comentado por: marisol el 02/12/2009 a las 18:09
Existe otra interpretación de la pastilla de jabón: el amigo tipo "pastilla de jabón": aquel al que pisas sin querer y te devuelve todo su odio y su venganza con el mayor de los costalazos...estoy intentando encontrar el artículo de El Semanal en que se hacía esta tipología tan divertida, pero no la encuentro..
Comentado por: curiosa curiosa el 01/12/2009 a las 20:15
Artículo genial, pero una vez más encuentro una paradoja. Esta descripción de algo que hasta ahora nos ha parecido superfluo e insignificante es pura literatura del siglo XIX que nada tiene que ver con los tiempos modernos digitales donde la imagen reemplaza a las descripciones detalladas y tediosas aunque magnificamente escritas. Hoy sr Verdú ha vuelto usted a la literatura tradicional, a la novela. ¿Ha llegado por fin la hora de una novela?
Comentado por: Jose Luis Martinez Hens el 01/12/2009 a las 18:41
Comentado por: dando jabón el 01/12/2009 a las 11:20
Comentado por: lagarto lagarto el 01/12/2009 a las 10:33
Todo lo expuesto por don Vicente, sobre el jabón es preciso y exacto. Pero arrastra un inconveniente, o dos tal vez.
El primero tiene que ver con la diversidad de jabones no citados: no es lo mismo la pastilla –como se decía entonces- de jabón de tocador, oloroso, suave y sedoso y que remite a esas caricias soñadas y perfumadas; que los otros jabones productivos, que tienen que ver con la rudeza de ciertas tareas no tan privadas como la higiene personal. Jabones ásperos, secos, poco apetecibles y escasamente olorosos, destinados a la colada y a la limpieza, y con aspectos de piedras enteras prismáticas, que en su frotamiento arrastrarán cierta suciedad de las prendas ya no tan íntimas. Jabones menos metafóricos, como los llamados Lagarto, o como los elaborados con las grasas sobrantes y con un poco de sosa. Jabones productivos y trabajadores, frente a la simbología y la fruslería de los jabones finos.
La otra cuestión, tiene que ver con el desvanecimiento del jabón y su uso, frente a la emergencia del gel envasado en tarros, botes y envases que no adelgazan, pese a su vaciamiento. También jabones líquidos o en cremas; todos ellos estuchados y envasados de otras formas novedosas, que remiten a un nuevo universo de valores y signos, en los que la jabonera no es ya un objetivo decreciente.
Al igual que el silencio de las esponjas, ya inexistentes salvo en casos excepcionales, la elocuencia de los nuevos ungüentos exhalan otros verbos.
Comentado por: El Pozo y el Numa el 01/12/2009 a las 09:20
Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).
Galería de cuadros del autor
El capitalismo funeral (2009), Anagrama.
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama
La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros
La hoguera (2012). Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
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