El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 24 de mayo de 2012

 Blog de Vicente Verdú

Recomendaciones editoriales

La recomendación de lecturas veraniegas se centra casi exclusivamente en la novela. La novela distrae y hace perder el tiempo en consonancia con la idea positiva de que perder el tiempo es un regalo de la vacación. Dos novelistas, sin embargo, Stefan Zweig y Sándor Márai han sido publicados este años con dos libros "El tiempo de ayer" y "Confesiones de un burgués" que no hacen perder el tiempo a lo tonto y, además de ofrecer buena literatura ofrecen conocimientos sobre el pasado, el presente y, acaso, sobre lo que somos casi continuadamente a pesar de nuestra voluntad de ser más.

[Publicado el 16/8/2009 a las 18:00]

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Comentarios (7)

  • “Cada libro es un latrocinio contra la propia vida. Cuanto más lees, menos sabes y menos quieres vivir por ti mismo.
    ¡Es horrible! Los libros son –la perdición. Quien ha leído mucho no puede ser feliz. Porque la felicidad es siempre inconsciente, la felicidad es –la inconsciencia”
    Marina Tsvietáieva
    Confesiones
    Galaxia Gutemberg

    Comentado por: recomendación el 25/8/2009 a las 14:03

  • "Mendel el de los libros" de Stefan Zweig, publicado por Acantilado, es también una pequeña joya para reflexionar.
    Un saludo.
    http://eraseunavezpimplin.blogspot.com/

    Comentado por: Paquita Pérez el 23/8/2009 a las 20:08

  • EL SILENCIO

    "En casa, mi padre, siempre muy hablador, nos animaba a ser conversadores. Un hermano que no era comunicativo entonces ni lo fue nunca recibía continuos coscorrones por comer sin decir palabra, por salir con sus amigos y volver sin contar nada. Buena parte de la preferencia que mi padre demostró hacia mí en los años de bachillerato la justificaba con la alegación de que yo, a diferencia de mis hermanos, le procuraba conversación.
    Pero yo, que seguí cultivando la locuacidad, después fui convirtiéndome en un joven demasiado indiscreto y provocador. No puedo precisar qué último efecto de mi mordacidad me hizo ver el peligro de herir a los demás por exceso de palabras y de qué modo sería más estimado si, en vez de farfullar, callara. Los personajes más atractivos de las películas apenas hablaban. Los héroes de los filmes policíacos o del oeste articulaban sólo dos o tres palabras justas y sin gesticulación, para lograr un impacto incontestable.
    (…)
    Es verdad que estar callado exige un esfuerzo de contención no sólo mental sino orgánico que alude perfectamente al hecho de tragarse las palabras, pero la recompensa de no expulsar una oración mientras los demás se descomponían fue animándome. La soberbia de guardar el comentario en sazón mientras los demás lo malgastaban, la estampa bruñida del hielo mientras los demás se derretían me proporcionó una opción de mayor hombría y un carácter seudo místico, creí, de incalculable valor.
    Por disciplina, persiguiendo la meta de una personalidad más abnegada, me forcé a callar y, poco a poco, comprobé sus frutos. Si, en algunos períodos ulteriores he recaído en la verbosidad, siempre fue en coincidencia con desequilibrios, tensiones entre la realidad y el deseo, recriminaciones interconyugales e insuficiencias de la inmadurez capaz de creer en las hazañas de un debate hasta el alba. La década de mis treinta años fue la que registró las mayores reincidencias en la obscena tipología del hablador. Esta vez no sólo para ser cruel a costa de los otros, sino para despellejarme, creyendo así que, de paso, lograría desquitarme de algunos fracasos. Sintiéndose un desdichado y habiendo leído algunos libros, se puede hablar y hablar sin descanso sobre la vida en general y sobre la propia, con sólo disponer de una buena y cariñosa pareja. Pero, además, si la precisión de justificarse, ante sí y ante los demás, acucia, la perorata tiende a multiplicarse indefinidamente. Sólo ahora, cuando ha decrecido el ardor y las cosas son más fríamente lo que son, es más sencillo evitar el gran parloteo, sea político, deportivo o conyugal.
    Nada se presenta hoy tan necesitado como antes de ser cocinado o recalentado con palabras. El menú, en general, se encuentra servido y varios de sus platos, congelados. Quedan cuestiones por resolver, pero la duración de su irresolución las ha ido fraguando como volúmenes incorregibles y, a la vez, mudos. Se convive con el antagonismo sin controversias, deslizando sobre el contorno de lo que es ingrato una pasta de silencio.
    El silencio coagula la discordia, paraliza la dialéctica del desacuerdo y permita vivir como en una piscina de mercurio, blindada, refulgente. En los años últimos he comprobado tantas veces las ventajas de callar, que al lado de lo expresado podría alzarse una ciudad entera con los argumentos no dichos; con sus edificios virtuales, sus plazas vacías, sus monumentos insonoros. Una ciudad del silencio que aumenta y enriquece a medida que pasan los años. Ciudad deshabitada de palabras y más neta, importante y sólida que la que fue pronunciada.
    En el transcurso de los días, algunas jornadas actuales permiten cosechar silencios de un valor excepcional, el reverso de algunos potenciales comentarios o ciertas diatribas de las que ahora me abstengo como si hubiera dejado de fumar. Mantengo a pulso lo que podría decir sin decirlo y sostengo en vilo una parrafada como se mantiene en alza el antebrazo haciendo pesas. Momentos en los que se estuvo cerca de decir y no se dijo un palabra se convierten después, cristalizados, en joyas de esta edad en que se es más por la calidad de nuestra mirada (vitaminada de silencios) que por el estado de nuestra imagen a la vista.
    El silencio opera como una franja polar que defiende cómo un cortafuegos. Gracias a esa banda helada se escucha con mayor nitidez, se puede entender mejor el sistema por el que los demás se expresan y, también, la naturaleza de lo que almacenan.
    El silencio es crema hidratante, y nutritiva. Así como parte de nuestra construcción orgánica se deseca, el pensamiento parece adueñarse de una lubricación superior. No disponemos de una mayor inteligencia a esta edad, pero las vías para acceder al objeto parecen con frecuencia más desahogadas. Ahora es atractivo pensar, como en un tiempo lo fue bailar o nadar. El deslizamiento y la cadencia en medio del agua se parecen al estilo con el que ahora el pensamiento progresa de una alcoba mental a otra, de un área emocional a la siguiente. Espacios adyacentes se abren a la vista con un aleve presión de la memoria y pueden relacionarse entre sí por una red de imanes.
    En estos años, cuando el exterior parece más desbaratado e incomprensible, el interior luce más sereno y digno. El exterior está poblado de tropiezo, mientras el interior se alisa en forma de tapices.
    Quedarse solo y callado mientras los demás se juntan, preferir la sombra a la trifulca, uno mismo a los otros. Llegado a este punto de auto reconciliación, la propia soledad cimiento de culpas y castigos inmisericordes lleva ahora a esta guarnición, al amparo de esa economía reparadora, el silencio y la soledad son dos tónicos de la nueva conmoción y la inteligencia del tiempo."

    Vicente Verdú
    Señoras y señores
    1998


    La desbandada del boomerang en agosto además de viajes, playas y soles algo habrá de tener de este silencio. Se lo dejo aquí para inspiración de buscadores.

    Comentado por: M.J. Fernández Font el 22/8/2009 a las 10:20

  • voluntad de ser 'mejor'

    Comentado por: pero eso es más difícil el 17/8/2009 a las 20:37

  • No me gusta la expresión "perder el tiempo", pues no creo que eso sea real nunca.

    Comentado por: Asun el 17/8/2009 a las 17:15

  • Pues sí, necesitamos. Que bien traido ha estado ese salto de línea, casual o no. Y esto que nos presenta Verdú hoy para mi es atractivo. Si, necesitamos y necesitaremos pero no cualquier cosa. Lo de las recomendaciones es un canto a dos voces, a veces vienen bien y en libertad se agradecen, aunque es penoso que en ocasiones se transformen en la única llave

    Saludos

    Comentado por: grillete el 17/8/2009 a las 09:23

  • Pasan los veranos,las modas y las bodas, los años y los apaños, las décadas prodigiosas, los siglos sin sigilo, los regímenes, las ciberesferas colmeneras de la nueva era Verdadera, nos quieren convencer cada veinte años de que estamos abocados a un Mundo Novísimo, más algo siempre lo desmiente, inamovible hito en todos los paisajes: siempre necesitamos Recomendaciones. Para ser algo, para ser alguien, imprescindible abrepuertas: no olvide la Recomendación. Ya le gustaría a uno un año de estos ser el Recomendado (a mi Obra inédita, quiero decir). Penúltima cuestión: ¿Quién mató al Recomendador?
    Unica posible respuesta: Fuenteovejuna.
    Sólo que la SGAE se enteró y ordena pagar el canon. Claro, que a la SGAE la hacienda y hasta la vida se ha de dar, pero el honor es...poco recomendable hoy en día, para que nos vamos a engañar

    Comentado por: Jose Antonio el 16/8/2009 a las 20:25

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

 

 

OBRA PICTÓRICA/ WEB OFICIAL

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

La Ausencia (2011). Editorial Esfera de los libros

La hoguera (2012).  Editorial Temas de Hoy. Premio de Hoy 2012.

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

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