A favor de la memoria histórica
Llevaba yo una temporada abatido al constatar el escaso número de escritores, periodistas, profesores, en fin, gente responsable, que compartía conmigo una visión tan poco optimista de la España actual, de su vanidoso gobierno y de sus caprichosas autonomías, cuando de pronto me vi arropado por un profesional cuya opinión se respeta en el mundo civilizado. Un alivio. Tras leer a Judt me pareció entender que no éramos, mis colegas críticos o yo mismo, un cultivo cizañero al que divierte poner a parir el espectáculo gubernamental, un fruto de secano cubierto de espinas que sigue, como en tiempos de Franco, arrastrando su soledad a la manera de un estandarte. Si un producto de regadío tan bien nutrido como Judt decía exactamente lo mismo, aunque referido a objetos de mayor tamaño, cabía la posibilidad de que no estuviéramos del todo equivocados, los incorrectos de esta provincia.
Aunque sea una colección de artículos, algunos ya con una década sobre el título, la poética del libro de Judt, su claro y distinto pensamiento, puede resumirse sucintamente. El "olvidado siglo XX" (así le llama) ha sido uno de los más atroces de la historia de la humanidad. Sus matanzas no pueden compararse, ni en cantidad ni en calidad, a las añejas barbaridades. La gigantesca nube de horror del Novecientos tiene, además, una característica peculiar. A diferencia de los tiempos antiguos, en el siglo XX se expande y domina una fuerza de choque ideológica que desde el caso Dreyfus se denomina "la intelectualidad", la cual se encarga de justificar todas las salvajadas pretendidamente izquierdistas. De ahí el "olvido" y la buena conciencia.
A comienzos de siglo, tras la primera guerra mundial y la revolución rusa, la parte mayor y mejor de esa intelectualidad europea apoyó lo que se solían llamar "posiciones de izquierda". Y entonces lo eran. El drama es que a medida que el siglo avanzaba, las "posiciones de izquierda" iban dejando de ser de izquierda y se convertían en mero usufructo de intereses de partido, cuando no económicos y de privilegio. La derecha nunca ha tenido necesidad de justificar sus infamias, no trabaja sobre ideas sino sobre prácticas, pero se suponía que la izquierda era lo opuesto. En la nueva centuria ya no hay diferencia.
Quienes nos hicimos adultos en la segunda mitad del siglo XX y nos creímos parte integrante de esa izquierda que, según nuestro interesado juicio, recogía lo mejor de cada país, no sólo estábamos siendo conservadores y acomodaticios al no movernos de ahí a lo largo de las décadas, sino que fuimos deshonestos. Eso no quiere decir que no hubiera en la izquierda gente honrada y dispuesta a sacrificarse, muchos hubo y algunos murieron en las cárceles de Franco, pero no eran escritores, ni periodistas, no eran, vaya, "intelectuales". Y lo que es más curioso, aquellos escritores que en verdad eran de izquierdas tuvieron que soportar los feroces ataques de los "intelectuales de izquierdas" oficiales que entonces, como ahora, apoltronados en sus privilegios, eran enemigos feroces de la verdad. Tal fue el caso de Camus, de Orwell, de Serge, de Koestler, de Kolakowski, que se atrevieron a ir en contra de las órdenes del Partido y de la corrección política. Las calumnias que sobre ellos volcó la izquierda aposentada, descritas por Judt, son nauseabundas.
De ellos habla su libro, pero podría haber hablado de otros cien porque cualquiera que osara ir en contra de la confortable izquierda oficial para denunciar las carnicerías que se estaban produciendo en nombre de la izquierda, era inmediatamente masacrado por los tribunos de la plebe. Tachados de fascistas, de agentes de la CIA, de criptonazis o de delincuentes comunes, hubieron de soportar casi indefensos los embustes de los ganapanes. Luego los calumniadores se tomaban unas vacaciones en Rumania y regresaban entusiasmados con Ceacescu. En las hemerotecas constan nuestros turistas entusiastas. Lo mismo, en Cuba. Fueron muchos.
La deshonestidad no afectó tan sólo a los crímenes estalinistas, maoístas o castristas. En un capítulo emocionante explica Judt las dificultades que tuvo Primo Levi para que la izquierda italiana tomara en consideración sus libros sobre Auschwitz, comenzando por el arrogante Einaudi. Y cómo hasta los años sesenta, más de veinte años después de escritos sus primeros testimonios sobre el Holocausto, no comenzaron a horrorizarse los izquierdistas. ¡Veinte años en la inopia, la progresía!
La impotencia de tres generaciones de izquierdoides para defender la verdad se acompañó del triunfo de los héroes de la mentira, desde el Sartre envilecido de los últimos años, hasta el chiflado Althusser cuyos delirios devorábamos los monaguillos de la revolución maoísta. Todavía hoy un valedor de la dictadura como Badiou fascina a los periodistas con un libro sobre "el amor romántico", cuando es el sentimentalismo tipo Disney justamente lo propio del kitsch estalinista y nazi, su producto supremo. Sigue siendo uno de los más dañinos errores de la izquierda no aceptar que entre un nazi negacionista y un estalinista actual no hay diferencia moral, por mucho que el segundo pertenezca al círculo de la tradición cristiana (y haya tanto sacristán comunista) y el primero al de la pagana (y por eso ahí abunda el fanático de la Madre Patria).
Ya es un tópico irritante ese quejido sobre el galimatías de la izquierda, su falta de ideas, su desconcierto. ¿Cómo no va a estar desnortada, o aún mejor, pasmada, si todavía es incapaz de admitir honestamente su propia historia? ¿Si sólo entiende la memoria histórica en forma de publicidad comercial sobre la grandeza moral de sus actuales jefes? Aún hay gente que dice amar la dictadura cubana "por progresismo" y el actual presidente del gobierno (uno de los más frívolos que ha ocupado el cargo) se ufana de ello. ¿Saben acaso el daño que producen en quienes todavía ponen ilusión, quizás equivocada, pero idealista, en la palabra "izquierda"? ¿Y cómo puede un partido que alardea de progresista pactar hasta fundirse con castas tan obviamente reaccionarias como las que defienden el soberanismo de los ricos? Dentro de un lustro no quedará nadie por debajo de los sesenta años que se crea una sola palabra de un socialismo fundado sobre tamaña deshonestidad.
No es que la izquierda ande desnortada o carente de ideas, es que no existe. Su lugar, el hueco dejado por el difunto, ha sido ocupado por una empresa que compró el logo a bajo precio y ahora vende que para ser de izquierdas basta con decir pestes del PP. ¡Notable abnegación la de estos héroes del progreso! ¡Cómo arriesgan su patrimonio! ¡Qué ejemplo para los jóvenes aplastados por la partitocracia farisaica! El resultado, como se vio en Francia, es el descrédito de los barones, marqueses y princesas del socialismo. Su inevitable expulsión del poder. Y la destructiva ausencia de ideas en un país que ya soporta el analfabetismo funcional mayor de Europa. Una herencia que enlaza con la eterna tradición española de sumisión al poder llevada con gesto chulo por los sirvientes. Esta vez bajo el disfraz del progreso.
Y mira que sería sencillo que la izquierda recuperara su capacidad para armar las conciencias, inspirar entusiasmo y ofrecer esperanza en una vida más digna que su actual caricatura. Bastaría con decir la verdad y enfrentarse a las consecuencias. ¡Ah, pero son relativistas culturales! Y por lo tanto para ellos la verdad es un efecto mediático.
Artículo publicado el sábado 20 de febrero de 2010.
[Publicado el 22/2/2010 a las 09:31]
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Comentado por: Amanda Bynes el 11/10/2011 a las 08:03
Comentado por: Amanda Bynes el 11/10/2011 a las 08:02
Brillante autocrítica de la izquierda sin votos y sin capacidad de cambio. Como militante peronista hice una sátira de los revolucionarios de los '60 que gritaban "SI Evita viviera sería montonera" y después enriquecieron con los negocios del poder. Mi libro es "Maquiavelo no conoció a los argentinos" (Cuatro Vientos, 2005)
Comentado por: Enrique N'haux el 28/2/2010 a las 22:43
Gracias Félix. Algunos, como Luis, no saben el desgarro de quienes habiendo creido que podiamos construir un mundo mejor y que, además era posible, nos vemos obligados cada dia a "defender" a Zapatero de la horda de "futboleros" de la política que, ante la desertización del catálogo de ideas ofertado(efecto secundario de los que, a falta de ideas con las que comulgar, con su tribu, se hacen llamar liberales), no cesan de personalizar nuestra falta de pilotaje en un ingenuo ZP.
Menos mal que nos quedan félixdeazúas.
Un mundo mejor es posible. Si, podemos.
Comentado por: rodolfo el 27/2/2010 a las 21:20
pues luis, lo chungo es cuendo te das cuenta de que en los artículos de arte y literatura dice en el fondo lo mismo que en estos otros. si no, fíjate, fíjate
Comentado por: Miss RunRun el 25/2/2010 a las 16:30
He seguido durante años los artículos de Felix de Azúa como un coleccionista obsesivo. Su lucidez al escribir de arte o literatura me deslumbran, y espero que me hayan hecho también a mí algo más listo. Sim embargo, cuando entra el arena política, creo ignorar porqué, siento una pequeña decepción. Como que sustituye la pincelada exacta, la frase perfecta, por unos brochazos descreidos que me dejan indiferente, y lo peor, siento en estos casos que escribe lo mismo que tantos otros, ya vistos, tantas veces leídos. Lástima.
Comentado por: Luis el 24/2/2010 a las 19:12
Un problema sobre la incertidumbre en el mundo. Casi todos las civilizaciones avanzadas se han extinguido. ¿El hecho de que hayamos avanzado en la bioinformación o la infoesfera nos librará de la exitinción? La izquierda no tiene respuestas, ni tampoco la derecha. ¿És posible que la ciencia arregle el entuerto?
Comentado por: incierto el 24/2/2010 a las 10:34
Comentado por: comvi el 24/2/2010 a las 09:45
Podemos saber una cosa cierta: los totalitarismos del siglo XX no han logrado destruir las ideas que partieron de la Ilustración sobre la libertad, la justicia o los derechos humanos. La profecía de Marx, según la cual la clase obrera, erigida en sujeto histórico, desplazaría a la burguesía, resulto ser falsa. Pero esos ideales se pueden ir al traste si no empezamos a ver las cosas más allá del escalón de nuestra puerta. La era de la bioinformación nos ha puesto frente a frente con algo fundamental: nuestra supervivencia como especie en un planeta de recursos limitados. Hablo del principal problema que ahora tiene la humanidad: la superpoblación. Y ese problema hay que abordarlo, más que ninguno, de una forma global. Claro, limitar el número de seres humanos no bastará para acabar con las guerras, el deterioro medioambiental, la miseria, el racismo, los prejuicios religiosos, etc.; sólo nos ofrecerá la oportunidad de conseguirlo. Sea cual sea la causa, es una causa perdida si no se consigue controlar el crecimiento demográfico.
Las naciones ricas disponen hoy de una opción muy clara. Pueden seguir ignorando el problema de la superpoblación y su propia y masiva contribución al mismo. Lo que pasa es que acabaremos atrapados en una peligrosa espiral que quizá provoque el fin de la civilización en pocas décadas. Nuestro camino estará jalonado con más sequías, malas cosechas y hambrunas; con la pérdida de más bosques, más contaminación en la atmósfera, más conflictos internacionales, más epidemias, etc. Se trata de un camino que ya han recorrido millones de nuestros congéneres, menos afortunados, en todo el planeta. Si la cultura burguesa, con sus ideales ilustrados quiere seguir jugando su papel hegemónico tendrá que vérselas (como decía antes un comentarista de este blog) con su propio miedo a morir, y con ella toda la especie humana. Cuando la burguesía luchó para romper el yugo de la Iglesia y los nobles, lo hizo con éxito. Ahora se tiene que enfrentar de nuevo a la Iglesia con su irracional política anti-control de la natalidad; pero no basta con haber vencido a esa política en los países ricos: hay que ayudar a los países probres a vencerla.
Los jerarcas católicos, ayudados indirectamente por la izquierda desnortada, afirman que las reservas de alimentos del mundo podrían alimentar a 40 mil millones de habitantes. En cierto modo no les falta razón. Es teóricamente posible, como también es teóricamente posible que el Real Madrid o el Barcelona ganen todos sus partidos durante cincuenta años consecutivamente, o que alguien juegue a la ruleta rusa diez mil veces seguidas sin saltarse la tapa de los sesos.
Pero cabe preguntarse si merece la pena que la humanidad alimente a 40 mil millones de personas, suponiendo que ello fuera posible. Porque, ¿qué sentido tiene convertir la Tierra en un gigantesco corral humano?. ¿Qué sucedería con la calidad de vida? Dado que las nuevas tecnologías avanzan, igual que la población, de una manera exponencial, ¿acaso no daríamos al traste con todo aquello de bueno que nos puedan proporcionar esas nuevas tecnologías? ¿Dónde quedarían entonces los Derechos Humanos? ¿Y la justicia? ¿Y la libertad?
Para que vean algunos que esta crítica no es sesgada, habrá que decir, y en esto sí que tienen razón algunas gentes de izquierdas, que si los ricos no limitan su sed de riqueza, puede que la clase obrera no acabe con ellos; pero sí su miopía ante el principal problema del planeta: la superpoblación.
Comentado por: miguel el 23/2/2010 a las 18:11
Conocí a Claude Debussy en 1998, durante un viaje a París, cuando era un espantajo tan descuidado, hediondo y echado a perder por la mala vida y los fantasmas de la absenta que su cabeza, en otro tiempo coronada de laurel y esplendor, estaba ahora rodeaba por una nubarrón de moscas, cuatro kilos de mugre y un mundo que se le venía muy, pero que muy grande. Me considero una persona normal, mi reputación en determinados ambientes es intachable, soy limpio, discreto, puntual hasta el delirio, en la medida de mis posibilidades respeto incluso a los animales, y no seré yo quien reproche nada a esas personas que acompañan a sus perros con una pequeña bolsa de excrementos en la mano, la civilización ha recorrido un largo camino para llegar hasta esa bolsa, y sinceramente creo que aún podemos esperar años mejores.
Es natural que al principio no me fijase en una especie de residuo humano sentado en un portal de la calle Oberkampf, muy cerca de Père- Lachaise, a donde me dirigía realmente, con la resuelta intención de ver la solemne tumba de Proust, adornada con un jarrón de hediondos lirios de las ciénagas, la tumba de Wilde honrada con piedras, mensajes y rastros de carmín, y la tumba de Jim Morrison que parecía un vertedero municipal para estrellitas macarras. Hacía allí me dirigía pues, porque lo ponía la Guía, que a mí en la vida se me hubiese ocurrido perder el tiempo visitando momias tan ilustres. Fue él quien se dirigió a mí, cuando pasaba a su lado, a punto de taparme la nariz para evitar la pestilencia que desprenden los inmortales. Soy Claude Debussy, dijo, tengo 136 años, estoy solo en el mundo y no he comido desde hace cuatro días.
Leo unos dos libros y medio al año, algunos artículos acerca de robots y dinosaurios en algunas revistas de divulgación científica en la sala de espera del dentista, me dormí en una ópera que ni siquiera sé cómo se escribe, y en una ocasión tuve la desgracia de ser invitado a una exposición de pintura de una amigo que se enfadó conmigo porque lo llamé artista frutal. ¿ Artista frutal? Sí, señora, artista frutal. Así que no puedo considerarme precisamente una persona culta, pero aquel nombre hizo brotar en mí, como dirían nuestros poetas españoles, hizo brotar en mí el recuerdo vago e impreciso de algún personaje famoso. Llamé a mi novia que es como la Wikipedia en carne viva y le pregunté que quién era Claude Debussy. Pasaron veinte minutos y aún me estaba diciendo quien era Claude Debussy e incluso llegó a entonar algunos melancólicos fragmentos del Preludio para la siesta de un fauno, hasta que se despidió de mí diciendo que yo era un súpersuperficial, un soso, un sinsangre y que no sabía muy bien por qué seguía conmigo, lo cual me produjo un apetito inexplicable y un inconsolable deseo de, digamos, orinar. Oriné sobre Claude Debussy. Llegas demasiado tarde para hacerme daño, dijo.
Me fui de allí avergonzado de que mi primer acto de afirmación contracultural contra un pobre hombre no obtuviese la respuesta adecuada. Pero envalentonado y dispuesto a cambiar mi vida,así como los no muy agradables sentimientos de mi novia hacia mí, eché a correr hacia Père- Lachaise y allí me abandoné al desagravio más absoluto y a la más horrenda de las barbaries. Al día siguiente los periódicos informaron de que se había encontrado una bolsa de excrementos de perro sobre la tumba de Proust, de que alguien había tirado los toros asirios de la tumba de Wilde y de que la cabeza de JimMorrison había desaparecido. Pero yo ya estaba en los cielos, volando a casa, siempre a casa. Me gustaría aprovechar este maravilloso blog para comunicar a los posibles clientes los precios actualizados de fragmentos de la estrella: una oreja de Jim Morrison 2000 euros, media oreja 1400 euros, nariz 25000 euros, ojo derecho 6000 euros, mentón 800 euros… y así.
Comentado por: antón el 23/2/2010 a las 17:45
Yo, por mi parte, voy a tomarme un chocolatito ahora mismo, cosa que me aburre convenientemente, mientras espero la hora para ir al Auditorio, donde esta noche toca nada nenos que la Filarmónica de Berlín, con el tipo ese de los rizos dirigiendo. En el programa la obertura de Los Maestros Cantores, y la segunda de Brahms. Aimez-vous Brahms? Debería. Brahms es el único romántico que careció de entusiasmo, y por eso es el mejor. Clara Wieck prefirió al idiota de Schumann, y así le fue.
Además, llueve. ¿Hay tiempo mejor?g
Comentado por: GAR el 23/2/2010 a las 17:41
¡Ay, el entusiasmo! Cuantos crímenes se cometen en tu nombre. Lo que se necesita es aburrimiento. Y acedía, melancolía y un poco de esplín. Y chocolate caliente con mojicones. Desde que en España ha decaído el mojicón, todo está manga por hombro.
Comentado por: GAR el 23/2/2010 a las 17:20
Félix, a ver si te enteras de que te has pasado de bando. Todavía con el maldito guerracivilismo. ¿Quién trajo aquí esta desgracia y esta ruina para España?
Comentado por: hasta los huevos de memorias el 23/2/2010 a las 13:50
de hecho, la carga impositiva, no es, ni siquiera, redistribución, por cuanto necesita del redistribuidor que lo redistribuya, es decir, del estado, es sólo un modo de 'atesorar'.
La verdadera distribución de la riqueza es la participación directa de los ciudadanos en la riqueza del país, esto es, una 'suave' curva de Lorenz, y un mínimo coeficiente de Gini. Y sólo se consigue con la productividad.
La sra. Provoqueen, habla de suma cero, cuando es precisamente lo que la izquierda le recrimina a los especuladores de, por ejemplo, opciones. Que es un juego de suma cero, que no 'crea' riqueza para el país. La izquierda, siempre tan paleozoica, no considera que los especuladores, el arbitraje -de toda la vida desde la bolsa de Amberes-, son y es, hoy día, lo que hace que funcione el sistema financero, que soporta a la economía real; sobre todo en España, donde ha existido, de toda la vida...de Dios, una tradición de bancos industriales, más que comerciales. Aunque, bien es cierto que, desde los ochenta, el 'modelo vasco' cambió, dirigidos, hacia una banca más comercial, con productos, casi de todo tipo, para inversores de rentas medias, como los fondos [fijos o variables o híbridos, recuerdo que ya había algunos idexados al Nikkei, al Hang-Seng...Fondos Asia-Pacífico, joé!, manda cojones], tan populares en los noventa
Inglaterra, ha sido, creo que no lo es más, el país más 'aristocrático', entendiendo por ello, no como se entiende en España, aristocracia equivalente a nobleza, ni mucho menos. Incluso creo, que parte de los males de España es no haber tenido una aristocracia como la brit, y sí una nobleza...ad usum delphini.
Esa aristocracia del Reino Unido, estaba formada por la clase de los 'gentlemen'; que no era más que una clase educada, pero de educación secundaria más bien, aunque de buenísima educación secundaria.
Observamos que existen desde ricos comerciantes, y profesionales liberales, hasta hijos de religiosos, o de militares, o nobles en el Parlamento, muros de 'buena educación'. Pero, la residencia, el nicho, de la aristocracia inglesa eran las 'public' y Oxford-Cambridge.
Hoy día, desde luego si existe, está más difuminada, es más sutil, porque la clase media es más heterogénea [y la reforma de la cámara de los lores, supuso una cortina de humo, ciertamente]. En España, no hace falta decir, que sigue sin existir
saludos
p.s.:
mmme. gracias, ya estoy de vuelta, y, me alegro de encontrarla, bien
Comentado por: vic el 23/2/2010 a las 13:09
Que razon tiene. Que bienes cribe y como razona sus argumentos. Sinceramente opino que nada de lo escrito se puede rebatir. Seria ya la hostia si no siempre recibiesen los mismos: el nacionalismo catalan, la izquierda, lo tontos de los politicos de izquierda. Siempre espero un articulo que use la misma inteligencia para comentar, criticar o opinar sobre por ejemplo, Esperanza Aguirre, cualquier tertulia de Intereconomia, PJ Ramirez... Siendo un intelectual que se situa un paso adelante de la mayoria de opinantes aun espero que de algo de caña a la derecha. Alguna cosa hay que comentar no?
Comentado por: a saber el 23/2/2010 a las 12:58
El Catoblepas • número 41 • julio 2005 • página 23
Paracuellos-Katyn
Felipe Giménez Pérez
Sobre el libro del historiador César Vidal,
Paracuellos-Katyn, Libros Libres, Madrid 2004
El célebre historiador César Vidal ha escrito un libro titulado Paracuellos-Katyn, un ensayo sobre el genocidio de la izquierda (Libros Libres, Madrid 2004 – Tercera edición, abril de 2005–, 419 páginas) con el objeto de reflexionar sobre la formidable máquina de matar que ha sido el comunismo, la quinta generación de la izquierda al parecer, aunque para mí ha sido una de las degeneraciones de la izquierda, tal vez el primer analogado de la degeneración de las izquierdas.
Bueno es que se recuerde lo de Paracuellos, máxime cuando los progresistas se sienten orgullosos de las matanzas perpetradas por el Frente Popular y organizan homenajes a Santiago Carrillo, el gran héroe de Paracuellos, o se dedican a retirar estatuas de Franco en una suerte de damnatio memoriae o buscan muertos del Frente Popular en las cunetas de las carreteras.
Hay que reconocer que «El pasado siglo XX tuvo entre sus características más terribles la de la perpetración del genocidio, entendiendo como tal la búsqueda del exterminio de sectores completos de una población por razones raciales, religiosas o políticas» (pág. 13). Es que no sólo los nazis realizaron un genocidio, también los comunistas lo realizaron. Es más, mataron cuatro veces más. Todo ello para construir un sistema social nefasto y odioso.
España pudo haberse convertido en el segundo país que caía en manos del bolchevismo. La Guerra Civil Española de 1936-1939, comenzada como muy acertadamente afirma Pío Moa en 1934, fue una guerra contra el comunismo. La victoria del General Franco fue una victoria contra el comunismo. En Paracuellos se ensayaron técnicas de exterminio masivo bolchevique luego ampliamente utilizadas por los nazis y por los soviéticos en Katyn contra los polacos. «Paracuellos y Katyn constituyen paradigmas del horror, un horror que precedió a las grandes matanzas perpetradas por los nacional-socialistas alemanes y que deja de manifiesto cómo el exterminio en masa fue un instrumento privilegiado -indispensable, en realidad- de acción del denominado socialismo real» (pág. 16).
El presente libro deriva de Checas de Madrid, Madrid 2003, 365 páginas. Tengo que reconocer que Paracuellos-Katyn está elaborado de manera muy descuidada por César Vidal. Cuando se escriben muchos libros a mucha velocidad, los descuidos suelen ser frecuentes. Encuentro mejor trabajado el libro Checas de Madrid.
Por ejemplo, no narra adecuada y completamente el episodio del general Kornílov y su intento de golpe de Estado y cómo eso favoreció a los bolcheviques. Es un libro popular de historia. Es apto para el vulgo. Es eficaz y es contundente contra los comunistas. De todos modos está hecho de manera muy poco rigurosa en la argumentación y en el hilo argumental. Además, creo que comete una deshonestidad intelectual al no citar ni una vez al insigne historiador español Pío Moa, principal inspirador ideológico de los libros de César Vidal de 1999 para acá.
El marxismo es una filosofía de la guerra, de la violencia revolucionaria. Es buena la guerra si es civil y produce la victoria del Partido. Es buena la violencia si es revolucionaria. Esto es puro positivismo moral y político. Lo que cuenta para los marxistas es la toma del poder. Una vez tomado el poder político, la eliminación de segmentos sociales enteros en aras del socialismo es necesaria y se lleva a cabo.
Esta perspectiva exterminista está presente según César Vidal ya en el marxismo de Marx. La violencia es la partera de la historia y es necesaria para la revolución, que no es más que un acto de inmensa violencia sobre clases reaccionarias. En Lenin hay una toma de partido por el terror de masas. El jefe de la Checa, Félix Dzerzinski lo deja bien claro: para acelerar el cambio revolucionario, bien podría ser conveniente el exterminio de clases sociales enteras. El terror rojo bolchevique fue gigantesco.
«El Terror, desde luego, se extendía de una manera que nadie hubiera podido imaginar y que convertía, comparativamente, al régimen de los zares en benévolo. Al respecto, las cifras no pueden ser más reveladoras. Entre 1825 y 1917, los denostados tribunales zaristas dictaron 6321 sentencias de muerte que no fueron ejecutadas en su totalidad. Tan sólo en un par de meses del otoño de 1918, la Checa fusiló a un número de detenidos que se acercó a los quince mil.» (pág. 48.)
La revolución bolchevique, nacida directamente del marxismo ha girado en torno a los siguientes principios: 1. La subversión del orden democrático por una minoría autolegitimada. 2. La utilización del Terror de masas. 3. La aniquilación de clases enteras. 4. La creación de aparatos represivos.
En el caso ruso, fue el Partido Bolchevique el sujeto revolucionario. En el caso fallido español, fue el PSOE, un partido teóricamente perteneciente a la II Internacional, pero que no sufrió ningún proceso revisionista. Era el PSOE un partido revolucionario, bolchevique, partidario de la dictadura del proletariado. No sería el PCE inicialmente el que desarrollaría el Terror en España.
Una filosofía de la Historia que pretendía suprimir la propiedad privada era lógico pensar que tendría que recurrir necesariamente al Terror, a la violencia revolucionaria. «Los marxistas podrían hablar de «expropiar a los expropiadores» pero un diputado como Jové y Hevia señaló en el debate mencionado que «después de todo las tendencias de la Internacional no eran más que las tendencias de la Internacional no eran más que las tendencias de José María, que se querían elevar a la categoría de ciencia social.» En otras palabras, lo que el bandolero conocido como El Tempranillo había realizado por los campos era lo que de manera pretendidamente científica y desde luego en mucha mayor escala soñaban con hacer los socialistas. El mismo Sagasta la calificaría en esa misma ocasión de «utopía filosofal del crimen». En la medida en que se considerara crimen el robo y la utilización de la violencia para imponer las propias opiniones, poco puede dudarse de que su definición era dura pero ajustada a la realidad.» (págs. 58-59.)
El PSOE era un partido marxista dogmático, revolucionario y partidario de la implantación de la dictadura del proletariado. El PSOE no le hacía ascos a la violencia. Legitimó desde pronto el terrorismo. Así pues «legitimó moralmente sus acciones contra los que consideraba políticos opresores igualando el atentado terrorista con la defensa del orden constitucional llevada a cabo por las fuerzas de seguridad» (pág. 69).
El PSOE era un partido antisistema. No era un partido demócrata. No creían en la democracia burguesa capitalista. En 1917 el PSOE intentó tomar el poder o al menos intentó destruir el régimen de 1876. Hay que decir además, que el PSOE simpatizó pronto con Lenin, su régimen y sus métodos. Si el PSOE no se integró en la III Internacional no fue porque renunciara a la dictadura del proletariado o a la revolución socialista. Ocurre que Pablo Iglesias no quería que el Partido fuera controlado por Moscú. Tanto el PCE como el PSOE eran revolucionarios, bolcheviques, antisistema.
órganos de ese gobierno.» (pág. 133.)
Las matanzas que tuvieron lugar en Madrid en 1936 no fueron obra de incontrolados. Ciertamente también se cometieron delitos en la zona nacional, pero «mientras que en la España controlada por los alzados, la represión no había tardado en dejar paso a la legalidad e incluso se había castigado a los que no se ceñían a ésta –Schlayer fue testigo de la condena a muerte de ocho falangistas en Salamanca– en la zona dominada por el Frente Popular «el asesinato organizado (...) respondía a una metodología rusa» (pág. 152). Estaba claro a decir de César Vidal que las fuerzas políticas que integraban el Frente Popular buscaban exterminar a los enemigos de clase. Las responsabilidades alcanzaban a los encargados de velar por el orden público. Ahí tenemos a Margarita Nelken. Las matanzas de Paracuellos de los días 6 y 7 de noviembre de 1936 son también responsabilidad de ella, además de Santiago Carrillo. Las responsabilidades por los asesinatos alcanzan al propio gobierno republicano. Era un gobierno en el desde el 4 de noviembre un ex delincuente como el anarquista García Oliver era ministro de Justicia. Azaña tampoco podía comprender cómo cuando el 4 de septiembre de 1936 se remodeló el gobierno, la cartera de Instrucción Pública fuera al comunista Hernández, que ni siquiera tenía el bachillerato elemental."
Comentado por: POR LA MEMORIA DE TODOS el 23/2/2010 a las 12:55
Es una ingenuidad de las gordas creer que las subidas de impuestos que soportamos "redistribuyen" la riqueza en plan Robin Hood. La presión recaudatoria afecta principalmente a las capas bajas y medias, controladas vía nómina. En los tramos superiores hay amplio margen para la planificación.
Además, nos van a subir el IVA, que es un impuesto indirecto que pagamos todos. Con estas subidas, necesarias debido a una mala gestión del presupuesto público, pringan principalmente los de siempre: las clases medias y trabajadoras.
Comentado por: Circe el 23/2/2010 a las 11:55
También hay un historicismo blando, que plantea que la sociedad se mueve en una cierta dirección aunque con derivas constantes, y muchas veces avanzando 'à reculons'.
Personalmente sí creo que, de esta caótica manera, la historia lleva una línea general, una cierta tendencia a liberar al hombre del dolor, del cansancio, del frío y del hambre. Por una razón: porque nadie lucha con la mira puesta en lo contrario (pasar más frío, más hambre, más dolor); ni siquiera la intención (la finalidad) es que lo pasen los demás, aunque eso ocurra con frecuencia. Si todos perseguimos más o menos lo mismo, lo lógico es que al cabo de los siglos, poquito a poco y de forma muy ineficiente, se vaya dando algún pasito que otro en esa dirección. Al menos, para los agresivos habitantes del mundo occidental. Los destrozos que van dejando a su paso ya se irán arreglando, otro día, dentro de otros veinte siglos, o cuando sea.
Comentado por: provoqueen el 23/2/2010 a las 11:27
Un buen documento sobre lo que estamos tratando,algunas cosas chirrian claro,como la vida misma.
Asunto: CARTA DE DESPEDIDA DEL HEROE COMUNISTA CRISTINO GARCIA GRANDA
Queridos camaradas: os extrañará no haberos enviado noticias de mi situación. Es porque no sabía si el conducto era seguro y temía que mis notas fueran a manos de la policía.
¿Qué queréis que os diga del mal trato en Gobernación? Desde que caí me lo esperaba todo y estaba dispuesto a aguantar todo lo que viniera. Sólo hubo un día de buen trato: el que caí. Desde cigarrillos rubios hasta palabras dulces, ofrecimientos de facilitarme la fuga, propuesta de que me pusiera a su servicio. Mi respuesta ya os podéis suponer cuál fue. A partir de aquí empezaron las “sesiones”. Al tercer día me sangraban los oídos y tenía los testículos como puños. Los vergajazos ya no quedaba una pulgada del cuerpo adonde no hubieran llegado. Después de cada “sesión”, me bajaban arrastrando cuatro esbirros. Cuando me desmayaba me echaban un cubo de agua, y otra vez a zumbar. Así estuvieron doce días, sin parar. Me dejaron reponer otros tres, y a empezar de nuevo una semana seguida.
Me he convencido que tengo la piel muy dura y que quien se lo propone, quien en estos momentos piensa en lo que es, y más si es comunista, no habla aunque le hagan picadillo. Creo que no hice más que comportarme como debía. No os digo esto para vanagloriarme. Lo hago sólo porque sé el fin que me espera, y quiero que esta carta, si por desgracia es la última, sirva no sólo como esclarecimiento de lo ocurrido, sino también para que pongáis al desnudo ante el mundo los métodos de estas bestias y cual ha de ser siempre el comportamiento de los antifascistas cuando tienen la desgracia de caer.
Como os digo, mi situación y la de los demás camaradas es de pocas esperanzas. Quieren envolvernos en un proceso común, y nos hemos negado a aceptarlo. Yo comprendo que matarnos por actividades políticas resultaría difícil ante la situación internacional, y por eso nos achacan atracos y otras cosas. Me olvidaba deciros que a los tres primeros “interrogativos” asistió un “boche”, que me dijo que tenía buenos “recuerdos”míos y de Medina en Francia. El tercer día se despidió de mí cuando sangraba por todas partes, echándome una bocanada de humo en los ojos y diciéndome: “Ya era hora de que te cazáramos”.
Perdonad si esta carta va un poco revuelta, pues la hago a intervalos y con vigilancia permanente. Me tienen enjaulado como a un mono; sólo faltan los niños echándome cacahuetes. Por eso quiero aprovecharla para dirigirme, quizá por última vez, a mi pueblo y a mi querido Partido. Mi ánimo, camaradas, es tan firme como lo fue siempre el mismo. Cuando pasé la frontera para incorporarme a mi puesto de combate contra esta patulea de fascistas, sabía que no eran rosas lo que me esperaba. Pero estoy orgulloso de haberlo hecho. Para mí, más que una tarea de sacrificio, era un honor que se me concedía al venir a luchar por mi pueblo y por mi patria. Recuerdo la rabia que me daba cuando en Francia veía que otros camaradas salían para el país antes que yo. Aquí estaba y está nuestro puesto. Si en la lucha caemos alguno, ¡qué importa! Otros proseguirán nuestra obra, pero no podéis imaginaros la satisfacción que tengo de haberme comportado como era mi obligación. Y así me portaré hasta el último momento. Ya sé que la canallesca Falange intentará echar basura sobre nosotros, acusándonos de robos y otras cosas. En el juicio presentaron a un tipo que en mi vida he visto delante, que me acusaba de ser su jefe; dijo que me había conocido en Madrid, dos meses antes de salir yo de Francia.
Por este estilo son las demás acusaciones. La realidad es que me han condenado y a matarnos van, porque los “boches” alemanes no me perdonan los malos ratos que les hicimos pasar. Quieren matarme porque soy antifascista, fiel hasta la muerte a la causa antifascista y al Partido.
Antes de terminar quisiera daros algunos consejos, que, dentro de mi modestia, creo que serán útiles. Estamos en situación en que posiblemente dentro de pocos meses nuestra patria será liberada. Mi experiencia me ha demostrado que no hay cosa que más vuelva locos a estos perros que la lucha guerrillera. Hay que prestar mucha atención a su crecimiento. Creo que hay que poner mucho cuidado en la selección de los mandos; que sean hombres capaces y que, si algún día caen, que no se dejen envolver por los trucos y martingalas del enemigo. Otra experiencia que he sacado es que hay que imponer inflexiblemente la norma de que nadie conozca más que lo que interesa. Hay que educar a los camaradas en el coraje ante el enemigo, en la seguridad de que tienen más posibilidades de salvarse el que no suelte palabra que el que hable. Y por encima de todo, haya o no haya posibilidades de salvarse, lo que debe imperar es nuestra conciencia de comunistas.
Tengo tantas cosas en la cabeza, que creo que estaría escribiéndoos una semana seguida, pero comprendo que tenéis cosas más importantes y no quiero entreteneros. Quiero pediros un favor, y es que hagáis llegar esta carta a nuestro grandioso Buró, pues de ella se enterarán también mis antiguos compañeros de lucha francesa. Soy poca cosa, pero sé que en cuatro años que peleamos juntos para liberar a Francia de los invasores alemanes, establecimos unos lazos que ni la muerte podrá romper. Si orgulloso me siento de ser hijo de España, no es menos el que siento de haber aportado mi esfuerzo a la liberación de Francia. Ellos ya son libres, pero a dos pasos tienen el enemigo, a los nazis y falangistas, que saquearon y asesinaron miles de franceses. Decidles que no descansen hasta barrer a estas bestias falangistas. Por último, dedico mi despedida a vosotros y al Buró.
A vosotros, camaradas de la Delegación, os pido que no escatiméis sacrificios para que nuestro querido Partido sea lo que siempre fue: el Partido de la vanguardia antifranquista.
Aún es muy largo el camino que tenemos que recorrer hasta ver a nuestra patria libre de los fascistas, pero ya queda poco. Cuando se ve cómo tiemblan ante lo que les espera, tenemos que dar mucho más, la vida y mil vidas que tuviéramos, pues todo hay que darlo por bien empleado por la libertad y el triunfo del pueblo y de la democracia. Transmitirle mi saludo a los guerrilleros, mis compañeros y hermanos, y estoy seguro de que pase lo que pase seguirán peleando como hemos jurado hacerlo. Decidle a la dirección del Partido que la promesa que le hicimos de ser fieles hasta la muerte al Partido, la hemos cumplido; que no olvidamos sus enseñanzas y consejos, y que si tenemos que morir, nuestros verdugos sabrán cómo mueren los comunistas, lo mismo que supieron cómo luchaban.
A la camarada Dolores, nuestro guía, nuestra maestra y ejemplo de luchadores, sólo dos palabras: un grupo de comunistas está casi en capilla, y cuando recibas ésta seguramente ya no existiremos. Sin embargo, queremos decirte que nadie ha podido arrancar una queja de nuestros labios ni nadie pudo impunemente echar basura sobre el nombre del glorioso Partido que diriges.
Nuestra mayor preocupación, desde que caímos en las garras de esta Gestapo española, fue poner bien alto el nombre del Partido, y de nada valió todas sus martingalas, porque, cuando alguien intentó insultar al Partido, hubieras visto a tus discípulos los comunistas, saltar como fieras en su defensa.
Hemos caído, mala suerte; pero sabemos que quedan muchos miles de españoles, comunistas y no comunistas, que la terminarán. Tu nombre, que es admirado y querido por millones de españoles, es nuestra bandera. Y todo lo damos por bien empleado, porque el orgullo de haber vivido honradamente y de haber sido dignos del título de comunistas vale más que la propia vida. No me importa lo que de mí digan los fascistas, pues lo que importa es lo que diga mi pueblo, al cual me debo y nos debemos todos.
Por él, por su libertad he luchado, lucharé hasta el último momento. Y cuando este momento llegue, estad seguros, camaradas, que un modesto militante del glorioso Partido Comunista sabrá morir como mueren los comunistas.
¡Viva el antifascismo español! ¡Viva el héroe de la resistencia, nuestro gran Partido Comunista! ¡Viva la más grande y valiente de las mujeres, nuestro jefe “Pasionaria”!
Cristino García
En la prisión de Carabanchel 15 de febrero de 1946
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Comentado por: Maleas el 23/2/2010 a las 11:22
Comentado por: c/p el 23/2/2010 a las 11:08
En realidad lo que subyace en esa, podríamos llamarla, "ideología de la cohesión, del todo social", es el historicismo puro y duro, que considera que la historia del hombre se desarrolla de acuerdo con férreas leyes. Este historicismo tiene su base en el pensamiento de la antigüedad, en Platón, que es el exponente de una sociedad cerrada, estructurada en una rígidamente. Esta idea de un totalitarismo cerrado, no admite reforma posible.
Desde Hegel, el espíritu supremo, que se encarna en un Estado dogmático, absolutamente cohesionado, ha sido la fuente que ha inspirado a todos los totalitarismos de la modernidad, tanto del fascismo, el nazismo y el marxismo dogmático. Y, naturalmente que puede haber una crítica a Marx. Es posible que podamos salvar algunos valores éticos del filósofo alemán; pero el resultado de la aplicaión de sus teorías lo convirtió en un falso profeta. Sin embargo, la crítica que Marx realiza al capitalismo totalitario se podría aceptar; el laissez faire capitalista, sin justicia, es completamente repudiable. La sociedad comunista, por otra parte, es el paradigma del historicismo totalitario, que posee una fe en leyes económicas e históricas absolutas, y que cree en el advenimiento de un paraíso en la tierra. Pero la tierra no es un paraíso; y la función de la política no es ninguna panacea para crear a ningún "hombre nuevo". El marxismo "científico" murió; pese a ello, la crítica moral del marxismo puede defenderse con tal de que no se halle en el seno de una sociedad como la cubana, p.ej. Por eso una crítica al inmovilismo actual de la izquierda, no es necesarimente la condición necesaria para condenar a quien la hace al infierno de los herejes, conversos o renegados, que vienen a ser lo mismo para las mentes que aún sustentan el maniqueísmo.
Comentado por: sera el 23/2/2010 a las 10:29
LCE, solo por haber motivado una de sus disertaciones ha merecido la pena decir un par de chorradas.
Por mi parte, lamento que la resaca no me aporte mucha lucidez esta mañana.
Solo decirle que lo de la superioridad moral de la izquierda no es tal, es sólo lo mismo que la derecha pero más. Como usted dice, los que se manifiesten esta tarde buscan su propio beneficio, por supuesto. No otra cosa es perseguir sinergia: buscar el "gana-gana" frente a la "suma cero". O sea, más beneficio (¡todavía!) o dinero o confort o lo que cada uno considere deseable para sí y su familia.
El que mejor vivía en la edad media no podía beneficiarse de los efectos de una simple aspirina. Es necesario que todos nos quitemos un poco para que pueda haber investigación en medicina. Claro que queremos nuestro propio beneficio. Sólo estamos convencidos de que, dejando la moral aparte, esta vía nos lo procura en mayor medida.
Comentado por: provoqueen el 23/2/2010 a las 10:08
Provoqueen,
Me ha llamado la atención la explicaciones que les ha dado a sus alumnos sobre el Estado del bienestar. Aunque muy apropiadas para unos futuros parados, tengo mis dudas de que acaben de ser exactas.
¿Subir los impuestos impopular? Hombre, lo será entre la minoría que los paga y que se encuentra en los tramos de renta afectados. Pero pocas cosas hay tan populares como salir a anunciar que los 'ricos' van a pagar más.
¿Subir los impuestos social? En principio sí, por supuesto, por definición. Le llaman social al sistema de redistribución de rentas. Pero claro, cuando se usa social aquí se le da un plus de sentido. Se dice, se les dice a los chavales: social quiere decir bueno, porque va a favor de la sociedad a costa del individuo. Sin entrar a discutir los valores que se cuelan así, ¿estamos seguros?
En principio parece claro: hay más cohesión porque los que reciben (la mayoría) se sienten más parte de la sociedad. Pero ¿nos lleva eso a algo que es 'más que la suma de partes'?
No veo en que punto esa redistribución altera la concepción de base: la sociedad como suma de individuos. Para decirlo rápido: el paso de Locke a Rawls no cambia la concepción social, aunque, eso sí, el segundo introduce un concepto de justicia 'social' que no está en el primero (que, por cierto, está ya en Aristóteles y Mills es el primero en usar).
Con más o menos impuestos y redistribución la concepción social no cambia. La sociedad se basa en las relaciones establecidas entre individuos que buscan sus propios intereses (no otra cosa harán los que se manifuesten hoy exigiendo que no cambien las condiciones de jubilación).
Pero podemos añadir algo más. Cuando Locke y compañía pensaron el mundo moderno, se basaron en algo muy básico: las pasiones, basicamente el miedo a la muerte, y no, como los antiguos, en la razón. Lo principal para el hombre es asegurarse la supervivencia. El fin de la sociedad no es buscar la dificil perfección del hombre sino 'conformarse' con sus imperfecciones naturales. No hacen falta amor, ni fe, ni esperanza, ni caridad. Basta con hombres racionales (y a ser posible, trabajadores). Y de aquí vienen los derechos, que, evidentemente, son del individuo. Los derechos no son más que los deseos una vez liberados de la idea de castigo divino. Y la sociedad se constituye para la satisfacción de esos deseos (vida, libertad y la búsqueda de la felicidad). Y con ellos vienen los deberes. Venimos a decir: 'si yo quiero vivir en paz he de cumplir la ley, etc.'
Los modernos no esperaban mucho del hombre. Una vez que se le reconocieran esos derechos y se calmaran sus mayores miedos, utilizaría su razón para ocuparse de sus asuntos como mejor le pareciera. Pero las cosas no han acabado de ir como preveían. En este sistema basado en las pasiones, hay un lazo directo entre ellas y los derechos. Y parece que los individuos tienden a exigir más y más de éstos. Ya no nos basta con dejar de temer a la muerte en cualquier esquina (la muerte ya no es lo que era, podríamos decir). Nuestra tranquilidad exige más y más, en una espiral por definición inagotable, como el deseo. (1)
Yo creo que las 'medidas sociales' no son otra cosa que la respuesta a esta demanda, lo cual no implica negarlas. Bien al contrario, es posible que esta situación se encuentre ya en el origen de la concepción social moderna y sea una consecuencia no prevista por sus funadores. Lo que desde luego no puede dar es ninguna posición de superioridad moral a quien la defienda.
Bien, he dicho no prevista por los fundadores. ¿Todos? No, aquí tambien hay un Aterix, solo que era suizo y se llamaba Rousseau. El sí vió el talón de Aquiles de la concepción Maquiavelo/Hobbes/Locke. Para él, el esquema de ellos era demasiado bonito para ser verdad. De hecho es en su análisis en el que se han basado tanto derecha como izquierda desde entonces. Sólo el centro, fiel a la idea fundacional, lo ha ignorado. Para Rousseau, las ideas ilustradas no sólo no bastan para fundar una sociedad, sino que conllevan el riesgo de disolución. El miedo a la muerte no basta: hay que amar la vida. Y el burgués, a diferencia del buen salvaje, no puede amar la vida. Se limita a buscar el confort. Aunque Rousseau sabe que la vuelta al estado natural es imposible. Para Locke la naturaleza es mala y cercana. Para Rousseau buena pero desgraciadamente demasiado lejana.
Hoy seguimos viviendo la división Locke/Rousseau, aunque bajo la forma economista/psiquiatra.
(1) Por cierto, es la aplicación de esta concepción sobre el antiguo régimen la que crea la división derecha/izquierda. La primera es la que se opone, principalmente por motivos religiosos, a ella. La izquierda es la que defiende esa concepción. El centro, ahora llamado derecha, se separa como reacción a una redicalización de ese esquema. La izquierda queda como el proyecto de transformar TODA LA SOCIEDAD con las ideas de la Ilustración.
Comentado por: LCE el 23/2/2010 a las 09:25
Con la edad uno no se hace necesariamente más crítico o autocrítico, de una forma automática. Se sabe de algunos viejos venerados por la izquierda que, cuando eran más jóvenes, participaban en orgías organizadas por altos dirigentes del PC cubano. Nunca salió de su boca una condena de la dictadura criminal implatada en Cuba, con todas las letras. ¿Quizá porque tuvieran miedo de que otros pensaran que estaban con los del bando contrario? ¿Por qué hay dictaduras más buenas que otras? ¿Si uno emplea la crítica contra esa izquierda es porque no sabe que se ha pasado al otro bando? Así es como piensa exactamente la estirpe criminal que manda en Cuba. La "cohesión social" para ellos es lo más importante; las personas importan poco. Pero uno puede preguntarse ¿cómo se puede llegar a concebir un todo sin sus partes? ¿Acaso esto no pura metafísica? Lo que distingue una democracia de una dictadura es que en la primera el individuo se debe al "todo"; sin embargo, en la segunda, se parte del individuo libre para dar cohesión a la sociedad, para organizar la convivencia sin que haya derramamientos de sangre cuando se cambia de gobierno, entro otras cosas más.
Comentado por: miguel el 23/2/2010 a las 07:58
Con motivo de mis prácticas del CAP surgió en clase la cuestión de por qué una medida puede resultar "social" y a la vez "impopular", por ejemplo: una subida de impuestos para redistribuir riqueza. Es decir, se planteó explicar a los chicos la diferencia entre 'social' y 'popular'; por qué dos cosas aparentemente muy similares, políticamente resultan ser diametralmente opuestas. La respuesta es sencilla: se trata de la concepción de la sociedad como un sistema cohesionado (la izquierda), o de la sociedad como una suma de elementos individuales (la derecha). La clave está en la intención -y, eventualmente, la capacidad- de crear sinergias entre los elementos que conforman la sociedad. En teoría es más eficiente la izquierda, porque sus desvelos van encaminados a que el conjunto se convierta en algo distinto y más complejo que la suma de sus partes.
Comentado por: provoqueen el 23/2/2010 a las 02:06
Veo con gran complacencia que a todos os ha impresionado el artículo de Félix, a unos por lo que dice y a otros por lo que calla....al final todos vienen al liberalismo....hasta que resulta que uno, si se parase a pensarlo friamente, tendría que reconocer que los suyos ya no son los de siempre, sino los otros, y si no lo reconoce es, como decía Elvira Lindo, por pura cabezonería.O no!
Comentado por: lenny el 23/2/2010 a las 00:13
DPA
Donde he dicho libertad quería decir igualdad. Cosas de las prisas.
Tan sólo pretendía señalar que los liberales plantean como objetivo la igualdad de oportunidades, mientras que la izquierda busca una igualación a posteriori. Es decir, que aunque usted sea más listo o trabajador que yo y las cosas le vayan bien, una parte de sus resultados vía impuestos me venga mí.
Quizás la principal característica de la 'tercera vía' de laborismo británico ha sido la aceptación de la meritocracia, en contra de su tradición igualitarista. Por otro lado, ya hace tiempo que los tories han dejado de defender principios aristocráticos. Todos al centro.
Comentado por: LCE el 22/2/2010 a las 23:26
Eso de que la Izquierda ha muerto creo que refleja un deseo de que así sea y a punto han estado de conseguirlo,algunos de dentro y los de fuera.
La frase " la clase obrera ha muerto " la escribió Manuel Sacristán poco antes de su propia muerte,fue su autocritica mas radical y lamentablemente no pudo elaborar la tesis. Hace ahora veinticinco años de aquello y Azúa lo ha recordado con una ironía que considero impropia.
La tarea de la Izquierda no es otra si no la de hacer efectivos los principios que Vic recuerda de Libertad,igualdad y fraternidad y de paso acabar con la locura del despilfarro degradador del planeta.Esa es la lucha final.
Efectivamente Miguel,la noción de parausia ha calado hondamente entre los humildes y oprimidos a lo largo de la Historia,los resultados que ese espejismo ha dado han sido siempre desastrosos.No se trata de creer,se trata de crear.
Comentado por: Maleas el 22/2/2010 a las 21:01
The treason of the intellectuals and “the undoing of thought”
by Roger Kimball
http://www.travelbrochuregraphics.com/extra/treason_of_intellectuals.htm
Comentado por: c/p el 22/2/2010 a las 21:00
Comentado por: LaVingen el 22/2/2010 a las 20:43
En realidad esta mañana yo hablaba de la supremacía de los libros frente a la política a la hora de dignificar la vida privada de cualquiera, pero ya puestos a entrar en materia sí puedo decir que en la dictadura comunista en la que crecí se vivía muy bien, sobre todo en el barrio de los aparatchkis, donde nunca nos faltó de nada, bien al contrario que en el 99% restante de la ciudad, donde las colas daban vueltas a las manzanas. Mis vecinos, hijos de ministros y de generales, solían revender lo que compraban en las tiendas para diplomáticos. Decían que su gesto era político y de desafío a la autoridad, lo cual no les impedía a la vez entrar en el ejército y en las mejores facultades y perseguir a los desviacionistas con los que meses atrás habían compartido botín y farras. Pero bueno, la gente de la calle (los robotniks) se apañaba bien: por ejemplo, como los pasaportes no los podían guardar en casa sino en la comisaría, mientras esperaban turno para conseguir el permiso para viajar una semana al exterior (eran afortunados, podían visitar de vez en cuando la RDA, Bulgaria, Rumania o la URSS), aprovechaban para ver si conseguían comprar un poco de té o de mantequilla; lo uno y lo otro llevaban tantas décadas racionados que seguían sabiéndoles mejor que los pasteles. Además los libros y discos rusos eran baratísimos: la cultura se potenciaba por encima de todo, aunque no sé por qué, cuando volvía de mis vacaciones, en la aduana siempre me requisaban los libros y discos que me había comprado en Madrid. En España ya había un rey y una democracia. Eso acomplejaba mucho a mis compañeros de clase, pero nuestro profesor de marxismo y defensa nacional (marksisam i narodna odbrana) siempre decía: "ya veremos en qué nos convertimos unos y otros dentro de treinta años". No han pasada ni veinte, pero ya no puedo intercambiar opiniones ni con él ni con el resto de alumnos, porque no queda ni uno vivo. ¡Lástima! con lo bien que explicaba este señor la lucha de clases...
Mr. Vic, hope you had a nice stay in UK. Ya nos contará.
Saludos
Comentado por: knudsen el 22/2/2010 a las 20:22
LCE:
La diferencia entre centro e izquierda es que el primero defiende la libertad al principio de los procesos sociales, mientras que la izquierda busca que se mantenga al final de los mismos.
¿Sería tan amable de explicarnos eso?
Comentado por: DPA el 22/2/2010 a las 20:18
Es saludable criticar los errores políticos y morales del presidente Zapatero y su gobierno, pero no ofrecer una crítica de las demás opciones políticas existentes resta cierto peso al argumento. ¿No sería más productivo preguntarse bajo qué clase de proyecto político habría que reconducir la nación? ¿No es esta la pregunta que deberíamos hacer desde la izquierda, desde la derecha, desde las terceras vías, etc.? Sin duda la izquierda está en crisis, atomizada, y esta crisis puede durar mucho tiempo, pero no creo que haya dejado de existir. Creo que el verdadero reto político de la izquierda está en hacer ver a los ciudadanos que la libertad y progreso individuales no pueden entenderse al margen de la responsabilidad y vida colectivas. Un debate objetivo sobre estos conceptos podría esclarecer las diferentes posturas políticas y, quién sabe, tal vez ayudara a la izquierda a encontrar su norte.
Comentado por: RAJ el 22/2/2010 a las 19:17
Si me permiten, un par de observaciones:
1. Lo que dice Azúa es algo tan elemental, tan obvio, que me parece mentira que susucite algún comentario. El que de todos modos lo haga es lo que debería llamarnos la atención.
2. Propiamente hablando, ya no hay derecha. El abanico político y sus denominaciones, se han reducido al centro y a la izquierda, incluso si seguimos el hilo hasta el origen de las denominaciones. Ya no hay partidos 'de la aristocracia', ya nadie defiende el voto censitario o la teocracia. Los valores que cita Vic, libertad, igualdad, son comunes a todos los grupos políticos mayoritarios en occidente. La diferencia entre centro e izquierda es que el primero defiende la libertad al principio de los procesos sociales, mientras que la izquierda busca que se mantenga al final de los mismos.
Comentado por: LCE el 22/2/2010 a las 18:58
sí, d. Félix, y el problema es que todavía hay gente que cree (y combate por), en la (r)evolución, la libertad, la igualdad y la fraternidad...el romántico, 'luchemos por mejorar el mundo', y cosas parecidas. Cuando escucho eso, que se da como cocktel molotov a los jovencitos, y, des soi-disant idéalistes, vuelvo la cabeza hacia la triple corona, al Vaticano, a la Iglesia, con esa, tan suya, siempre seguida, lex parsimoniae, esa lentitud -a la que tan bien se refiriera Canetti en su 'Masa y poder'-, esa perspectiva de eternidad; y todo eso, se advierte deleznable, como un azucarillo, pues la izquierda, la justicia, la revolución, las reformas, siempre tienen prisa, siempre les falta tiempo...pero, es el tiempo, lo que le sobra a la reacción...
saludos
Comentado por: vic el 22/2/2010 a las 18:15
De su comentario colijo que o bien es usted mujer u hombre muy joven o coliflor con bechamel al horno, CE. Sepa, en cualquier caso y para futuras tertulias, que los problemas de próstata impiden mearse de risa y no lo contrario.
Lo del córtex vamos a dejarlo pasar porque no quita lo valiente.
Comentado por: a ojo de buen cubista el 22/2/2010 a las 17:27
Pero CE, si ud. y el buen cubista están usted diciendo exactamente lo mismo...
Dijo una vez Elvira Lindo: "yo hay días que pienso que si no creo en dios es por pura cabezonería".
Sucede que la vida puede sorprendernos con eso mismo que ustedes, cubista y CE, están diciendo. Me explico.
Uno, de joven se alineó a la izquierda, y con el paso de los años uno sigue fiel a esa posición, uno sigue sintiendose de izquierdas (la posición política en que uno se ve a sí mismo tiene mucho de sentimiento, gran error), solo que de vez en cuando ejerce "la autocrítica" para con "los suyos", que para eso uno ha madurado y ha adquirido capacidad crítica y honestidad intelectual.
Y pasan los años y uno cada vez va haciendo más y más "autocrítica" y más "autocrítica", hasta que resulta que uno, si se parase a pensarlo friamente, tendría que reconocer que los suyos ya no son los de siempre, sino los otros, y si no lo reconoce es, como decía Elvira Lindo, por pura cabezonería.
Comentado por: provoqueen el 22/2/2010 a las 17:24
Comentado por: cumpleaños feliz el 22/2/2010 a las 16:58
Al cubista. ¡A ver si va a ser de la próstata! Reírse porque Azúa está "ejerciendo la autocrítica...a la izquierda". Seguro que es la próstata y no la risa. Risa la que da usted, cubista, por no saber relacionar los términos de una frase. No se dice ejercer la autocrítica a la izquierda. En todo caso ejercer la crítica. La autocrítica se la hace uno a sí mismo (auto) o dentro de cualquier ámbito donde uno comparta algo con alguien, como por ejemplo una ideología. Así que vaya al médico. Puede ser la próstata o algo más relacionado con el cortex.
Comentado por: CE el 22/2/2010 a las 15:59
Yo , no soy de izquierdas, soy liberal, lo proclamo y defiendo y por tanto estoy en contra de lo que Félix de Azúa postula, pues él piensa que ser liberal es ser conservador, estar a favor del statu quo y de las causas más retrogradas. Esa impresión ha sido producto de una visión superficial y con enfoque economicista del liberalismo. Y si bien es cierto que existe un grupo de liberales que han asumido esa posición, no es de manera alguna la de todos los liberales. Desde un punto de vista filosófico y sociológico, ser liberal también significa, estar en favor de la libertad del ser humano, del hombre y de la mujer; estar en favor del respeto a sus derechos, de la tolerancia, de la democracia, del diálogo, del acuerdo, del respeto incluso a las minorías, porque finalmente nadie se puede asumir como portador de la verdad, y menos aun de la verdad absoluta. Partiendo de dicha idea, ser liberal es ser radicalmente progresista y por ello de izquierda, aunque sea una izquierda diferente al anarquismo, el socialismo o el comunismo, generalmente identificadas con esa ala política. Es estar a favor de dejar de considerar que en todo problema el individuo debe ser sacrificado en favor de las mayorías; es reconocer la existencia y la valía de cada ser humano y es pensar que cuando cada individuo, pueda desarrollar todas sus habilidades y capacidades corporales, intelectuales y morales, y su vocación, estará en mejores condiciones de aportar algo valioso a su sociedad. Por otra parte, ser liberal es pensar que el futuro puede y debe ser mejor; que el presente nunca será tan bueno como el futuro próximo. Por ello, para el liberalismo que defendemos, no se ha acabado la historia, y ni se ha logrado establecer el mejor régimen político, económicos y social posible, estos están aún por construirse, y a ello se convoca a toda persona, a todo ciudadano. Desde la perspectiva que defendemos, la libertad de unos no se puede fincar en el sometimiento y la esclavitud de otros. Por eso, todo liberal debe promover activamente el que otros también sean libres y alcancen el más alto grado de bienestar posible. No hacerlo así es reproducir el satu quo en donde visto a fondo, todos seguimos siendo esclavos unos de otros.
Ser liberal es, pues, ser progresista, que la mayoría, si no es que toda la población, tenga efectivamente libertad de pensamiento, opinión, expresión; que tenga efectivamente libertad en cualquier actividad que decida emprender; que tenga igualmente la misma base mínima necesaria para que, a partir de esa base, se desarrolle plenamente como ser humano, incluyendo en eso su individualidad, tanto como su ser social, es decir, su participación en grupos, comunidades y organizaciones. Esa base la constituyen la educación formal e informal que hace posible la convivencia y las relaciones sociales; la cultura, la salud, la nutrición, la seguridad social y pública. el trabajo, la remuneración suficiente. Al Estado y la sociedad civil misma, corresponde crear y reproducir dicha base.
Por todo ello, la lucha liberal es contra todo intento de monopolizar el pensamiento, la economía, la política, la vida social y cultural; es contra toda mala intención de instaurar el absolutismo y las verdades finales e incuestionables, es la lucha contra los prejuicios, el sentido común, y la unilateralidad de los puntos de vista. La postura liberal es entonces una invitación a oír, a entender, a criticar, a proponer, a actuar, en un ambiente de tolerancia y respeto, que permita la pacífica convivencia.
El progreso solamente se puede dar en un ambiente de libertad económica, política y cultural; el desarrollo de las ciencias sociales en general, y las profesiones liberales, no hubiera sido posible sin la decidida participación de los liberales, que con su lucha abrieron a las sociedades para permitir la aparición de nuevas ideas, nuevas formas de organización, de trabajo, de producción, de arte etc. Cualesquiera que sean los nuevos proyectos políticos y económicos, los nuevos modelos de sociedad, si quieren ser progresistas y por ello, beneficiar al ser humano, no pueden dejar de lado ese gran legado del liberalismo: la libertad del individuo, el respeto a sus derechos humanos, la igualdad de oportunidades, la fe en la capacidad del hombre para superarse, ser creativo, original, activo y propositivo, es decir, ser más humano.
Comentado por: lenny el 22/2/2010 a las 14:22
Comentado por: A ojo de buen cubista el 22/2/2010 a las 14:07
¿Y cuál es el socialismo del siglo XX? Es más, ¿y del XXI? Ah, ¿pero EL PAIS no es un periódico plural? Al Delfín lo han dejado fuera de la sucesión. Todo ese discurso suena a resentimiento hacia Félix. Sálvame, Flipper, que estoy flippando. Mira, a falta de escribir en EL PAIS, podrías participar en el programa de un tal Vázquez y poner verde a todo dios.
Comentado por: del fin al olvido el 22/2/2010 a las 14:01
Por fin, por fin... veinte años llevo yo - siempre de izquierdas - esperando este artículo, esperando a que la izquierda europea reconozca sus errores, se reconozca en sus defectos, en sus fanfarronerías, ilusiones vanas y maldades, desde Sartre a Grass, y así poder empezar a reconstruir. El problema ahora es: ¿dónde están los compañeros de viaje? Porque esta socialdemocracia de salón y señoritos que tenemos ahora...
Comentado por: arturo el 22/2/2010 a las 13:25
No, si al final va a haber una tipificación en responsabilidades no estando precedidas por las buenas intenciones que se consiguen así haya hecho más o menos ruido "el responsable" en los periódicos de tirada nacional( ese medio donde tampoco deja de haber ganapanes).En efecto, es muy raro que un amigo te preste 1.000€ y casi que te tengas que conformar con algo de su caridad, aunque sea espiritual.Estamos.Lo importante, sin embargo, sería disimular siquiera cuando menos,¿un poquito tan solo quizás?, el bombo y platillo del colegueo que se da en prensa con ciertas ideas manoseadas (Azúa, no te privas, no,¡caray!) y dejar de pintarse tanto de cara a cierta galería, que ya huele y que ni dando ínfulas de críticas izquierdistas al personal contra esa supuesta seudoizquierda son creíbles ni dejan ser menos vistosas o sospechosas.Le puede pasar a uno como al soldado ante la jura de bandera, que de tan destacado que era su paso en la formación llegaba a ver hasta su madre lo delirante y "diferente" que marchaba el chaval. Hay ciertas gentes que echan demenos esas batallitas revolucionarias, cierta izquierda soñada ayer,comprensibles, tan necesarias como la de hoy, junto a las peras del comunismo trasnochado (ahí tenemos a los pamplingosos de IU, tan afines), en definitiva, el "camaradeo" que abunda y hiede ( en esta web, por cierto, hay demasiado tufillo de camaradas, no hablemos de los comentaristas), pero de ahí a querer movernos de cara al garbo que muestra el soldado, va un trecho largo.No obstante, siguen vendiendonos que remueven conciencias desde cierta condición privilegiada, que mira por donde, no deja de ser eso, un privilegio usufructo establecido por ese mismo Estado al que critican: está muy bonito, sí señor, vaya que sí, hacer balance de la izquierda cuando se ha estado toda la vida metido en un aula universitaria ejerciendo de "experto"... El diagnóstico, siempre el mismo: de tan repetitivo no puede extrañarse nadie( ja,ja,ja) de que tenga tantos adeptos ni que por otra parte toque fibras que desconozcan esos mismos beneficiados con los "programas" consolidados por la izquierda.En pocas palabras: sobran tolais en las filas de la seudo y en la de proizquierda soñada.¿Pero a qué viene tanto para decir que uno no pertenece, o le gustaría, pertencer a la izquierda pero no ahora cuado está en horas bajas no vaya a ser que se manche y se aliñe de otras tintas? ¿Tal vez es el mismo mal que temían aquellos intelectuales que retratas( señor Azúa) y que no fueron a dar con los huesos en la cárcel? ¿Tal vez cuando se cure y recomponga esta (si es que en verdad se tiene empeño en que así sea)? Por lo menos en aquella época tiene que se jugaban el pescuezo...Pero hoy, menudos cantamañanas.Menudos mamelucos.
Admitamos, pues, la mitología de los izquierdistas de pro, es decir,de los auténticos y que ni ejercen ni militan pero tienen el suficiente descaro como para opinar que existe otra,o ninguna izquierda, aunque tampoco sepan trazar ni describir a no ser la aborrecida, la inexistente actualmente y echada en falta por monsieur De Azúa,la medio olvidada del siglo XX, haciendo el uso de la infamia al calor de furgones que ellos tampoco se preocuparon de empujar en su día, estando, como están hoy, entretenidos y soñando, ¡ ellos mismos lo dicen!: como "monaguillos de la revolución maoísta". Así que de práctica(supuestamente otra que la que hace la derecha) nada había en aquellos jóvenes ardorosos, hoy encaramados en cátedras y viejos ya y algunos ejerciendo la opinión en periódicos ultras.Eran y son simplones ideólogos.
Ahora, eso sí queda bien, en un intelectual de tantas medias tintas, o como se le quiera llamar a la cosa, cuando escribe en un periódico dirimiendo de izquierdismo diciendo que " No es que la izquierda ande desnortada o carente de ideas", sino que " es que no existe" sin que con ello se consiga decir absolutamente nada, ni de quien maneja la barca ni de quien la hunde, pero sí dejar a las claras que su autor, pobremente, sólo muestra que no tiene ni puñetera idea de lo que es el socialismo del siglo XX.
Comentado por: Delfín el 22/2/2010 a las 13:15
Por mi mano que no quede, Meleas. Claro, nadie se salva de las influencias ideológicas. Yo ingresé en el PCI, una mezcla de trosztkysmo y maoísmo, con 17 años, en la clandestinidad. Más tarde, durante la Transición, fui dirigente del PCE local de mi ciudad. No sé, en este puto país, si haces una autocrítica y te das cuenta de la comedura de coco a la que te someten a cierta edad, eres un chaquero, un converso (pura influencia judeo-cristiana). Imagina que los científicos no se estuvieran cuestionando constantemente su forma de ver la naturaleza, ¿acaso estaríamos ahora en un mundo donde la biología y la tecnología, interactuando, abren infinitas fronteras, destruyen todo lo que antes teníamos como incuestionable, como inamovible? Por ahí va el asunto. ¿Por qué no ver a la política de ese modo, más científicamente? ¿Qué la hace ser intocable en ese sentido a la política? Me refiero a cuestionarnos nuestras propias creencias, lo que consideramos sagrado. La lealtad ciega es mera pasión. La lealtad a la crítica y a la autocrítica constante es racionalidad. Siempre hay que contar con los errores del pasado para no volver a caer en ellos. Ése es el fundamento para la construcción de un sólido discurso crítico. Ya sabemos a dónde nos condujeron las ideologías del novecento. Yo nunca he votado al PP; pero no me siento más de izquierdas ocultando los errores de ésta y maldiciendo la hora en que nació Aznar constantemente, para dar testimonio de mi fe y de mi lealtad de izquierdas, p.ej. Ésa es la etiqueta que lucen muchos "intelectuales de izquierdas". Me parece muy bien, hay que comer todos los días; pero nada más.
Comentado por: miguel el 22/2/2010 a las 13:02
Eso de un regimen sin partidos pero que no sea una dictadura,tiene miga. Sin animo de ofender,me ha hecho reir un rato.Me ha recordado aquello que decía un ministro de Franco,Solís el Sastre : Ni partidos políticos ni partido único,la solución es el Asociacionismo.Dicho con acento de Jaen tiene mas gracia.
No Miguel,no se trata de incitar al odio,si bien el odio existe,por el contrario,de lo que se trata es de poner a cada uno en su sitio y que la verdad y la justicia vuelvan a este país,traidas de nuestra mano,claro.
Comentado por: Maleas el 22/2/2010 a las 12:18
Comentado por: DPA el 22/2/2010 a las 11:41
Comentado por: Circe el 22/2/2010 a las 11:18
Una pintada anarquista que vi hace tiempo y que me desató la carcajada:
"¡FRANCO, HIJOPUTA, VUELVE!"
Comentado por: provoqueen el 22/2/2010 a las 10:55
Bueno, bueno, yo intenté una vez pagarle con una edición de Crimen y castigo el alquiler a mi casero y me puso en la calle, el muy desagradecido e inculto.
Pero al asunto.
Parece que algunos eran mucho más felices viviendo contra Franco y para mantener el ánimo lo reencarnan allá donde le apetece. Son muy libres de hacerlo, bastante más que entonces, tan libres que pueden no hacerlo allá donde les apetezca.
Por ejemplo, si uno visita la ubérrima Valencia, todo puede resultar del luminoso color de la música y las paellas teologales. ¿De qué se va a hablar? ¿Del corte y la confección locales? Pues eso, que muy libres.
Ah, me encantan las admiraciones tan acertadamente colocadas en el presente texto. ¡Son casi tan musicales y paelleras como el mismo encabezamiento! Y es que ya se sabe, la izquierda de este país es y ha sido tan pérfida que no sólo ha hecho buena a la derecha, sino que la ha beatificado. Ascendida a los cielos, no merece ni nombrarse. Mismamente como dios.
Comentado por: Romeo Romo Rema el 22/2/2010 a las 10:40
Bien dicho, don Félix, pero me gusta más la introducción que el desenlace porque "la capacidad para inspirar entusiasmo y para ofrecer esperanza en una vida más digna que su actual caricatura" la tienen los libros y no los partidos políticos, que sólo se sostienen porque no se ha inventado -ni parece posible- un sistema que los elimine y que no sea una dictadura.
Comentado por: knudsen el 22/2/2010 a las 09:57
Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas , Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horas y Autobiografía sin vida (Mondadori, 2010). Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.
La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.
Ensayo
Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.
La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.
Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.
Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.
La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.
Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.
Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.
Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.
Venecia (1990). Planeta, Barcelona.
El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.
La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.
Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.
Novelas y prosa literaria
Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.
Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.
Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.
Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.
Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.
Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.
Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.
Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.
Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.
Última lección (1981). Legasa, Madrid.
Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.
Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.
Relatos
"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.
"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.
"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.
"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.
"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.
"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.
El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.
Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.
"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.
"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.
Poesía
Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.
Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.
Farra (1983). Hiperion, Madrid.
Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.
Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.
Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.
Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.
Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.
El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.
Cepo para nutria (1968). Madrid
1987 Premio Anagrama de Novela.
2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".
2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.
12/2/2012 19:57
Pro, lo que propones es justo lo...
Publicado por: juliano apostata
12/2/2012 18:15
Whatever you need Anything you...
Publicado por: I´m every woman
12/2/2012 13:00
Post muy interesante. Siempre...
Publicado por: George Mathew
12/2/2012 12:30
Muy interesante su artículo...
Publicado por: p
12/2/2012 11:10
La SS la pagan los empresarios....
Publicado por: monigote
12/2/2012 01:51
Me gustó la analisis . Tenemos...
Publicado por: Enno Winkler
11/2/2012 23:57
Publicado por: son como niños
11/2/2012 17:37
@realismo social. Lo que dices...
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11/2/2012 17:09
Supongo que alguien ya la habrá...
Publicado por: Uno
11/2/2012 15:22
Yo que el empresario procuraría...
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