El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 23 de mayo de 2012

 Blog de Félix de Azúa

También los fariseos comen marisco

En un espléndido reportaje, David Foster Wallace describió los rituales del Festival de la Langosta de Maine, un festejo gastronómico en el que cada año se consumen cientos de toneladas de langosta, parejo a esas fiestas en las que los asistentes devoran montañas de caracoles. Todo muy jovial, familiar y tradicional.

    Luego procede a explicar cómo se cuecen las langostas y por qué hay que hervirlas vivas si queremos mantener su sabor, el silbido que producen al agonizar así como cuánto tardan en morir. También expone de modo escueto el sistema nervioso de los crustáceos para disipar dudas sobre su capacidad para sentir dolor y otros datos que permiten deducir las ingentes cantidades de dolor que causamos cada vez que nos comemos un filete de ternera, una lubina al hinojo o un conejo a la mostaza. Se puede leer en español: "Hablemos de langostas" (Debolsillo).

    Es cierto que los humanos infligimos terribles torturas a los animales, incluso cuando los amamos. Es cierto también que el toro sufre en la plaza. Sin embargo, el argumento del dolor no basta para sostener moralmente una prohibición como la que quizás haya tenido ya lugar en Cataluña. Escribo esta columna antes de que se haya votado, de modo que su contenido no responda al resultado. Adivino que se impondrá la prohibición porque no he visto ideólogos con mayor talento para hacerse enemigos que la casta política catalana. Allí en donde pueden prohibir, prohíben, donde pueden imponer, imponen, donde pueden obligar, obligan. Es un gobierno que no estima la decisión personal, la moral propia, la responsabilidad individual. Sólo le gusta lo gregario y lo obligatorio.

    Sea cual haya sido el resultado, no creo que la prohibición obedezca a la compasión, a la bondad, a la piedad. Creo que se debe a razones ideológicas que distinguen al toro en lugar de la langosta o el cabrito por motivos de oscura irracionalidad. Estos mismos represores, obligados a una legislación real sobre maltrato animal, (circos, festejos de pueblo, estabulación, transporte), serían inmensamente crueles.

 

Artículo publicado el  sábado 19 de diciembre de 2009.

[Publicado el 29/1/2010 a las 09:00]

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Comentarios (60)

  • " So out of concern for both fish and human beings we should avoid eating fish. Certainly those who continue to eat fish while refusing to eat other animals have taken a major step away from speciesism; but those who eat neither have gone one step further.

    When we go beyond fish to other forms of marine life commonly eaten by humans, we can no longer be quite so confident about the existence of a capacity for pain. Crustacea - lobster, crabs, prawns, shrimps - have nervous systems very different from our own. Nevertheless, Dr. John Baker, a zoologist at the University of Oxford and a fellow of the Royal Society, has stated that their sensory organs are highly developed, their nervous systems complex, their nerve cells very similar to our own, and their responses to certain stimuli immediate and vigorous. Dr. Baker therefore believes that lobster, for example, can feel pain. He is also clear that the standard method of killing lobster - dropping them into boiling water - can cause pain for as long as two minutes. He experimented with other methods sometimes said to be more humane, such as placing them in cold water and heating slowly, or leaving them in fresh water until they cease to move, but found that both of these led to more prolonged struggling and, apparently, suffering. If crustacea can suffer, there must be a great deal of suffering involved, not only in the method by which they are killed, but also in the ways in which they are transported and kept alive at markets. To keep them fresh they are frequently simply packed, alive, on top of each other. So even if there is some room for doubt about the capacity of these animals to feel pain, the fact that they may be suffering a great deal, combined with the absence of any need to eat them on out part, makes the verdict plain: they should receive the benefit of the doubt. "
    -Peter Singer, Animal Liberation. 1990


    http://crustastun.com/


    http://www.corriere.it/animali/07_dicembre_22/aragoste_astici_denunce_lav_8fb67a06-b082-11dc-bb54-0003ba99c53b.shtml

    Comentado por: el farifeo el 02/2/2010 a las 13:18

  • esto no tiene nada que ver con el post y es muy poco intelectual, lo se... pero por favor, AMIGO FELIX, cuando se va a conocer el fallo del premio BRUGUERA de novela?..
    http://www.youtube.com/watch?v=nRTZv4PfnSk

    Comentado por: AMIGO FELIX HAZME SOLO UN FAVOR... el 01/2/2010 a las 21:29

  • El rayo que no cesa
    (Miguel Hernández)

    17

    El toro sabe al fin de la corrida,
    donde prueba su chorro repentino,
    que el sabor de la muerte es el de un vino
    que el equilibrio impide de la vida.

    Respira corazones por la herida
    desde un gigante corazón vecino,
    y su vasto poder de piedra y pino
    cesa debilitado en la caída.

    Y como el toro tú, mi sangre astada,
    que el cotidiano cáliz de la muerte,
    edificado con un turbio acero,

    vierte sobre mi lengua un gusto a espada
    diluida en un vino espeso y fuerte
    desde mi corazón donde me muero.

    23

    Como el toro he nacido para el luto
    y el dolor, como el toro estoy marcado
    por un hierro infernal en el costado
    y por varón en la ingle con un fruto.

    Como el toro la encuentra diminuto
    todo mi corazón desmesurado,
    y del rostro del beso enamorado,
    como el toro a tu amor se lo disputo.

    Como el toro me crezco en el castigo,
    la lengua en corazón tengo bañada
    y llevo al cuello un vendaval sonoro.

    Como el toro te sigo y te persigo,
    y dejas mi deseo en una espada,
    como el toro burlado, como el toro.

    Comentado por: c/p el 01/2/2010 a las 17:11

  • El eminente filósofo Francis Wolff se ha convertido en referencia partisana del movimiento taurino. No sólo en Francia, donde multiplica su activismo dialéctico. También en España, como viene a demostrarlo su papel de invitado y de testigo en la comisión del Parlament catalán que discutirá en breve la abolición de las corridas de toros.
    Francis Wolff ha redactado y publicado 'Cincuenta razones para defender la Fiesta' ('www.passion-toros.com'). No viene a cuento enumerarlas todas, pero sí airear seis motivos seis que contradicen el acoso político y animalista a un acontecimiento donde el arte y la muerte aparecen sin tabúes.
    ECOLOGÍA
    «Los toros son un bien ecológico. Me refiero a la biodiversidad de las dehesas y las marismas donde el toro de lidia desempeña un papel central. La ecología es la defensa del ecosistema, de las especies, de la ganadería extensiva. Y esos tres principios se recogen privilegiadamente en el toro de lidia. ¿Qué sentido tendría forzar su desaparición?»
    Francis Wolff reprocha al movimiento antituarino haber subestimado o negado los riesgos ecológicos y medioambientales que implica la abolición de las corridas, sin olvidar «las excepcionales condiciones de vida que disfruta el toro hasta su muerte». Pone como ejemplo contrario a los bovinos estabulados y al fenómeno de la ganadería industrial.
    ÉTICA
    Wolff desmiente que la convocatoria de espectadores en una plaza consista en gozar de la crueldad y en la agonía. Los aficionados acuden por razones elevadas. Empezando por la admiración al combate del toro y terminando por el aplauso a la gallardía del torero.
    El contexto de semejante pugna ética y estética es el rito, cuya falta de peso en las sociedades desacralizadas, como las nuestras, amenaza y arrincona a los fenómenos culturales que reivindican la liturgia, la simbología y la relación con la muerte.
    «La muerte se ha convertido en algo vergonzoso. Por eso la negamos, la escondemos y nos decantamos por modelos asépticos. No existe el duelo. Predomina la apología de la juventud eterna. Aceptamos la muerte del animal y de nuestros congéneres siempre que no la veamos. Mucha gente no entiende ya la ceremonia de la muerte. De ahí proviene la distancia con la corrida. La corrida mezcla la fiesta de la vida con la tragedia de la muerte. Es un pasaje ceremonial hacia la muerte. En la corrida, el toro muere y el torero puede morir. La vida no es un estado, es un acto, un acto contra la posibilidad misma de la muerte».
    ESTÉTICA
    La corrida es un fenómeno artístico y estético a cuenta de la creatividad. Aglutina en el ruedo la cultura popular y la sofisticada, del mismo modo que compagina el arte en sentido clásico �el canon, la belleza, la armonía, la coreografía� con el arte en sentido posmoderno. Se explica Wolff a propósito del matiz: «La verónica, el natural, el trincherazo son momentos efímeros e irrepetibles. A imagen y semejanza del arte vivo, de la performance, la corrida existe sólo cuando se crea. Ocupa un espacio intermedio entre el arte y la realidad».
    Nada que ver con un acontecimiento rancio, castizo ni cañí. La prueba está en que Wolff destaca como valor esencial la universalidad. «No es la Fiesta Nacional de España ni la sola referencia patrimonial de un país. Ir a los toros es una elección personal del aficionado, una pasión. Ha adquirido una dimensión universal gracias al atractivo de los valores que encierra. Universal no quiere decir que deba exportarse. Universal quiere decir que es posible reconocerse en sus coordenadas: la vida y la muerte. Lo bello y lo sublime. La ética y la estética. El sacrificio de uno mismo y el miedo a morir. La creación de la belleza».
    LA COMUNIÓN
    La plaza es redonda, como los espacios lúdico-teatrales de la cultura griega. E igual que aquéllos el ruedo y su graderío sirven de espacio común al encuentro y conciliación de la comunidad. Se trata de un lugar de reunión y de consenso. «Que por un lado muestra la festividad y por otro enseña el aspecto trágico», razona Wolff.
    Sería el aspecto trágico precisamente el que lo diferencia de las manifestaciones deportivas al uso. Quiere decirse que la comunión de la plaza es más honda y genuina. Y que considerar la corrida un espectáculo de izquierdas o de derechas caricaturiza su propia esencia eucarística.
    Wolff invita al aficionado a que alce la cabeza y camine orgulloso. Nada tiene que esconder ni nada de qué avergonzarse. «Los españoles tienen una relación problemática con la llamada Fiesta Nacional. Que abandonen la actitud pasiva, resignada, culpabilizada. La corrida no es del pasado, ni la España negra, ni el franquismo. La corrida no es el folclorismo racial y anacrónico como París tampoco es Pigalle. Hay una intelectualidad reacia que se atrinchera en el malentendido y el desconocimiento», explica el autor de 'Cincuenta razones�'
    EL PROHIBICIONISMO
    No deja de sorprenderle a Wolff que Cataluña haya emprendido una campaña prohibicionista cuando se define a sí misma como una nación tolerante, abierta y garante de las libertades. Así es que la abolición en curso no sólo implica concebir una ley restrictiva a medida de un espectáculo concreto. También presupone una actitud intervencionista y paternalista en una cuestión tan abstracta como la sensibilidad.
    «Hay que respetar a quien no le gusta la corrida y comprender sus razones. Pero la sensibilidad no es un argumento. Y menos aún cuando trata de reprochársele al aficionado una especie de placer perverso hacia el sufrimiento. No me gusta la pesca. De niño me asustó la agonía de un pez.
    Ahora bien, no voy a organizar una campaña para abolir la pesca. No sé si un pez sufre más cuando muerde el anzuelo o cuando lo devora un pez más grande». Por unas y otras razones, Francis Wolff concluye que «la abolición de las corridas es un retroceso de la libertad y de las libertades», amén de un inquietante precedente. «Que sea la sociedad la que decide qué hacer con las corridas. En Cataluña estaban desapareciendo por el desapego y el distanciamiento de la gente. ¿Qué motivos hay para legislarlas?».
    EL AMANERAMIENTO
    La corrida de toros contradice la humanización de los animales que han emprendido las sociedades modernas. Han inventado el perro de compañía, sublimado la mascota y convertido en dibujos animados las criaturas más feroces.
    Hasta la despreciable rata ha adquirido categoría de mito entrañable gracias a 'Ratatouille'. «El mundo moderno ha perdido el verdadero contacto con la naturaleza. Vemos a los animales como criaturas de Disney. La relación con el toro no es de ternura, ni de compasión, sino de admiración, de respeto. Y eso cuesta entenderlo a ciertas mentalidades urbanas, alejadas del campo», concluye Wolff.

    Comentado por: Incitatus el 01/2/2010 a las 10:35

  • Voy a citarme, en contra de mi costumbre a ver si lo ve un poco más claro:

    "No siento simpatía por los toros, ni por los toreros, ni por los animales en general, incluidos los humanos -especialmente por algunos de ellos- pero no por eso me parecería bien fomentar espectáculos en los que se torturase por ejemplo, a un terrorista, o a una tortuga o a un elefante o un toro. Según uds los comedores de langosta deberían estar lógicamente, por el hecho de comer langosta, dispuestos a todo."

    Si señalo que para Azúa no es moralemente sostenible prohibir las corridas, no es porque esté de acuerdo con él, puesto que precisamente me he declarado con anterioridad en contra: es para basar la discusión en ese aspecto,el moral,en el que el propio Azúa basa su argumentación.
    Es para situarme en esa línea del debate, puesto que lo que me pedía apócrifo es que lo examinara desde el punto de vista de la política local.

    Comentado por: escarola el 01/2/2010 a las 10:30

  • Creo que está clara mi postura, srta corre corre, no corra tanto en sus deducciones y parese a leer un poco: estoy tan en contra de las corridas de toros como de torturar a animales para hacer películas,no faltaba más.

    Comentado por: escarola el 01/2/2010 a las 10:23

  • supongo que lo que sí les parecerá mal a ustedes es que se torture animales para hacer películas, aunque estas sí sean arte y de gran provecho y difusión, al contrario que las corridas, que sólo son arte desde que hace falta justificarlas cultural y filisteamente (es decir, de forma auténticamente farisaica)

    Comentado por: Srta. correcorre el 01/2/2010 a las 09:49

  • Habran mil formas de escapar del principio realidad pues ni al ejemplo se aviene pero tal vez haya defensores del toreo que sientan afecto por su perro e imaginarlo banderilleado y sableado por digamos niños, no les servirá de nada. Son duros como el pedernal y hasta del maltrato al humano de quien recibe las cornadas hacen virtud pues los convierten en seres heroicos. Baste recordar que en los cosos la parodia de democracia mantenía las masas contentas un rato por mandar con sus pañuelitos. Y el descontento que quisiera llegar a vivir como un señor pues que tuviera huevos y se diera por muerto pues a jugarse la vida era a lo que invitaban, buen discurso para echarles a la cara llenas de hollin de los mineros, supongo. Suelen ser muy amantes de la epica los defensores del toro, eso si .

    Comentado por: Conde cande el 01/2/2010 a las 09:48

  • Como ya dije, Apócrifo, yo me desvinculaba de las cuestiones políticas locales, que no conozco bien, para centrarme en el aspecto ético ¿es moralmente sostenible la prohibición de las corridas de toros? Puede que la decisión que lleve en Cataluña esté derivada de intereses nacionalistas, como si se deriva de los intereses de los fabricantes de butifarra, lo que a mí me importa no es eso, sino si son o no son en sí mismos un acto ético, que para Azúa parece que no. Es decir: si la ley es buena, me importa poco qué intereses hayan llevado hasta ella.
    En cuanto a lo demás, es cierto que hay productos mediáticos ambiguos en los que la realidad linda con la ficción, documentales manipulados a la manera de una película, o en los que se intercala lo verdadero y lo inventado. Imágenes de tortura animal en los que la denuncia linda con el espectáculo. Pero eso no es lo mismo que torturar un animal únicamente para el espectáculo, no es infringir una tortura para convertirla en espectáculo, sino utilizar unas imágenes ya dadas con fines espúreos. Eso se rige por unas reglas de ética interna de los propios medios de comunicación e imagino que también existen leyes estatales que los regulan. Para distinguir lo que nos endosan a través de los medios, hay que aprender y enseñar, educar la mirada crítica.

    Comentado por: escarola el 01/2/2010 a las 09:26

  • Aunque sea una cuestión utilizada por los nacionalistas, en su derecho si gobiernan a contra voluntad de algunos señoritos y marqueses, puede que este intento de veto o prohibición tenga sentido por sí mismo, que el argumento de la crueldad evitable que Azúa da como inconsistente sea de por si lo suficientemente sólido ya que que las langostas, aunque artículo de lujo, se matan por una cuestión alimenticia, lo culinario y pecuniario es un añadido posterior, pero los toros alimentan el hambre de algo que si es en parte arte, en parte es pura brutalidad, no abarcan nunca el "componente necesidad ", aunque tenga otra parte de puro lujo, que les es propio al sacrificio de langostas, ostras, etc...

    Comentado por: Conde cande el 01/2/2010 a las 09:01

  • escarola:
    Si "el que yo haya puesto un ejemplo de ficción no significa creo yo, que considere que todo el contenido audiovisual sea ficticio", y por tanto admite que hay producción artística-cultural que se basa en la realidad y, además, utiliza los contenidos sanguinolentos o de padecimiento ajeno como atractivos de cara al espectador, ¿no cree que prohibir las corridas de toros, únicamente las corridas y no otros espectáculos públicos, deriva de una cuestión exclusivamente nacionalista, que es al fin y al cabo la discusión aquí planteada?

    En cuanto a lo demás, no creo tan extraordinario como usted el encontrar población que no sabe distinguir entre realidad y ficción: sin ir más lejos, si alguna vez confió en la impostura de un amante, si alguna vez sintió conmoción por las fotografías de Frank Cappa, si además sucumbió a las crónicas de la guerra de Iraq de Vargas Llosa, por mencionar varios ejemplos, cayó en ese problema necesario de tratamiento psicológico, urgente, al que usted se refiere.

    Comentado por: apócrifo el 01/2/2010 a las 03:52

  • El follar es una necesidad, fundamentalmente biológica. Si no existiera ese placer tan intenso la especie humana se hubiera extinguido, sobre todo si no hubiera estado atraída con las ransformaciones fisiológicas de las mujeres. ¡Miren esas mamas! ¡Miren la piel tan suave! ¡Miren esos glúteos! Seguro que en la próxima glaciación esto será secundario. No vamos a vivir en una eterna época interglaciar, enamorados de los animales, de los toros, como idiotas, así que, o "retocamos" nuestras células para que se puedan adaptar a la próxima glaciación o esto del sexo será una asunto secundario. De todas formas recomiendo a todo el mundo follar todo lo
    lo posible. La vida es un caos entre dos silencios, como decía algún filósofo. Follemos, pues, sin molestar al vecino. O no. Allá ustedes.

    Comentado por: sera el 31/1/2010 a las 21:29

  • Puede que con las de toros no, Miguel

    Comentado por: escarola el 31/1/2010 a las 20:51

  • Discúlpeme, Será, creo que malinterpreté su comentario. Después de tanto tiempo por estos blogs la susceptibilidad anda a la que salta. Supongo que no era su intención ofenderme, pero la palabra final que usó me hizó interpretarlo así. No creo realmente que sus post sean una colección de tópicos, aunque podría discutirle la pertinencia de criticar al movimiento ecologista basandose en la caricatura histérica de una de sus componentes. En muchas otras ocasiones sus comentarios me gustan, de hecho, si no recuerdo mal, creo que fue a ud a quien apoyé hace poco bajo el nick de "feminista".
    Esa escena de la película ya me la dedicaron una vez en este blog, parece que me persiga.

    Comentado por: escarola el 31/1/2010 a las 20:49

  • Dios, a ciertas tartamudeao.

    Comentado por: miguel el 31/1/2010 a las 20:46

  • Me encanta follar. ¿Tiene esto algo que ver con las corridas de toros? Pregungunto a los "intelectuales" que dicen saber un rato del asunto.

    Comentado por: miguel el 31/1/2010 a las 20:43

  • Cuando juzgan algunos que el deporte sirve para atontar a los ciudadanos, por aquello de pan y circo, y dicen otros que es en el deporte donde surgen rivalidades, poco menos que transposiciones de odios tribales, o atávicos, incrustados en el pitecántropo desde que bajara de los árboles; y que los políticos se suben al carro del deporte de masas para influir en sus electores -o no electores-, de manera que, apelando a lo pasional, a lo irracional, del espectáculo masivo, se pierda la capacidad de juicio, básicamente, haciendo válidas ecuaciones estúpidas, tan estúpidas como la del tipo siguiente: catalán aficionado al fútbol + Barcelona F.C = Cataluña independiente. Uno se pregunta cómo es posible que esto que acabo de decir, se vea como malo, u oportunista, y lo que hizo Mandela con los Springboks, se juzgue bueno, o virtuoso, incluso inteligente. Esta claro que para construir -o reconstruir- un estado, hace falta el sentimiento, que tantos hay, maldicen, en la política, sobre todo cuando dicen: 'pues yo no soy nada nacionalista, ¡por favor!...eso sí, me encantan los franceses, los australianos, los noruegos, porque en sus países se vive tan bien, son tan civilizados...'; esto es, que no son nacionalistas españoles, sino que lo que son es, nacionalistas franceses, australianos, o noruegos. Por otro lado, no es ésta una actitud nueva - algo snob por cierto-, esto es algo que pasaba ya, y no sólo en España pasa con cierto tipo de progres, que miran y buscan fuera, la verdad y belleza de sus ideales, consagrados, según ellos, en la cotidianidad de otros países, sino que, como decía, por ejemplo, ya en el siglo xviii en Inglaterra, gentes, aristócratas – en el amplio sentido de la palabra- apreciaban más a Napoleón, que 'su' duque de Wellington, patriota donde los hubiera. Entre otras cosas, porque creían que la Revolución francesa había alcanzado su culmen en el dictador-emperador, y no paraban en que, el gran hombre, lo que ambicionaba era, sólo y exclusivamente, poder; a él la revolución y las reformas -como el Código- sólo le sirvieron para establecer medios de aumentar su poder; como pasaba con Stalin, cuando se lo admiraba por ser el portaestandarte del buenismo comunista, del buenísimo comunismo, o como pasa en Cuba con Castro, u otro tanto con 'el potro indómito de la Venezuela nueva'. Creo que, en general, los sentimientos a flor de piel que se dan en los deportes de masas, son perniciosos para la política, si bien, a veces, para el político es el único medio de conseguir sus fines; en la cuestión de los fines no reside el bien o el mal, pues de hecho, en política, no existe el bien o el mal, sino el poder, lo útil (beneficioso), y la virtud cívica, que realmente es amor a la patria. Lo de Mandela lo juzgo útil, pero, bueno en sí mismo, no. Pues Mandela quería, principalmente, 'reconstruir', o hacer viable un Estado, que no podía seguir siendo viable a la manera antigua (algo impuesto, en cierta medida, desde fuera); mas si está bien, es bueno, que la gente se una por el deporte, en vez de que, si no es también por él, se mate o agreda, o se separe; no hay que olvidar que el acto es político, es decir, que no se buscaba con esto que las gentes se llevaran bien las unas con las otras, simplemente; sino que se reconstruyera un estado. La primera acción podría ser el objetivo de santas, como la madre Teresa de Calcuta, sin embargo, el segundo, es un objetivo de poder, en definitiva.

    saludos

    Comentado por: vic el 31/1/2010 a las 19:04

  • ¿Una cuestión de follar? Ahhh, su perspicacia se ha convertido en una costumbre sra. Será
    Perdone que haya pasado por alto la sarta de tópicos que se levantó a escribir de madrugada, intentando tal vez ¿follar? (piense que a veces atribuimos a los demás nuestros propios deseos)
    Es lamentable su esfuerzo no haya recibido ninguna respuesta pero espero que ahora que todo el mundo sabe cuál era su verdadero propósito, reciba muchas más.
    Suerte.

    Comentado por: escarola el 31/1/2010 a las 16:52

  • Alguien voló sobre el nido de cuco. ¿Nadie se acuerda de esa película? Señora escarola, creo está usted pareciéndose mudho a la enfermera que controlaba a los los "locos" que aperecáin en esa película. Un asunto, al parerer, de follar.

    Comentado por: sera el 31/1/2010 a las 16:03

  • El que yo haya puesto un ejemplo de ficción no significa creo yo, que considere que todo el contenido audiovisual sea ficticio. Me limité a remarcar que ese ejemplo que ponía era ficción.
    En cuanto a lo demás, me parece un problema psiquiátrico grave: esas personas que ud menciona incapaces de distinguir entre ficción y realidad deberían ser tratadas psicológicamente, con urgencia.

    Comentado por: escarola el 31/1/2010 a las 14:18

  • El sábado pasado se veía en un reportaje televisivo a unos amantes de los animales impidiendo, mediante silbatos, que unos cazadores, con su permiso correspondiente, diezmaran a una población excesiva de zorros (esto se suele hacer con otras especies animales para que un determinado ecosistema no entre en crisis). Apereció entonces una amante de animeles, con cara de sufrir una úlcera de estómago, profiriendo esta barbaridad: los animales tienen derecho a vivir como nosotros, los humanos. Es decir, pienso yo, con seguridad social, pisos de protección oficial, además de una justicia que castigue los malos comportamientos en la naturaleza, en las selvas, en los bosques, en el fondo del mar, etc. He aquí un ejemplo de hasta dónde puede llegar el amor a los animales: a la estupidez más suprema. A mí me educaron para que amara primero a los míos y después a la gente más cercana. Incluso los curas me dijeron que había que amar al prójimo, que viene de próximo, como a mí mismo. Y es verdad, yo no puedo amar a todo el mundo por igual, a todos los habitantes del planeta. No tengo esa capacidad amatoria sobrehumana. Si además de a todos los de mi especie, tengo que amar a las demás especies de animales, la cosa es como para morirse, de amor. En cuanto al tema lo toros y su relación con otros animales, creo que los primeros viven mejor, en pleno campo, hasta que les llega la muerte, con derecho, además, a defenderse, cosa que a otros animales les está vedada, porque tienen que sobrevivir en granjas, en un espacio reducido e inmundo. ¿Es que los que aman tanto a los animales no se les cae el alma al suelo cuando entran en una carnicería y contemplan una fila de chorizos y morcillas, donde habita aún, según algunas culturas aliadas, el alma de los amados cerdos. Y puestos a amar a los animales ¿por qué casi nunca aparecen en las preferencias amorosas las cucarachas, los mosquitos, las ratas de alcantarilla o las babosas, por poner algunos ejemplos? ¿Es que esas especies no son dignas de amor por parte de los amantes de los nimales en general? Por el amor de Dios.

    Comentado por: sera el 31/1/2010 a las 08:05

  • Max Aub, Diarios. 12 de noviembre, 1958 (está de viaje, en Inglaterra)

    Noticia de la muerte de mis perros. Honda tristeza. En una perrera -- ¡oh, Sociedad Protectora de los Animales!--, sin entender...
    Reíos, ha muerto mi perra, lejos de mí, sola, dicen que del moquillo, abandonada, en México. Pobre perra mía. Fueron ocho o nueve años de contacto diario, por la mañana, por la tarde, por la noche. Rascaba la puerta de la cocina, ladraba, se subía difícilmente a la cama—gorda, gorda, gorda.
    Se llamó la Negra, por sus cuatro patas blancas. La castramos para impedir la terrible fuerza de sus ataques epilépticos. La operaron, la cuidamos noche a noche. Pobre Negra. Diez años de trabajos, diez años de vida, lado a lado. Estaba en casa, la casa misma, viva, que nos acogía, al regreso. A nadie (como no sea, tanto como a mí, a mi mujer) le importará su muerte, su desastrada muerte en la ¡Sociedad Protectora de Animales! También murió el Pipo, tenía tres años, era tonto y hermoso. El Cascorro está enfermo.
    Mi mujer dice que no quiere más perros. Un perro con otro se quita. Pero la Negra se quedará para siempre en mi cortazón. Me quería tanto como yo la quería. Siempre se quiere así—digan lo que digan--. No hay amores desgraciados, porque entonces no es amor. Amamantarás la tierra, oh castrada; pero seguirás viva mientras yo viva.

    Comentado por: me el 31/1/2010 a las 03:37

  • escarola, (ciñéndome al asunto de la entrada de De Azúa y por tanto al comentario en el que me refieres):
    reducir el mercado audiovisual o televisivo a la producción de ficción es demasiado reducir, ¿no? ¿Acaso no ha tenido ocasión de ver un informativo
    televisivo o un documental en los que la sangre o el padecimiento animales o humanos han sido reclamos más o menos implícitos?
    Es de suponer que, de darse el particular, usted habría cambiado de canal o apagado la televisión. Así de fácil.
    Igual de fácil que nadie debería estar obligado a asistir o a no asistir a una corrida de toros.

    (A propósito, escarola, permítame una breve digresión que abundaría en la incoherencia de la decisión del Parlament: ¿qué hacer con esa población que por edad, cultivación, discapacidad o sensibilidad no es capaz de discernir entre productos de ficción y de realidad? ¿Se les prohíbe apreciar la tele, el cine, la fotografía, el periodismo...?)

    Comentado por: apócrifo el 31/1/2010 a las 01:11

  • Pues Gregorio Marañón afirmaba que "España es el pueblo que ha tenido más guerras civiles debido a la influencia funesta de la fiesta de los toros."

    Comentado por: ... el 30/1/2010 a las 22:42

  • ... de acuerdo Escarola, quita la palabra amor y pon respeto, empatía, dejaenpazalanimal o lo que quieras. La idea creo que está clara

    Comentado por: Javier el 30/1/2010 a las 21:49

  • A mí los perros por ejemplo no me caen simpáticos, por eso puedo reirme con ciertas escenas de ficción (de ficción, sr apócrifo)

    http://www.youtube.com/watch?v=qguwpiDbMws&feature=PlayList&p=385DD8947

    85D50DB&playnext=1&playnext_from=PL&index=7

    Buenas noches.

    Comentado por: escarola el 30/1/2010 a las 20:53

  • No creo que sea una cuestión de "amor" a los toros (yo el amor lo dejo para unas pocas -personas) sino de lo que consideramos digno en el comportamiento del ser humano, Javier.

    Comentado por: escarola el 30/1/2010 a las 20:41

  • ... argumentar desde la propia experiencia siempre es un poco débil para el argumento y expuesto para la persona, que abre su corazón para debates que parecen, más, puro juego intelectual (como casi todos). No obstante, aquí va mi propia aportación al debate sobre la Fiesta “desde la propia experiencia”.
    En mi casa familiar así como en el resto de los hogares de mi extensa familia jamás se ha maltratado a ningún animal (incluyendo a insectos o reptiles). Tampoco nadie ha practicado la caza ni la pesca. Somos bastante corrientes como individuos, por otro lado: comemos carne y pescado, por ejemplo.
    Además, para terminar este idílico escenario, creo poder afirmar que, en general, todos adoramos el campo, los ríos, el mar a sonde nos escapamos siempre que podemos... Y yo me pregunto: Porqué este enfrentamiento tan enconado? Es una pregunta retórica, claro, porque la respuesta la sé y es muy sencilla: todo reside en la educación, en el aprendizaje. Unos aprendimos a amar a los animales y otros no. Desde la más tierna infancia.
    Realmente no se trata de gente, la antitaurina, más civilizada que otra, ni siquiera más sensible. Di se me permite, solo somos más conscientes.
    Para terminar mencionar que es cierto que la Fiesta Nacional tenía los días contados (por lo que oigo porque jamás he ido a una corrida de toros y cuando hay encierros, allí donde me pillen, salgo por patas. Detesto la masa en plan jauría, jaleando y gritando mientras otros, los toros, corren despavoridos y desorientados) y que probablemente no era necesario el concurso de los políticos, tan dados a manchar cuanto tocan. Veo en el horizonte, no obstante, algunas comunidades cuyos políticos en el poder aprovecharán el jaleo para enrocarse y meter en el mismo paquete otras esencias españolas, don lo que retrasarán de manera artificial el natural curso hacia la feliz desaparición de la llamada Fiesta Nacional.

    Comentado por: Javier el 30/1/2010 a las 19:45

  • Sr. Miguel,
    Lamento decirle que no comprendió en absoluto mi ironía, y por ende, todo lo demás.
    Con eso de que admitía que los toreros no eran causantes de la guerra civil española ni de ninguna guerra mundial, sólo quería mostrarle la arbitrariedad de su argumento. No hace falta que una barbarie de origen a ninguna guerra para que sea por sí misma una barbarie. La exterminación de los judíos por ejemplo fue un hecho bárbaro en sí mismo, no hizo falta más.
    Por supuesto que creo que el espectáculo taurino es anti-civilizado: si me lee bien, es precisamente eso lo que digo.
    Hay otras maneras menos cruentas de encauzar el espíritu artístico.

    Comentado por: escarola (sra) el 30/1/2010 a las 18:52

  • Luego, señor o señora escarola, el argumento más objetivo que podríamos emplear a la hora de estar en contra de las corridas de toros, cual sería su componente anti-civilizador, queda, tanto para usted como para mí, descartado. Entonces sólo quedaría el asunto de la tortura física del toro. Si asistir a una corrida de toros en modo alguno significa un comportamiento incívico, ni esto repercute en el modo de organizar nuestra convivencia social, también podríamos llegar a la conclusión de que los que no quieran ir a una corrida, porque creen que es una tortura para un toro (organizada, según algunos, por torturadores de toros y sus cómplices, los aficionados), son muy libres de no ir a dichas corridas. De igual forma, concluiríamos que los que no piensan como usted, señor o señora escarola, también son libres de asistir a ese espectáculo. Cuando antes he dicho que la mayoría de los toreros me parecen gente de lo más civilizada es porque precisamente quería ir en contra del argumento que hace aprecer a los toreros poco menos que como una banda de incivilizados torturadores de animales. Yo le podría hablar en términos estéticos; podría sacar mis sentimientos al aire ante lo que considero el valor, la nobleza, la bravura, la elegancia, el arte, mil veces admirado por poetas y pintores, que convierten a una corrida de toros en algo, para mí, único, más allá del dinero o del simple hecho de que todavía se conserve un animal tan bello y único como el toro bravo en un entorno, ecologicamente tan apreciable, como es la dehesa en España. Yo no puedo obligar a nadie a que tenga mis gustos estéticos ni mis consideraciones éticas acerca de las corridas de toros; pero de igual modo que yo no obligo a nadie al respecto, tampoco quiero que nadie me obligue, me imponga, todo lo contrario, y mucho menos unos políticos adscritos a una ideología liberticida como es el nacionalismo.

    Comentado por: miguel el 30/1/2010 a las 18:06

  • vale, cojonudo. tanta lectura y cultura y el resultado es que si alguien nos pregunta si lo de franco era una dictadura responderemos encogiéndonos de hombros, pero respeto a catañula no hay la menor duda. así que se está preparado para aprovechar las lecciones de la historia, sí señor

    Comentado por: ec2ee el 30/1/2010 a las 17:52

  • En lo que si estamos de acuerdo es que los toreros no fueron los causantes de la Guerra civil española, incluso diría más, tampoco originaron la guerra del Golfo.

    Comentado por: escarola el 30/1/2010 a las 16:14

  • No soy catalana, ni he vivido nunca en Cataluña, y no conozco muy bien al animal político catalán así que permítame Miguel que plantee el asunto de las corridas en términos más generales. No siento simpatía por los toros, ni por los toreros, ni por los animales en general, incluidos los humanos -especialmente por algunos de ellos- pero no por eso me parecería bien fomentar espectáculos en los que se torturase por ejemplo, a un terrorista, o a una tortuga o a un elefante o un toro. Según uds los comedores de langosta deberían estar lógicamente, por el hecho de comer langosta, dispuestos a todo.
    Lo denigrante de las corridas de toros no es ya la degradación a la que se somete al propio animal sino la que ofrece el propio espectador humano. Lo humanamente degradante de las corridas de toros es convertir la tortura gratuita y el acoso al animal en un espectáculo deleitable. Es cierto que la cuestión del maltrato a los animales es mucho más ámplia que las corridas de toros, pero esto no es una excusa para obviar esta parte. Lo del maltrato industrial por ejemplo es una cuestión a considerar de manera independiente, pues si una vez pudo tener sentido como sistema para susministrar una cantidad suficiente de proteinas a una población sin recursos, hoy en día en muchos países ya no es necesario (cuestión de orientar al consumidor).
    Las corridas de toros no son más que una práctica arcaica mantenida a base de conformismo con lo dado, inercia, y la pretensión de seguir vendiendo al mundo esa imagen de España de copla y pandereta.
    ¿Qué ud considera a los toreros nada menos que los seres más civilizados que conoce? Pues mire, yo creo en cambio que son los vendedores de pipas a domicilio los seres más civilizados que conozco. Un argumento que considero por lo menos tan sólido como el suyo.

    Comentado por: escarola el 30/1/2010 a las 16:12

  • Son dos las cuestiones esgrimidas por los antitaurinos: a saber, la ética y la estética.
    Si convenimos que el sufrimiento animal, la cuestión ética, es extensivo a gran parte del recetario de cocina, la incoherencia de la prohibición -y del discurso antitaurino- es evidente.
    El argumento estético, el no permitir a la población que aprecie, disfrute o admire el "humillante" espectáculo, sólo dejaría de ser incoherente si prohibieran asimismo numerosas horas de televisión, metros de cine, carretes de fotografía... en los que el espectáculo-comercio del maltrato animal (y humano) es moneda de uso corriente.
    De la demostrada incoherencia de las dos cuestiones anteriores se colige lo que todos conocen: que únicamente hay nacionalismo detrás de la decisión del Parlamento catalán. (Nacionalismo o mentecatez, que también cabe.)

    Comentado por: apócrifo el 30/1/2010 a las 14:17

  • Cataluña no es hoy sólo el reino de los fariseos, sino el de los demagogos que quieren a la fuerza convertir a todo dios en bobo. LLeva razón Félix de Azúa cuando dice que los políticos catalanes prohíben todo lo que les viene en gana. Incluso un día pueden prohibir la civilización. De hecho muchas de sus actuaciones suelen ir acompañadas de una escalofriante sobredosis anti-civilizadora, antidemocrática.

    Hay un argumento contra las corridas de toros que las presenta como un acto contrario a la civilización. Hablo de corridas de toros, no de las salvajadas que se realizan en distintos pueblos de España y que son permitidas por alcaldes demagogos debido a motivos electorales. Este tipo de salvajadas son condenadas por los mismos toreros, esos que se enfrentan a la muerte y al deseo de algunos de que la muerte sea antes con ellos que con los toros. Yo no he conocido jamás a gente más civilizada que a los toreros. Al contrario, conozco a gente antitaurina tan poco civilizada que odia vivir en sociedad, civilizadamente con sus congéneres, prefiriendo la compañía de los animales, incluídas esas bestias caninas cuya misión es matar sin necesidad. Pues bien, ni el señor Millás, ni ningún otro intelectual parecido, me puede demostrar a mí que el causante de los peores desastres anti-civilizadores que hemos padecido en España, como fue, por ejemplo, la Guerra Incivil, tuviera su origen en nuestra ancestral tradición taurina. En esa guerra intervinieron tanto taurinos como los ascendientes de los antitaurinos actuales, tan de izquierdas y ecologistas ellos. Basar una guerra en una sóla causa o, lo que es peor, en la causa de una afición cuyos participantes suelen ser gente civilizada, es un puro delirio. Que yo sepa la transición española a un estado de civilización superior como es la democracia no se debió a la prohibición de las corridas de toros. Si algún día se demostrase, empíricamente hablando, que uno de los orígenes de la barbarie anti-civilizadora son las corridas de toros, entonces me opondría a ellas. Pero mucho me temo que eso nunca sucederá, pues la barbarie la practican los que ahoran prohíben los festejos taurinos, lo cual refuta la teoría anti-civilizadora de la tauromaquia.

    Comentado por: miguel el 30/1/2010 a las 08:00

  • Bravo, don Félix. Y serán inmensamente crueles porque se justificarán en la Necesidad, en las razones de orden práctico, en el Bien mayor. Como dijo alguien (que cometió el mismo error, aunque no se ha dado cuenta): no son monstruos extraordinarios, son funcionarios.

    Comentado por: paseante el 30/1/2010 a las 07:56

  • Hombre, los motivos por los que en Cataluña se pueden prohibir las corridas de toros y no hervir langostas deben ser los mismos por los que se hace eso en la mayor parte del mundo... Más bien habría que preguntarse a que oscura irracionalidad obedece que el torturar y matar toros todavía sea un espectáculo en unos cuantos países de habla hispana y en zonas del sur de Francia... Antes lo era en muchos otros países pero se fue aboliendo por una cuestión de pura civilización...

    Comentado por: ... el 30/1/2010 a las 00:57

  • Déjense de pamplinas. Esto sí es cosa seria:

    http://www.elitista.info/blogs/productos/2008/11/ginebra-citadelle-reserva-2008.html

    No se arrepentirán.

    Comentado por: glu, glu, glu el 29/1/2010 a las 23:12

  • No es que Millás me hay iluminado, Vic, es que expresaba muy bien la que ya era mi opinión. He tenido ya este debate antes en este blog, y varias veces en mi vida bloguera, hace poco en el blog de JCruz por lo que no me apetecía mucho repetir mis argumentos, Millás los presenta de forma mucho más sugestiva .
    Saludos.

    Comentado por: escarola el 29/1/2010 a las 22:21

  • Los fariseos comen marisco, por supuesto, y los demagogos resentidos por no dar la talla liberan sapos a la primera de cambio.
    Saludines a la piscifactoría del besugo.

    Comentado por: lolo el 29/1/2010 a las 20:54

  • Tristán e Isolda
    Ignacio Vidal-Folch

    Anoche, durante un entreacto en “Tristán e Isolda”, que por cierto me pareció una representación espléndida, Chantal, recién llegada de Bruselas, va y nos dice: “Se cuenta en despachos altos que ahora va a empezar otra crisis mucho más grave. Parece que la leve mejora que en estos últimos meses han empezado a experimentar algunos países es del todo engañosa, y que ahora empieza lo más grave de todo, la verdadera catástrofe.” En vez de responder todos dan un sorbo a sus respectivas copas de cava. Pero un sorbo sin alegría, un sorbo de circunstancias. Nadie dice nada: todos sabemos que el futuro es impredecible, y la crisis, un arcano. No doy crédito a las profecías catastrofistas ni a las tranquilizadoras. ¿Qué más me da si salimos de la crisis en el 2011 o en el 2020? Nada me compensará del día de hoy. Otra gente en cambio abriga esperanzas curiosas y tiene fe en extraños talismanes. Por ejemplo, hoy en la calle Mallorca me he fijado en el nuevo recurso argumental de las mendigas gitanas de Rumanía: sentadas en la acera, con una mano te piden limosna y en la otra te tienden una foto roñosa que muestra a un grupo humano, una foto de familia, su familia. Se supone que la visión de la familia debería suscitar en ti sentimientos de compasión e invitarte a la caridad. Se supone que ella, la mujer en el suelo, es el sostén de esa borrosa, lejana y nutrida familia. Deduzco que considera la familia como algo conmovedor. Aunque para ser francos, yo estoy más con la vigorosa declaración de Baudelaire, “Familles, je vous hais!” (¡Familias, os odio!). La gitana me tiende a su familia, me la pone ante los ojos como un hecho incontestable, una verdad clamorosa; “ésta es la realidad, y no otra cosa”, parece decir, “¡ésta es la verdad-verdadera, señorito catalán! Yo no soy un hongo que ha florecido sobre el asfalto, sino una persona con parientes, un ser humano lleno de dignidad e inserto en una compleja trama de afectos y experiencias. Un ser humano, sólo que con menos suerte que usted. Y la subsistencia de toda esta gente encantadora, ¡mi familia!, depende en parte de que usted eche mano al monedero”. Quizá esto de blandir una foto de la familia responda a que ahora las fuerzas del orden persiguen la mendicidad con bebé real, que en efecto procuraba para la ciudad una estampa que “fa molt mal efecte”, como se dice aquí, aquí donde no hay cosa más abominable que la que “hace mal efecto”. Mi abuela dio limosna cada domingo, durante varios años, a una mendiga con churumbel, y al fin un día le preguntó, muy cándidamente intrigada: “Oiga, ¿cómo es posible que en todos estos años su bebé no ha crecido nada? Incluso parece más pequeño que el año pasado.” Luego mi abuela falleció, luego la mendiga desapareció de esa esquina. La esquina quedó vacía, con una forma de estar vacía hiperrrealista y alucinatoria, como un paisaje de Dalí, por ejemplo “Las sombras de la noche que cae”, que ahora se puede ver en el MNAC, donde pasará una temporada en préstamo del museo americano de Saint Petersbourg. Hoy me ha escrito un querido amigo este sms: “Igna, necesito que si está en tus manos conseguirme trabajos que yo pueda hacer como revisión de obras y otras ideas. Estamos en situación económica dramática.” No puedo hacer nada por él.

    ¿Cómo que todos estos hechos son de naturaleza disímil y no están en el mismo orden de cosas? Están en el orden, o desorden, de mi vida. Como el hecho de no poder escuchar el primer acto de “Tristán e Isolda” sin recordar que en los últimos tiempos de Dalí cuando ya no comía y vivía en la penumbra, inconsolable de la pérdida de Gala, y sólo aceptaba la visita de muy pocos amigos, le pedía a Pitxot que le pusiera en el tocadiscos esa ópera, y que se quedase a hacerle un rato compañía: “Quédate hasta que entre Tristán”, decía. Tristán entra hacia el minuto cincuenta, o cincuenta y uno.

    Comentado por: cp el 29/1/2010 a las 20:15

  • En Cataluña hay implantada una dictadura (así de claro) consentida por el peor presidente de Gobierno que hemos tenido desde que se instauró la democracia en España, a la que Zapatero considera como un concepto discutido y discutible.

    Aberraciones intelectuales como éstas chocan frontalmente con la Constitución donde no se discute, se afirma qué cosa es España. Vivimos la peor etapa de nuestra corta democracia. Las tradiciones democráticas no están todavía lo suficientemente consolidadas. Sufrimos a los peores políticos desde la Transición, y los "intelectuales", del tipo Millás, no les van a zaga. Si esto no se corrige corremos serios peligros de que el chiringuiito se nos venga abajo. No se trata de hacer revivir el nacionalismo Español; pero sí de entender que la organización de la convivencia en España gira en torno a las leyes del Estado de Derecho, donde los portadores de derechos y deberes son las personas de carne y hueso y no los pueblos o las naciones. Si esto, que es básico, no se entiende, la cosa pinta mal, vuelvo a repetir.

    Comentado por: miguel el 29/1/2010 a las 19:47

  • http://www.youtube.com/watch?v=nI6amIyTVi4

    Comentado por: ... el 29/1/2010 a las 19:07

  • sí, ya,...las verdades palmarias del sr. Millás...uy!, mi alma!, qué peligro tienen las verdades palmarias, si salen de su palmatoria pluma que nos ilumina...como siempre, claro...menos da una piedra, menos da una cabra!

    saludos

    Comentado por: vic el 29/1/2010 a las 19:03

  • http://www.gourmet.com/magazine/2000s/2004/08/consider_the_lobster

    Comentado por: me el 29/1/2010 a las 18:44

  • http://www.elpais.com/articulo/ultima/Verdad/palmaria/
    elpepiult/20100129elpepiult_1/Tes

    Comentado por: escarola el 29/1/2010 a las 18:22

  • Pues yo no puedo estar más de acuerdo con Millás:


    http://www.elpais.com/articulo/ultima/Verdad/palmaria/elpepiult/20100129elpepiult_1/Tes

    Comentado por: escarola el 29/1/2010 a las 18:22

  • Toros sí, toros no

    Joan de Sagarra

    “El Parlamento catalán ha cortado su primera oreja”. Así, con ese titular tan taurino, abría Telecinco su información sobre el pleno del viernes en el que se debatía la aceptación o no de la iniciativa legislativa popular –avalada por 180.000 firmas– que exige la abolición de las corridas de toros. Una primera oreja –ganaron, como es sabido, los abolicionistas– a la que, en la próxima fiesta de Sant Jordi, pueden sumarse la segunda oreja e incluso el rabo.
    Soy, desde chico, aficionado a los toros. Soy una de las 283 personas que firmaron el manifiesto contrario a la prohibición de las corridas de toros y no es la primera vez que escribo en los papeles sobre el tema de los toros y su posible prohibición. El resultado de la votación no me ha sorprendido en absoluto: sabía de antemano, como la gran mayoría de los aficionados a los toros, que la iniciativa abolicionista iba a prosperar, como tampoco me ha sorprendido la pobreza del debate, por llamarlo de algún modo, entre los diputados partidarios y contrarios a la prohibición.
    En mi opinión, ese debate parlamentario llega demasiado tarde. Se me antoja, con el permiso de los antitaurinos, un debate innecesario: la fiesta de los toros tenía los días contados y es muy probable que dentro de unos años hubiese desaparecido de las tierras catalanas (vamos, de la Monumental), una tradición que se remonta al siglo XV. Desaparecida por muerte natural. Porque si hoy los aficionados catalanes somos una minoría, y como tal digna de respeto, dentro de unos años podríamos ser cuatro –cuatro y no cinco– gatos, entre otras razones porque José Tomás no es eterno y las sensibilidades están cada vez más en contra de la “tortura” a los animales.
    Hay quienes piensan que el rechazo a las corridas de toros sólo obedece a una imaginaria identidad catalana que las identifica con la denominada fiesta nacional –un término que a muchos toreros les joroba– española. Que las corridas de toros son una imposición del ejército ocupante (“vivim en un país ocupat”, suelo leer en ciertos papeles). Si así fuese, el debate entre taurinos y antitaurinos sería mucho más sencillo, y divertido, y es probable que los aficionados acabásemos ganando la partida. Pero el verdadero debate es otro, es el de la “tortura” que acaba con la muerte, en un “espectáculo público”, del animal. Y aquí, las asociaciones en defensa de los animales tienen las de ganar (en la calle). Ya prohibieron los circos con animales, mañana prohibirán los toros, pasado mañana los correbous, por muy identitarios que sean, y el día menos pensado acabarán prohibiendo, en defensa del animal o en nombre del cambio climático, el entrecot de buey.
    Durante los días que precedieron al pleno parlamentario, he leído en los papeles y he escuchado en la radio y en la tele un montón de majaderías, algunas un tanto desagradables. ¿Qué necesidad tenía el amigo Luis Corrales, coordinador de la Plataforma para la Promoción y Difusión de la Fiesta, de mencionar a Hitler cuando se refería a la “superioridad moral” que se atribuyen los antitaurinos? Se ganó un bonito, y un tanto falaz, titular de El Periódico (17 de diciembre): “Los taurinos ensucian el debate al comparar a sus rivales con Hitler”. Mencionar a Hitler en un debate taurino está feo y es muy peligroso, por más que Corrales sea una bellísima persona, como lo es el colega Màrius Serra, el cual no hace mucho se despachó en este diario comparando a los taurinos con las SS hitlerianas (Màrius decía que el entrenamiento de las SS consistía en sacarle los ojos a un gato al que habían acogido de pequeño y por el que sentían un gran cariño).
    ¿Y qué necesidad tenía el simpático y antitaurino Gerard Quintana de exculpar a Goya y a Picasso, que pintaron sus respectivas tauromaquias, afirmando que también habían pintado “los horrores de la guerra”? Goya pintó Los fusilamientos del 3 de mayo y pintó toros y toreros como pintó la familia de Carlos IV y La maja desnuda, y Picasso pintó el Guernica, pintó toros y toreros, y un montón de coños y culos, amén de un retrato de Stalin que levantó una gran polvareda. Goya y Picasso eran dos genios a los que les gustaban los toros. Y punto. ¿Y qué necesidad tenía aquel diputado socialista de confesar en el Parlament que le gustaban los castellers y era aficionado a los toros? Se puede ser memo y catalán, no es incompatible.
    El Ayuntamiento cometió un disparate al declarar a Barcelona ciudad antitaurina. ¿Barcelona, “la millor botiga del món”, ciudad “antitaurina” cuando la Monumental se llena de gentes venidas de todo el mundo para ver torear a José Tomás y en la Rambla se venden todo tipo de souvenirs taurinos? No me agrada ser un anticiudadano, ni anti toros, ni anti nada, y menos hacer el ridículo. No hay ninguna necesidad de prohibir las corridas de toros. Mejor permitir, tolerar que mueran de muerte natural, como estoy convencido de que puede ocurrir un día no muy lejano. Hay un canal de la televisión italiana en el que emiten un concurso, como Saber y ganar, en el que preguntaron: “¿Quién fue Francisco Franco?, ¿un dictador español o un famoso bailarín de tango?”. Y el concursante respondió: “Un famoso bailarín de tango”. Dentro de unos años, José Tomás se habrá convertido en un modisto o en un famoso domador de pulgas. Mientras tanto, volveremos a visitar la Maestranza, Las Ventas o iremos a Ceret. Me encantan los pasodobles interpretados con la tenora. Y, por favor, si dentro de unos meses los señores diputados votan la prohibición de los toros, háganlo dando la cara. Clar i català.

    Comentado por: c/p el 29/1/2010 a las 18:19

  • La Generalidá ya sínventó una oficina de protección de animales domésticos que, cuando llamas pa denunciar, suena hueco el teléfono. Un poco pandillares sí que son. Toda Catalunlla (¡se egcribe así?) está cuajá de auswitzches de pollo, cerdo, conejo y bicho viviente que llevarse a la cazuela sin compasión. Perros abandonaos en las carreteras, gatos atropellaos... que no son nada europeos, vamo.

    Comentado por: LaVingen el 29/1/2010 a las 18:10

  • yo tampoco creo que la prohibicion se deba a la compasion, bondad o piedad.

    Comentado por: Consuelo García del Cid Guerra el 29/1/2010 a las 17:49

  • Vaya, no era mi intención hablar de la pasión de Hitler por los hombres rubios o de si Stalin era más bueno o más malo que el anterior. La intención no era otra que la de llamar la atención sobre esos sospechosos amantes de los animales.
    Otra cosa que cabe destacar es la destrucción del patrimonio histórico barcelonés con la excusa del sufrimiento de los pobre bichos. La intención de demoler la Plaza Monumental -con casi 100 años de historia- para recalificar terrenos, dejar edificar bloques de cemento y otros trapicheos es sencillamente más criminal que asestarle una estocada a un coloso de 600 kilos ante un público que -todo hay que decirlo- que es más educado y cívico que la masa de hooligans que van a berrear al Camp Nou los fines de semana.
    Provincianos y acomplejados, no se me ocurren mejores calificativos.

    Comentado por: Desde Alemania el 29/1/2010 a las 14:20

  • No creo, "sociedad protectora de alemanes", que Hitler amara demasiado a los alemanes. Fíjate como acabaron los pobres, incluídos, claro está, los que eran judíos o de otras razas "inferiores" u otros credos ideológicos distintos; aunque en esto último el campeón fue Stalin. Hay una especie psicopatía muy interesante de estudiar, cual es el amor que algunas primatólogas tienen por los gorilas. Es tal su amor por esos simios que, generalmente, estos acaban casi siempre comiéndoselas, por amor claro. Están tan tiernas las criaturas.

    Comentado por: miguel el 29/1/2010 a las 13:56

  • Los fariseos siguen comiendo marisco mientras con la coña de los maltratos a los toros y sus nacioncitas mantienen al común distraído, honrando con verdadero dolor al hipotecón y a las Agencias Tributaras de las regioncitas-naciones.

    Excelente artículo; viene que ni pintado a nuestra realidad.

    Comentado por: Nixon el 29/1/2010 a las 13:10

  • Los fariseos siguen comiendo marisco mientras con la coña de los maltratos a los toros y sus nacioncitas mantienen al común distraído, honrando con verdadero dolor al hipotecón y a las Agencias Tributaras de las regioncitas-naciones.

    Excelente artículo; viene que ni pintado a nuestra realidad.

    Comentado por: Nixon el 29/1/2010 a las 13:10

  • "Hitler amaba a los animales..."
    Esto es, sin duda, cierto, ya que se conservan fotos donde queda bien patente su amor hacia los perros.
    Sobre si amaba a los alemanes o no, pues no sé, no es ése el tema del debate, sino el amor a los animales y la pobreza del discurso anti-taurino. O en otras palabras, se puede ser muy cariñoso con los mininos, los periquitos o las serpientes de mascota y en cambio un bicho con nuestros semejantes.
    Los catalanistas tienen un complejo, y bien gordo, y la pobreza de su discurso lo deja claro. Y eso es mucho más trascendental que comer conejo o gallo en pepitoria.

    Comentado por: Desde Alemania el 29/1/2010 a las 13:01

  • Hitler amaba tanto a los animales...hum
    ¿será esa la explicación cientifica de que amara tanto a los alemanes?

    Comentado por: sociedad protectora de alemanes el 29/1/2010 a las 11:29

  • Se me olvidaba. Jorge Wagensberg no es feminista. Es un científico.

    Comentado por: sera el 29/1/2010 a las 10:55

  • "Todo ser vivo intercambia con el exterior materia, energía e información. Si definimos la Biosfera como la esfera donde habitan los seres vivos, la Infoesfera sería esa parte de la Biosfera que trata de la información. Como magnitud la información existe desde hace muy poco, desde la II Guerra Mundial, antes la información era una palabra, ahora es una ciencia y es una tecnología que está cambiando el planeta. Sólo la Infoesfera conseguirá democratizar el planeta, hacer que se respeten los derechos humanos, evitar que haya sociedades dictatoriales o corruptas, con colectivos marginados como es el caso de las mujeres. No habríamos llegado donde estamos sin información, el futuro pasa por la Infoesfera."

    Jorge Wagensberg.

    Comentado por: sera el 29/1/2010 a las 10:51

  • También Hitler amaba a los animales...

    Comentado por: Desde Alemania el 29/1/2010 a las 10:06

  • Qué gran contradicción. Unos tipos que nos quieren meter en la tribu nacionalista, abominan del maltrato a los animales, concretamente a los toros, nada más. ¿Qué clase de tribu es ésa? Dime cuánto amas a un animal y te diré cuánto odias a tus congéneres. Algún emperador quería más a su caballo que a su madre. Luego pasó lo que paso. También Hitler quería mucho a los animales. Luego pasó lo que pasó. El führer era vegetariano. Pero sobre todo aborrecía la carne humana.

    Comentado por: miguel el 29/1/2010 a las 09:43

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas , Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horas y Autobiografía sin vida (Mondadori, 2010). Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.

 

Bibliografía

La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.

 

 

 

 

 

Ensayo

Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.

 La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

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