Vamos a hablar (bien) de los maestros
Desde que apareció en el cosmos ese mamífero llamado "humano" fue palmario que siempre actuaba deslumbrado por algún individuo al que consideraba superior, es decir, ejemplar. Al principio era el más sano, fuerte o astuto, aunque pronto esas cualidades admirables no bastaron y los humanos admiraron a los nacidos bajo la luna de enero, a los canijos herederos de un forzudo, o a quienes decían que por su boca hablaba una divinidad.
La historia de los Humanos Ejemplares es disparatada y muestra el desequilibrio mental de la especie, pero con el fin de la aristocracia el asunto se puso aún más feo. Para un campesino del año 1760, vidas ejemplares eran la del marqués, la del santo del pueblo y la de la señorita Adelina, hija del hacendado. La vida ejemplar estaba dirigida por el honor, el coraje, la bondad, el sacrificio del cuerpo por el bien del alma, o la belleza, que era un don divino. Para un ciudadano de 1860 esas virtudes provocaban a risa. Ahora el ciudadano ejemplar era nada menos que el más rico de la ciudad. Ni el santo, ni el héroe, ni el monje, ni el guerrero, ni el mártir, ni siquiera la virgen. Sólo el millonario. Admitirlo costó dos siglos.
Nosotros, que lo tenemos asumido y sabemos que humanos ejemplares son ahora futbolistas, modelos de lencería, o formidables divorciadas de futbolista o de otro divorciado, seguimos impertérritos manteniendo al Maestro como último refugio de la moralidad. En efecto, durante el siglo XIX hubo que buscar a toda prisa un modelo moral que sustituyera al santo, al mártir y a la virgen. No habiendo nada mejor, se fundó el modelo del Artista. Si era santo era un Maestro, si era mártir era un Maldito, y si era virgen allá ella. El maestro ha durado hasta nuestros días aunque está casi desaparecido. El maldito se mantiene gracias al rock, al punk y al rap. Vírgenes no hay, pero si una empresa de publicidad las pone en marcha tendrá un éxito loco. Una notable cantidad de jóvenes está esperando a que la virginidad gane prestigio para ahorrarse quebraderos de cabeza anímicos y físicos.
A la gente de mi edad aún le fue dado conocer el modelo moral del maestro. En mi caso, literario, una institución que había comenzado dos siglos atrás cuando los devotos se acercaban a la casa de Goethe con el fin de verle en gorro de dormir. Todavía ahora se califica de "maestro" a algún que otro escritor, pero sabemos que es como hinchas en taberna, que se dan sonoros espaldarazos al grito de: "¡Maestrooo!".
Quienes hemos conocido aquella apacible sociedad que aprobaba la visita al maestro -un suceso que luego se contaba a los amigos, familiares, contertulios, viajeros de RENFE, y colegas de oficina, hasta hartarlos-, recordamos lo dificilísimo que es hablar (bien) del maestro. Aún ahora, cuando se hojea un testimonio cegado de amor por un escritor portugués, una dramaturga libanesa, un autor de novelas de policías o un prohombre, no es raro deducir que aunque el enamorado ha querido poner las más bellas flores en el altar del ídolo, lo que ha conseguido es que le odiemos. A él por bobo y al maestro por tolerar semejante discípulo. Quien haya leído dos páginas (más es imposible) del libro de Suso de Toro sobre Zapatero comprende lo que digo.
Me asalta tan amarga reflexión tras la lectura de los "Recuerdos de Tolstói, Chéjov y Andréiev" que escribió Maxim Gorki y acaba de editar Nortesur. Aunque ya casi nadie lee a Gorki, fue éste un escritor tan admirado en su tiempo como pueda serlo hoy García Márquez, y de similar temple moral. El pobre Gorki adoraba a Tolstói y compartió con él muchos días del último tramo del maestro, cuando se retiró a su finca (Yásnaia Poliana) con el fin de practicar un humanismo cristiano-budista basado en la exaltación del labriego, el régimen vegetariano, la humildad, la misericordia, la sencillez y la solidaridad, todo un programa. Al parecer, se zurcía él mismo los apestosos calcetines. No fue la etapa más interesante del conde ya que, entre otras cosas, abominaba de la literatura y del arte en general por considerarlos alejados del amor de Dios y pecaminosos, pero parece que en la finca no faltaba el recreo ya que no había día en que no brotara un adorador balbuciente ante el maestro. Es conocida la visita de Rilke, acompañado por Lou Andreas Salomé, y el horror del maestro que los espiaba por una mirilla del portón mientras bailaban sobre la nieve con pierna de jota en plan Isadora Duncan.
Se enfrenta Gorki al problema de cómo hablar del maestro. ¿Digo la verdad, o digo lo que conviene a su gloria eterna? Sin duda Gorki, un socialista rudimentario, eligió lo segundo. De manera que el conde Tolstói aparece como un majadero que no cesa de decir sandeces sobre El Campesino Ruso y La Mujer Rusa, se rodea de amigos idiotas porque admira su "simplicidad", y condena la literatura como cosa satánica. Y eso se lo dice a Gorki, que no dejó de escribir ni en el lecho de muerte. No merecía tanta admiración, el conde, o por lo menos una admiración cocida en olla tan grosera.
A la vista de estos recuerdos uno se pregunta si no será una bendición que ya nadie tenga maestros, que sólo queden malditos (a quienes puedes saludar si tienes mil millones de euros), y que los y las vírgenes estén aún por estrenar.
Artículo publicado el domingo 25 de octubre.
[Publicado el 26/10/2009 a las 13:03]
Recién descubri este blog, apenas unas semanas de leer su ibros sobre Baudelere, me entusiasmo la biografía del francés, y el mimsmo entusiasmo me despertó ver este blog y leer esta entrada. Me agrada su sentido del humor y trataré de conseguir sus libros y comprarlos acá en Saltillo, Coahuila, una ciudad que seguramente usted nunca visitará, pero que le vamos a hacer.
Saludos
Comentado por: Moises el 03/11/2009 a las 04:24
Albert, gracias por los videos. Una delicia de profe.
Ahí va Don Felix :
Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.
Comentado por: me el 28/10/2009 a las 04:10
Comentado por: pepitol el 27/10/2009 a las 22:00
Bien puede ser que yo no haya entendido nada. Pero si he entendido algo, quizá el Sr. Azúa debiera explicarnos su receta para enriquecerse, único valor que todavía le parece sólido. O las limitaciones que le han conducido a no poder conseguirlo (como debería). A lo mejor resultaba interesante.
Comentado por: marinero el 27/10/2009 a las 21:14
No cunda el desánimo y consuélense todos con expectativas sublimes, pues tengo entendido que próximamente dispondrán de una semblanza de Artur Mas a cargo de Pilar Rahola.
Comentado por: Circe el 27/10/2009 a las 19:16
Comentado por: pepitol el 27/10/2009 a las 01:35
Comentado por: cp el 26/10/2009 a las 23:23
Comentado por: ¿qué por Dios? el 26/10/2009 a las 22:38
Comentado por: albert el 26/10/2009 a las 19:48
El video que he puesto creo que seria interesante que se colgara como entrada, una hora de Azua no es frecuente, de blog para que nadie se lo pierda . Muchas gracias
Comentado por: albert el 26/10/2009 a las 19:10
Comentado por: vic el 26/10/2009 a las 18:59
Una hora de conferencia de Azua , en los escritos en ocasiones parece duro, pero hablando es uno de los tios mas agradables que hay
http://www.youtube.com/watch?v=RiP5zyvkcFI
Comentado por: albert el 26/10/2009 a las 18:55
Me parece que el problema del Del Toro es que por imposible que parezca a mucha gente le gustaría ser como él.
Comentado por: Ternerillo el 26/10/2009 a las 18:06
...
La pintura pide reflexión, un aparato que desaparece con las nuevas tecnologías. El lugar del pintor será determinado como un va y ven de la Historia. No será lo que se entiende por artista, sino una práctica marginal y maldita, desviada.
El periodista, como realidad intensa y abstracta, se presenta a mi noción de artista y la cosa se pone interesante. Hay la manera francesa y la manera española, pero ambos son trabajos que hacen envejecer mal, al contrario que la pintura, que mantiene una filosófica juventud, que la da su ilusión de cuerpo que se hace con las manos. El periodista se convierte en el idiota que viene a interrogarte o bien que te lanza, cree él, sus dardos destructores sin conocerte de nada, sin haberte sido presentado.
Nada complace más al periodista español que hablar de sí mismo, mientras el francés pretende luchar, para él la alfombra de tu casa es un tatami. A la vez pienso en cuál de los dos es seductor o es seducido. Ambos agradan al sabio novato que los sienta a su derecha.
Ser artista y periodista, un paparazzo que se sorprende a sí mismo en las más delicadas posiciones, un adulador y un traidor a su propio y honesto trabajo, alguien que se espía a sí mismo, quizás este es el estadio crítico de la paranoïa.
Es una pena que Dalí no sea profeta en su tierra, como Cristo, porque ello hace de su pintura una misa de la modernidad.
Se puso sobre el uniforme el grado de posmoderno y se lanzó a dar órdenes en medio del tráfico.
Antifascista, anticapitalista, los prefijos se ponen por un amor platónico y una cierta suciedad.
Es preferible el amor libre y la modernidad a tener que asistir a una boda.
Transmodernidad, transexual, transido, Transilvania.
El pintor abandona su taller con alivio, todavía no ha tenido que pintar una Gorgona. El pintor escritor sabe por los periódicos que ha pintado una Gorgona. Es el caso de los pintores del Renacimiento, esa época sobre la que hoy reina un silencio sepulcral.
Pintor, dice el sabio novato, cuando sientas que trabajas baja el pincel a su frasco, ponte trementina con un chifón en las manos, y túmbate en el sofá. El paparazzo inmortaliza la escena.
La verdadera iglesia es antifamilia. Es una pena que la cadena militar la encierre en ser un vector de la política, porque podría por su consistencia no sólo ser libertaria, sino ser un mirífico destilado de modernidad.
El esperpento es un temperamento, más allá de la práctica de género, para el que llamar pan al pan y vino al vino es una cuestión de humor negro. ¿Por qué no llamarlos cuerpo A y cuerpo B, y convertirnos en filósofos?
Se llegaron a editar libros sobre el bloguero incomprendido, siglos más tarde se le recuerda en los manuales universitarios como antecedente del movimiento de pintores X.
Boris Vian, tout va bien. Pongo películas mientras la modelo posa para evitar las miserias del canturreo.
El paparazzo precede al columnista, luego es la vanguardia del periodismo. Cuando se es su propio paparazzo, es un placer extremo sentarse en el sofá a ser su propio columnista, pero en formato novela. ¿Por qué esta miga? Pues bien, porque el ojo de Orwell es uno mismo.
...
Manuel Montero
ps. estas migas son un entremés, estamos en el turno de preguntas y respuestas de Don Félix.
Comentado por: migas (2) el 26/10/2009 a las 16:27
a ver, por partes:
-no se olvide de esos maestros, universitarios, los 'filósofos de cátedra', que criticaba Schopenhauer, a algunos de ellos también se los 'adora', aún hoy
- pásense por el libro de Steiner sobre el asunto
-también, que no se olvide, existen los maestros de grupo de comunicación, estilo los que escriben en El País frecuentemente, todos saben a los que me refiero, algunos más brillantes que otros, pero,¡de menuda cuerda!, o soga, visto arrojado el caldero
-y para terminar, lo que ocurre, con ese tal Suso, es que el pobre es tonto, y se se le mezcla esto, además, con progre, entonces ya...no cabe la duda, el resultado es un libro sobre Zapatero
saludos
Comentado por: vic el 26/10/2009 a las 14:21
Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas , Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horas y Autobiografía sin vida (Mondadori, 2010). Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.
La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.
Ensayo
Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.
La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.
Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.
Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.
La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.
Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.
Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.
Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.
Venecia (1990). Planeta, Barcelona.
El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.
La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.
Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.
Novelas y prosa literaria
Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.
Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.
Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.
Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.
Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.
Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.
Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.
Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.
Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.
Última lección (1981). Legasa, Madrid.
Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.
Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.
Relatos
"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.
"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.
"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.
"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.
"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.
"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.
El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.
Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.
"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.
"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.
Poesía
Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.
Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.
Farra (1983). Hiperion, Madrid.
Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.
Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.
Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.
Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.
Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.
El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.
Cepo para nutria (1968). Madrid
1987 Premio Anagrama de Novela.
2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".
2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.
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Gracias por decirlo tan claro,...
Publicado por: francesca
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