Volver a leer los nuevos libros
Lo que le hacía más gracia es que yo leyera en francés (los motivos no vienen al caso), pero de aquella amistad entre niño y anciano me vino el tener a disposición su biblioteca, una de las pocas de Barcelona saturada de libros prohibidos. En domingos alternos me acercaba hasta la Diagonal y tras una breve conversación durante la cual era tratado como una persona mayor, Rusiñol tanteaba los rimeros y al fin daba con un libro que me cedía, siempre con la misma advertencia: "Sobre todo, que no lo vean tus padres". Así pude leer, sin apenas enterarme, a Sartre, a Camus, a Aragon y tantos otros con los que volvería a coincidir al cabo de los años como si fueran amigos del colegio. Ninguno, sin embargo, le avivaba tanto como Malraux.
No puedo asegurar que entendiera gran cosa de La condición humana, aunque la fascinación es algo ínsito en los niños y cuando se une al juego imaginativo da unos resultados explosivos. Debí de leerlo como si fuera una película de Fu Man Chu. La fe de Rusiñol en las futuras generaciones, sin embargo, llegaba tan lejos que cuando le devolví la gran novela indochina, algo hubo en mi comentario que iluminó su fino rostro. Tomó un volumen, lo puso solemnemente en mis manos y dijo: "Este da lo mismo que lo vean". Era El museo imaginario, de Malraux en la edición de 1947.
No recuerdo haber entendido gran cosa, pero de inmediato advertí que en aquellas páginas se encerraba una sabiduría que había seducido a gente tan imponente como el señor Rusiñol y si algo define a los niños es el deseo de apropiarse de todo cuanto de valor ven en sus mayores. Lo leí con ahínco, tropecé, despellejeme, me fui de bruces sangrando por ojos y oídos, quizás no logré terminarlo. No siendo un volumen fácil de disimular, me contrarió que mis padres no se alarmaran sino que incluso vieran mi dedicación con indulgencia. De modo que no cejé porque adivinaba la ironía con la que tratarían de reducirme: "¡Ah! ¿Pero ya lo has dejado?". No lo dejé. Sin duda porque era un volumen muy bien ilustrado (la soberbia selección fotográfica la había dirigido Malraux en persona) y es admirable lo que se puede desatar en la fantasía de un crío cuando ve unas fieras devorándose según el arte de las estepas asiáticas del siglo primero. En mi cuarto, junto a las inevitables fotos de Brigitte Bardot, figuraba un descendimiento de Van der Weyden en igualdad de condiciones, aunque con diverso ensoñamiento.
Pasaron los decenios y acabé como profesional de la teoría del arte . Para entonces ya conocía el descrédito que había caído sobre Malraux a partir de la colaboración con De Gaulle y su desprecio por Mayo del 68. Para los expertos, además, los trabajos sobre arte eran un capricho de aficionado y aquel ensayo que me hizo sudar tinta había sido machacado por profesores ingleses (Gombrich) y franceses (Duthuit) hasta no dejar ni ruinas. El método, tachado de "impresionista" a pesar de que Merleau-Ponty lo había alabado, carecía de valor científico. El viejo Malraux, patético morfinómano que apenas podía controlar los ataques nerviosos que le contraían el rostro de modo grotesco, era pasto de burlas y crueldades por la izquierda de salón apoltronada en el poder, excepto Bernard-Henri Lévy, lo que le honra.
Esta Semana Santa hizo frío y llovió con impertinencia en Madrid. Procesiones muy populares, la del Cristo de Medinaceli en particular, hubieron de suspenderse. La gente lloraba desconsolada. Habrá quien se burle de estas masas devotas que poco tienen que ver con la religión católica y mucho con el arte primitivo. A mi no me provocan ningún sentimiento de superioridad sino más bien lo contrario, la certeza de haber perdido la inocencia del dolor, esa capacidad para mudar el sufrimiento inútil, la pasión absurda, en fuente de sentido que alivie nuestra desesperada mortalidad.
Tenía conmigo Las voces del silencio, al que no había regresado en el último siglo y del que forma parte aquel Museo imaginario del señor Rusiñol. Sobre los rostros contritos de los creyentes oía la potente voz de Malraux contándome con esa intensidad cegadora que sólo da el resplandor de la verdad, cómo transformamos a los dioses una y otra vez, infatigablemente, porque el dolor, el sufrimiento, la insensatez y la desesperación son nuestros peores enemigos. Y contra ellos sólo cabe alzar la dignidad de la poesía.
Artículo publicado el domingo 19 de abril.
[Publicado el 20/4/2009 a las 09:51]
Qué suerte tiene de haber conocido a Rusiñol júnior. Ya me habría gustado a mí.
Yo admiro mucho la obra de Rusiñol padre. No conocía Aranjuez y quise ir sólo para ver cómo eran los jardines que había elegido para pasar sus últimos días. Esperaba una apoteosis floricultural y me llevé una decepción terrible, pues estaba todo seco y abandonado. Ni un triste parterre.
Imposible imaginarme a Rusiñol pintando esa desolación o a Isabel Farnesio en chalupa real por el desierto. También me horrizó bastante la decoración del palacio, especialmente los frescos de los techos.
A pesar de todo, disfruté del viaje.
Comentado por: Circe el 28/4/2009 a las 08:53
Los diversos nombres de Dios en el Torah, y en el Tanakh en general, son evidentemente toda una historia acerca de la naturaleza de ese Dios y de su relación con su pueblo.
Precisamente, una de las primeras pistas para diferenciar las diversas fuentes del texto ha sido el diverso nombre utilizado (así, fuente 'E', por Elohim,...).
El 'Yo soy el que soy' está en Éxodo 3,14. En el versículo anterior, Moisés le ha preguntado a Dios qué nombre debe usar cuando se dirija al pueblo para que le crean. Parece que él, no habiendo sido educado entre judíos no lo sabe (esto se contradice con 6.3, de fuente P, mientras que aquí estamos en fuente E).
Dios le contesta: 'Ehyeh Asher Ehyeh': 'Yo soy el que soy' o 'Yo seré el que seré', pero le dice a Moisés que use la forma abreviada 'Ehveh' (Yo soy).
Dios usa la primera persona, pero cuando Moisés debe decir el nombre pasa a la tercera, que abreviada a su vez queda en 'Yahweh' ('Él es' o 'Él será'). Hay que tener en cuenta que los judíos no pronuncian consonantes, con lo cual queda YHVH.
En la época del Segundo Templo, como señal de reverencia se dejó de pronunciar el nombre, substituyéndose por ejemplo por Adonai (El Señor).
De todos modos, tniendo en cuenta el contexto de E 3,14 y el caracter tan especial que el Tanakh asigna a los nombres, no es descabellado interpretar la respuesta de Dios a Moisés como una manera de sacárselo de encima: ¿Que quién soy? Soy el que soy y no le des más vueltas.
Comentado por: lenn el 22/4/2009 a las 20:19
Dice la Torah,
Primero fue I-h-v-h, el Eterno en Su inaccesible esencia.
Después fue E-lo-him, Dios actuando en la naturaleza.
Y por último, con la aparición de la humanidad, Dios pasó a ser Hashem Elohim, "rey misericordioso".
Me parece, pues, que cuando Yaveh dice "yo soy el que soy", más que "préstame atención", le está diciendo al hombre, "no se te ocurra intentar entrar ahí, puesto que "ahí" es antes de que tú existieras y sólo porque tú no existías todavía, y ese lugar, con su correspondiente lenguaje, te está vedado.
El Cristianismo, en parte, nace del hartazgo de una humanidad que quiere tutear a Dios.
En lo que escribió Azúa resuena algo de ello cuando dice escucharle a Malraux "...cómo transformamos a los dioses una y otra vez, infatigablemente, porque el dolor, el sufrimiento, la insensatez y la desesperación son nuestros peores enemigos. Y contra ellos sólo cabe alzar la dignidad de la poesía."
En cuanto al lenguaje a partir del hombre, recuerdo que en la peli 2001 Odisea en el Espacio, al principio, el mono, al mismo tiempo que mata a otro mono por primera vez, lanza un alarido que ya no suena igual que los ruidos guturales que venía intercambiando con sus semejantes antes de ese momento.
Quizás algo así (pero bien elaborado) es lo que podría entenderse en la ética del silencio de L.W. (¿?)
Comentado por: knudsen el 22/4/2009 a las 17:52
Se cita muy a menudo lo de 'yo soy el que soy', casi siempre como algo que esconde algún recóndito sentido, algún mensaje a descifrar.
Pero si se sigue el texto del Torah, se puede observar con bastante facilidad que lo que hace Yaveh es quitarse de encima esa respuesta (a lo Pujol cuando decía 'hoy no toca') y seguir con lo que le interesa en ese momento. Viene a decir: '¿pues quién voy a ser? Escucha y no te me distraigas.'
Comentado por: lenn el 22/4/2009 a las 16:50
à Mme. Knudsen,
pues, a ver si le llegan, para cambiar impresiones y opiniones.
Resulta curioso lo del nombre de Dios, el Innominado, 'yo soy el que soy', 'el gran yo soy', y los epítetos de Dios, (recuerdo los noventa y nueve nombres de Allah al que dedica, creo recordar, un texto Titus Burckhardt) respecto a las fórmulas de invocación pagana a los dioses, y respecto a la magia, al poder, de la palabra en Egipto(no sólo allí), Libro de los muertos, el Ren, al nombrar a los dioses encargados de conducir al difunto (he visto hace poco como unos arqueólogos españoles han sacado a la luz no sé qué de la reina Hatshepsut, y como su sucesor se entretuvo en 'borrar' su nombre, mataba parte de su espíritu(?)). Dicen los tibetanos que el sentido del oído es el último que se pierde, por eso al recitar el Bardo gritan cada vez más fuerte al oído el nombre del fallecido, para que no se pìerda.
saludos
Comentado por: vic el 22/4/2009 a las 10:32
Mr. Vic,
Gracias por 2ª vez por sus explicaciones. Como todavía no me han llegado esos ensayos de W.B., poco puedo decir todavía al respecto, aunque si los sigue leyendo Vd. aquí en voz alta, habré ganado mucho en mis pesquisas.
En cuanto a W., recuerdo haber leído que, la primera vez que le dijeron que la teoría del "sprachspiel" estropeaba toda la ética sugerida en el Tractatus, respondió, "mi ética está en lo que callo".
En cualquier caso, Vd., por favor, no se calle.
Shalom i Iebarejejá Hashem (que no H', puesto que a los no-judíos sí nos está permitido decir el nombre de Dios).
Comentado por: knudsen el 22/4/2009 a las 10:04
en el ensayito de Benjamin que se titula 'Sobre el lenguaje en cuanto tal y sobre el lenguaje del hombre', el autor trata, o esboza, lo que podríamos llamar la 'teoría divina del lenguaje', para empezar, pues es muy feraz el texto, dice que:
1) el lenguaje está estratificado, en la cima está el lenguaje de Dios, de la Creación, después el lenguaje del hombre, y luego el de la naturaleza; aunque realmente esta jerarquía sólo es aparente en el sentido de que la 'tristeza' la naturaleza la sufre porque carece de lenguaje, pero también la tristeza la hace enmudecer; aquí se observa, por tanto, que el lenguaje del hombre no es que sea superior sino que se ha apartado de la naturaleza y por eso ésta está triste, porque su lenguaje es un lenguaje mudo, el de la naturaleza. De ahí que B. diga que Dios dio al hombre la tarea de dar nombre a las cosas, pero que "y a la naturaleza le da nombre tras la comunicación que de ella recibe" y también que "la carencia de lenguaje es el gran dolor de la naturaleza(y para redimirla están la vida y el lenguje del hombre en la naturaleza; no sólo del poeta, como normalmente se presume)".
2) B. habla de la concepción burguesa del lenguaje que es la clásica, la que se estudia y es por todos conocida desde los lingüistas del XIX hasta la gramática generativa chomskiana. Sin embargo para el filósofo el lenguaje no tiene, fundamentalmente, esa función de deíctica, que sirve para comunicar en el senido más prosaico del término, o más frío, por eso dice que "el lenguaje no da nunca meros signos". Luego la palabra no guarda una relación accidental con la cosa, aquí recuerdo como Varrón en su 'De lingua' trata las teorías anomalistas y analogistas griegas en relación a la imposición de nombres, y las trata de superar, pero para B. la palabra no es tan solo "la esencia de cada cosa" como sostendría una teoría mística del lenguaje, que incluso ésta se atreve a subvertir aquel motto heideggeriano sobre el ser y la casa, sino que "la cosa no tiene ninguna palabra, habiéndose creado a partir justamente de la palabra de Dios y siendo en su nombre conocida según palabra humana". Hay que distinguir, por tanto, la palabra de Dios y el nombre del hombre, porque "en el nombre, la palabra divina ya no sigue creando".
Qué relación existe entre esto y las ideas de Wittgenstein a propósito del lenguaje. Buena pregunta (aunque antes debería preguntar si es pertinente). Para empezar no sé si W. aceptaría eso del lenguaje de Dios, creo que no. En todo caso para B. "el ser espiritual del hombre es el lenguaje. Su ser espiritual es el lenguaje que tuvo lugar en la Creación. Ésta tuvo lugar en la palabra, y el ser lingüístico de Dios es la palabra. Todo humano lenguaje es tan solo reflejo, el de la palabra en el nombre". Aparte de que se explique B. en un lenguaje religioso característico, cargado de conceptos sacados del Génesis, lo que cabe decir,-más allá de la 'anécdota', debería serlo, de lo religioso del parlamento benjaminiano-, es que para B. el sentido es transcendente e inmanente. ¿Por qué?. Transcendente en cuanto que parecería que el sentido es uno, es un absoluto en cuanto viene dado por lo divino, supra-empírico, de la palabra, que como cascada da al hombre y a la naturaleza su ser. Y es inmanente si paramos en que es la cosa la que llama, de cierto modo, al hombre, con su lenguaje mudo para que le dé un nombre, y cumpla la tarea impuesta por Dios; la causa del sentido, incluso su origen podríamos decir, viene desde dentro de la cosa misma, pero no tiene, valga la redundancia, sentido sin la previa palabra divina. Cosa ésta que choca con el chalaneo de los juegos de W., que por ser tales son humanos,en absoluto, participan de ciertas convenciones y desde luego son parciales, o fraccionados, no existe el 'grosse sprachspiel' en W. que recorra al mundo al bies, y que unifique, pues no hay en W.(al menos superficialmente) restos de metafísica, ni restos de apriorismo; además, es conocido que el sentido en W. 'es' el propio juego, y que uno lo aprende y maneja jugando, es aquello clásico de que a andar se aprende andando, y que, por tanto, la práctica lo conforma, empirismo puro que no tiene nada que ver con el chorreo de arriba hacia abajo que se observa en la 'teoria divina del lenguaje'
Dejo para otro momento conceptos que toca B. en el ensayo, tan interesantes como la revelación o el pecado original
Comentado por: vic el 22/4/2009 a las 09:38
Comentado por: con bibiana en el corasón el 21/4/2009 a las 23:39
Comentado por: nadyno el 21/4/2009 a las 17:24
Comentado por: saldos varios el 21/4/2009 a las 16:30
Comentado por: no es zerolo todo lo que arde el 21/4/2009 a las 16:29
Comentado por: ZARA tustra el 21/4/2009 a las 14:47
...y llega la bibi, señores!, perdón!, doña Bibiana Aido, esa ministra (¿ministra de ministerio?, ¿ministerio?) que 'ora leonis erat, venter capra, cauda draconis'; y niega a Monse, o le reconviene, al Rouco, por hablar sobre el aborto en base a un argumento peregrino sobre algo de crimen, derecho o pecado, peregrino y sin venera; pero, cuándo dejarán los progres de decirnos lo que debemos y no debemos decir u opinar; o de marcar territorios en donde poder, previo placet, decir u opinar, de acuerdo con la ética de minifundio de la izquierda desnortada. Qué opine Monse y qué opine Sergio Ramos y qué opine Raphael y mi vecina del Quinto...ay!, bibi, vuélvete, por bulerías o carceleras, a otros menesteres...please, ahorremos con la bibi!
Comentado por: vic el 21/4/2009 a las 14:30
Historia e impostura, una fraternidad
Félix de Azúa
(EL PAÍS, 20/04/09)
Para Demetrio Pin en Saint-Julien Le Pauvre
Si descartamos el pundonor profesional, virtud de difícil defensa (¿soy honrado o me he acomodado a la “honradez” de mi biotopo?), no hay muchas razones para escribir honradamente la verdad. Los historiadores, como los periodistas, han de verse constantemente asaltados por la duda. ¿Es verdad que los franquistas “ocuparon” Barcelona, o la “liberaron”, como decían las grandes familias que todavía hoy controlan el país con nuevas máscaras? Decidir sobre un verbo puede marcar para siempre.
En una ocasión, M. McCabe, que se encargaba de la Filosofía Antigua en el King’s College de Londres, se las hubo con un historiador astuto y deconstructivo, poco partidario de la verdad. Me quedó un argumento de McCabe en defensa de la historia verdadera: la historia no sirve para nada, si no es para conocernos a nosotros mismos y tomar medidas correctoras. Las mentiras socialmente útiles (las habituales en historiadores y periodistas ideológicos u orgánicos) ocultan y disfrazan nuestros errores, lo que instiga a repetirlos. En cuyo caso es mejor leer o escribir novelas. Son más verdaderas.
No obstante, resistirse a la ficción socialmente útil es asunto de gran dificultad. Voy a presentar tres casos de impostura útil, cada uno de los cuales presenta un contenido moral distinto.
Un fotógrafo amigo mío tuvo la suerte de interesar a unas galeristas de San Francisco cuando éstas entraron por azar en una muestra suya mientras hacían turismo por España. Le contrataron una exposición, tuvo buenas críticas y le pidieron más material al tiempo que le animaban a visitar la galería americana. Así lo hizo, y cuando se presentó ante ellas, abrió una carpeta con fotos similares a las que le habían expuesto. Llevaba, sin embargo, otra carpeta con ejemplares de su obra más arriesgada, quizás calificable de “perversa”, en todo caso, turbadora. En el momento de abrirla tuvo una iluminación. “Mirad, dijo, como no me quedaban más fotos, os he traído el trabajo de una amiga que vive en mi ciudad. Se llama Gladys Steiner y a lo mejor os parece un poco atrevida”. Las galeristas se lanzaron sobre las fotos gorjeando de placer, compraron al instante la carpeta entera y le exhortaron a facilitar el contacto para contratar a Gladys como estrella fija. En consecuencia, mi amigo comenzó a entrenar a una muchacha de Tarragona para que ejerciera de Gladys. La moza se lo tomó con tanto entusiasmo que ahora mismo está persuadida de ser Gladys y pueden acabar todos en el juzgado.
Uno de los peligros de inventar héroes que nunca existieron, como suelen hacer los historiadores simbólicos en busca de raíces milenarias, legitimaciones medievales y otros arcaísmos, es queluego han de vivir con ellos. Los fantasmas se alimentan de sangre. Hay historiadores que llevan un pequeño Wilfredo o un Pelayo hincado en el cuello para siempre.
El segundo caso es el de otro amigo, excelente escritor y hombre muy competente en las más diversas y duras disciplinas, como la arqueología grecolatina, la filología clásica, las lenguas semíticas, la historia de los imperios orientales, en fin, aquellos saberes que caracterizaban al sabio alemán del siglo XIX. Sin embargo, esos conocimientos son el resultado de la pasión: su título universitario es el de Derecho. Tras muchos años de estudio, pagándose viajes a lugares remotos (y peligrosos), rebuscando en bibliotecas e incluso comprando en subastas, ha conseguido reunir la documentación suficiente como para presentar la hipótesis de que “Homero” es una atribución que corresponde a otro gran nombre de la antigüedad (que no puedo revelar), auténtico recopilador de la Iliada. Una propuesta de este calibre (¡habría que cambiar cientos de miles de escritos donde aparece “Homero” para poner “XYZ”!) no pudo asumirla ningún editor. Armándose de valor, impostó como autor del ensayo a un profesor alemán exiliado en Noruega durante el dominio soviético, le añadió una bibliografía impecable y, en fin, lo construyó de arriba abajo. El profesor alemán ya ha recibido dos ofertas de edición.
He aquí una variante de los falsos poemas de Ossian, en los que un patriota escocés se hacía pasar por rapsoda ancestral para dar lustro a la historia nacional. Los poemas que se inventó eran buenos, aunque no, desde luego, antiguos. El que presento es un caso más sutil: también precisa inventar un autor inexistente, pero no para expandir la mentira sino para que se sepa la verdad. De todos modos, las impostaciones siempre terminan mal. El falso Ossian acabó exasperado, frenético, ridiculizado por los ataques que recibió, sobre todo, de los irlandeses. Mi amigo tiene serias dudas de que pueda mantener la impostación, si llega a publicar el libro. ¿Qué dirán los macedonios?
El último caso lo conozco mejor. Hace unas semanas y en este mismo periódico me inventé una falsa biografía de Francis Bacon para justificar sus pinturas. Irritado por la importancia que daban los medios de comunicación a la santidad del artista como “explicación” de su obra (homosexual, sadomasoquista, un amante suicidado en el retrete, alcohólico, en fin, una vida ejemplar), le atribuí una vida que huyera del sentimentalismo. Felizmente casado (con Doris), dos hijos, votante del Partido Conservador, empleado de seguros y turista en la Costa Brava. Le di esos atributos escasamente románticos como si fueran decisivos para entender sus pinturas, en imitación de lo que habían escrito tantos otros sobre “la verdad” de Bacon. A pesar de todo, y por si algún despistado se lo tragaba sin pillar la ironía, añadí, a modo de escudo, una biografía imposible de Velázquez. Ni a tiros. Recibí una ola de mensajes, algunos interesándose por la esposa de Bacon (destaca el que exclama: “¡Ya era hora de que alguien sacara de la oscuridad a esa mujer!”), otros preguntando por el municipio portugués donde se guardan los documentos sobre la transexualidad del sevillano, y no faltaron lectores emocionados por el sufrimiento de Bacon al ser amonestado en su compañía de seguros. Los mejores, unos cuantos de seriedad apostólica insultándome por mentir como un bellaco.
He aquí una última enseñanza de por qué es peligroso mentir cuando se escribe la historia: es bastante probable que mucha gente te crea, sobre todo, si es algo por completo increíble. Y entonces, si eso va a suceder, ¿no es mejor decir la verdad? ¿Aunque sea por modestia o por sentido del humor?
Este dilema, sin embargo, tiene un recurso: es casi seguro que si digo la verdad (piensa el mentiroso) me expulsarán del biotopo político en el que me alimento. Tendré que buscarme la subsistencia en tierras extrañas, muchas de ellas dominadas por otros mentirosos. En cambio, en mi biotopo estoy bien alimentado, mis hijos tienen amigos, me han otorgado una distinción y me bendice la prensa patriótica. Además, mi nación ha sufrido mucho y está rodeada de enemigos, así que bueno es ayudarla aunque sea mintiendo. Es lo que hacen algunas personalidades con la Cuba de Fidel, por ejemplo.
Contra este argumento no hay defensa. Tiene razón el historiador ideológico, hay que conservarse. Sólo cabría recomendarle que escriba novelas porque, de seguir aceptando la denominación de “historiador”, dentro de unos años la gente se reirá de sus mentiras como ahora nos reímos de los libros de historia escritos por franquistas de nómina. Es cierto que con un poco de suerte eso sucederá cuando ya esté criando malvas y la vergüenza sólo caerá sobre sus hijos. Pero eso a él ¿qué más le da? Viven las patrias eternamente. Efímeros son los patriotas.
Un aviso final: los tres casos que he relatado son verdaderamente históricos. He cambiado nombres y lugares para proteger a mis invitados.
Comentado por: copia/pega el 21/4/2009 a las 12:56
Comentado por: provoqueen el 21/4/2009 a las 10:52
Mi libro más recurrente es el "Zaratustra", siempre le encuentro recovecos nuevos.
Tipo M.
Estoy de acuerdo, el artículo de Azúa del lunes es, además de explicativo, otro bello texto. A ver si nos lo cuelgan a lo largo de la semana.
Comentado por: provoqueen el 21/4/2009 a las 10:46
Por fin D. Félix nos desveló, en el País, la tomadura de pelo que había pergeñado con la vida y obra de los pintores. Y lo hace con un texto excelente. Para darnos más...
Comentado por: Tipo Material el 21/4/2009 a las 10:33
Comentado por: me el 20/4/2009 a las 22:44
siguiendo con algunos escritos de Benjamin, y en este caso leyendo uno que se titula 'Experiencia y pobreza' en el que, por resumir, podríamos decir que trata del paso del hombre decimonónico al hombre moderno (cuando B. escribió el texto, claro), me sobreviene la duda de si al contemplar este paso, en el cual el hombre moderno ha perdido, se ha hecho pobre, somo bárbaros, más bárbaros, dice, el filósofo, digo que me sobreviene la duda de si esta pérdida o pobreza experiencial es algo que pagamos querámoslo o no, es decir, si es algo impuesto por el discurrir del tiempo, si estamos sometidos, y ya no queda nada del hombre antiguo, en definitiva, no quedan huellas de ese hombre,-no nos quedan huellas, luego pasado, luego historia-, como dice B., porque nos las han borrado, y ¿será esto, si es necesario, bueno o malo?.
"¿Gentes como Scheebart sueñan tal vez con edificaciones de vidrio porque son confesores de una nueva pobreza?", se pregunta B. ¿Realmente el vidrio transformará, o ha tranformado ya,por completo al hombre?
Comentado por: vic el 20/4/2009 a las 21:44
Recuerdo los libros que en mi infancia corrían por casa: Malraux, Maurois, Bernanos, Papini, Zweig,...aunque yo, menos precoz que Azúa, me centraba en los que me parecían prometer un contenido escabroso.
Con la excepción de Zweig, ¿qué se ha hecho de aquellos escritores? ¿Quién los substituye entre los que serían sus lectores hoy?
Un breve repaso, como el magistral que hoy trae Azúa, basta para darnos cuenta de lo que nos perdemos.
Comentado por: lenn el 20/4/2009 a las 20:47
Comentado por: maria jose el 20/4/2009 a las 19:57
Comentado por: Isis el 20/4/2009 a las 13:55
Lo peor del destino, a mi entender, es no haber tenido Rusiñoles en la infancia. El destino de nuestro pasado, a veces, nos deja maldiciendo el futuro; el futuro de aquel pasado ¿Será todo ello el presente? La poesía no lo permita. Amén.
Gracias por hacer nuestro aquello, ahora.
Comentado por: Isis el 20/4/2009 a las 13:16
Comentado por: knudsen el 20/4/2009 a las 12:21
Comentado por: fet un embolic el 20/4/2009 a las 11:36
Comentado por: T el 20/4/2009 a las 10:52
Comentado por: j. el 20/4/2009 a las 10:08
Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas , Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horas y Autobiografía sin vida (Mondadori, 2010). Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.
La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.
Ensayo
Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.
La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.
Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.
Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.
La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.
Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.
Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.
Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.
Venecia (1990). Planeta, Barcelona.
El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.
La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.
Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.
Novelas y prosa literaria
Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.
Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.
Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.
Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.
Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.
Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.
Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.
Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.
Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.
Última lección (1981). Legasa, Madrid.
Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.
Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.
Relatos
"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.
"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.
"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.
"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.
"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.
"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.
El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.
Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.
"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.
"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.
Poesía
Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.
Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.
Farra (1983). Hiperion, Madrid.
Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.
Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.
Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.
Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.
Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.
El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.
Cepo para nutria (1968). Madrid
1987 Premio Anagrama de Novela.
2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".
2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.
22/5/2012 10:20
Afortunados por David Brook ...
Publicado por: He descubierto al enemigo: son ellos, incluído el cp
22/5/2012 09:07
La edad de la inocencia. David...
Publicado por: he descubierto el enemigo: somos nosotros
22/5/2012 02:48
Gracias por decirlo tan claro,...
Publicado por: francesca
21/5/2012 22:57
esto la cocaina en la transición...
Publicado por: un tieso
21/5/2012 21:25
Magnífico artículo, don félix....
Publicado por: DPA
20/5/2012 19:37
DISCLAIMER: I do Not own! No...
Publicado por: Pakito
20/5/2012 13:05
Bien, como he visto tantas manos...
Publicado por: ¿seguimos estando de acuerdo?
19/5/2012 23:35
Publicado por: A estas alturas con el marxismo...
19/5/2012 19:45
En los ’30, la crítica radical...
Publicado por: duchamp y la CIA
19/5/2012 00:57
Hola te estaría muy agradecido...
Publicado por: jesus zamora
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