Alabanza impúdica de la letra
Ya va para tres veces que me topo en alguna cadena de televisión con reportajes alarmadísimos sobre la violencia juvenil. Los crueles crímenes de jóvenes machos sobre hembras desvalidas o las palizas que hembras menos desvalidas propinan a otras hembras vaya usted a saber si desvalidas o no. El locutor y la más frecuente locutora suelen disponer un gesto de consternación impagable cuando se preguntan, señoras y señores, por las causas de tanta barbarie. Pues se las voy a decir.
Son varias. Algunas muy antiguas, como la pobreza, la ideología tradicionalista, el criminógeno paternalismo mediterráneo. Pero otras son nuevas y sobre ellas vale la pena detenerse. Una de las más elementales tengo la seguridad de que es el nuevo modelo de conducta que se impone a los chavales desde el cine y la televisión. ¿Les parece un tópico? ¡Naturalmente!, pero sólo porque nadie sabe cómo acabar con él. Es indudable que esos machitos perforados con metales, rapados y resentidos, han aprendido que la máxima elegancia es llevar, además, un buen punzón y zurrar a las chavalas, como en la tele. Y son iguales aquí, en Nápoles, Ecuador o Marruecos. Idénticos. Todos ven el mismo programa.
La única vacuna es la lectura, actividad que no pueden garantizar nuestros maestros. Mientras los modelos de conducta se construyeron con urdimbre literaria, la estructura moral del personaje imitado estaba garantizada. La lectura da forma a la experiencia, pero le añade reflexión propia y autónoma. La imagen no. Por eso la lectura no es una actividad técnica superada, sino una de las fuentes del aprendizaje más reprimida por unas élites que desprecian la inteligencia.
Recomiendo (sobre todo a los maestros) la lectura de ¿Para qué sirve la literatura?, de Antoine Compagnon (Acantilado) si quieren recuperar un poco de fe en sí mismos. Es ventajoso proteger al cachalote bizco y a la rana lunera, pero si tuviéramos un gobierno medianamente sensato financiaría una ONG para extender la lectura por este desolado país. Con que picaran cien al año, estábamos salvados.
[Publicado el 23/2/2009 a las 09:42]
ELVIRA LINDO
Comparto todas tus inquietudes y bravezas respecto a algunos comunicadores y sus cortas exposiciones mentales. Cada vez que lees la prensa de tu país, al igual que yo lo hago en el mío y otro lo hará en Guinea Ecuatorial o Kenya, hay un sentimiento de vacío que nos invade al comprender que todos tenemos unos niveles de intelecto y de percepción completamente diferentes unos de otros y que la relatividad de la percepción de la realidad de acuerdo a la sbjetividad de cada individuo es a veces d´ramática si queremos "digerir la noticia"basados en parámetros personales de percepción sociopolítica de la misma.
Lo que nos llega a aterrar, en algunas oportunidades, es lo que para otros permanece "entre los límites de lo normal y lo lógico". La forma en que se plantean algunas situaciones, como tu lo denuncias allí en tu nota, es realmente vergonzosa y una afrenta para la inteligencia, pero es la realidad impúdica de nuestro periodismo en todo el mundo. A propósito, escribo estas letras de solidaridad intelectual desde Colombia, América Latina.Porque en todas partes se cuecen habas.
Comentado por: FELIPE BUENO ANGULO el 19/3/2009 a las 18:09
La lectura como derecho humano:
http://entertainment.timesonline.co.uk/tol/arts_and_entertainment/books/article5529708.ece
Comentado por: sam el 25/2/2009 a las 11:49
El absurdo
ELVIRA LINDO 25/02/2009
A pesar de que me aplico a diario a la tarea de comprender la actuación de los políticos de mi país en estos tiempos excepcionales, hay demasiadas cosas que me hacen sentir alienígena: no entiendo, por ejemplo, que la dimisión de un ministro se reciba como una heroicidad. El espectáculo de los diputados aplaudiendo una dimisión que se consideraba necesaria me parece grotesca, como de no tener asimilado que la dimisión o el cese son prácticas necesarias en el juego democrático. Por otra parte, considero vergonzoso que la oposición saboree la marcha del ministro como si fuera una victoria. Tantos de los suyos deberían o deben hacer lo mismo que más les valdría tomar nota.
No entiendo que sea noticiable el que los presidentes de Castilla y León y de Castilla-La Mancha se reúnan en Talavera de la Reina para facilitar el intercambio de servicios en las zonas limítrofes de las dos comunidades. "Ambos resaltaron la necesidad de superar fronteras". ¿Cómo se podría definir esto, como política exterior? Me parecería un buen chiste para dos personajes del Roto, si no fuera porque tengo la foto de estos dos presidentes delante de mis narices.
No entiendo que un político, Juan José Ibarretxe, que forma parte del engranaje del Estado español (mal que le pese) y que por tanto debiera asumir una mínima lealtad hacia ese Estado, al margen de sus aspiraciones nacionalistas, pueda declarar que no tiene miedo ni a ETA ni a España, colocando a un mismo nivel a una organización terrorista y a un país democrático y quedarse tan ancho.
Son tres ejemplos pero hay muchos otros que, a diario, me sumen en la perplejidad y me provocan la sensación de que vivimos en un absurdo imparable. No aspiro a que mis palabras sirvan para nada (cada vez menos), pero si supiera que algunos de ustedes comparten el mismo asombro me sentiría muy acompañada.
Comentado por: absurdo el 25/2/2009 a las 11:36
D. Felix cumple este año la edad de jubilación. Clases pasivas y un entusiasmo un tanto senil.
Leer no es ver una peli, ni escuchar música aunque se puede vibrar mucho con alguna tierna escena de Kill Bill (prueben a ver la escena en que Uma Thurman le propone a un artesano que le regale una katana)
Leer requiere esfuerzo debil pero sostenido, esa clase de sorda energía que tienen los depresivos para los asuntos morbosos. Lee la gente depresiva que consiguen enchufar con los grandes depresivos que a la vez son los grandes artístas de las letras: Cervantes, Quevedo, Calderon,Baudelaire, Kafka, Dostoyeski.
Leer no sirve de nada.
Estar al lado de una mujer, tomando un chupito de Calisay, acariciandole las tetas, poner la cabeza en su vientre y mirar de reojo como llueve fuera es un plan bueno y de gente sana mentalmente.
Comentado por: SOLESTER el 25/2/2009 a las 11:22
Excelente reflexión Felix, pero ese airecillo machista rompehuesos de algunos con sus mujeres creo que se ve más en las razas teutonas que en las latinas, o me equivoco???
Comentado por: FELIPE BUENO ANGULO el 24/2/2009 a las 22:41
es que la literatura consigue abarcar todas las ramas del conocimiento (y de lo que queda fuera del coocimiento establecido)paseandose sin mayores ataduras disolviendo los distintos vicios academicos.
Comentado por: http://unapieza.wordpress.com el 24/2/2009 a las 18:03
Comentado por: Enrique el 24/2/2009 a las 17:30
Comentado por: naranjada el 24/2/2009 a las 14:40
A propósito de música, aquí una breve lección:
"El cine, ese libro de los que no leen libros, parecía un género agotado desde los setenta, pero ahora la Academia se ha soltado el pelo con un Oscar para Pe, que, con su pe de paro, es la Pe de la España de Zetapé. Un francés medio es un tipo que siempre ha sabido que bebe vino, que ignora la geografía y que tiene una condecoración. Un español medio es un tipo que empieza a saber que bebe vino, que está en el paro y que tiene, o bien un Oscar, o bien una Medalla de Oro de las Bellas Artes. Son los casos, hoy, de Pe y de Fran Rivera. Los Oscar los da Hollywood, y las Medallas de Oro, el Ministerio de Cultura en la Casa de las Siete Chimeneas, en otro siglo sede de orgías espiritistas, al decir del fakir Ramón Tortajada, conocido por Daja Tarto. El ministro del ramo se llama Molina, que, como buen español, más que socialista es posibilista, y hace bien. «Ni aquellos eran tan buenos ni estos son tan malos», dijo para saludar la victoria de la derecha en el 96. Molina, un gallego que no sabe de toros ni la manoseada anécdota de Belmonte en La Coruña, ha dado la Medalla de Oro de las Bellas Artes al «marketing» de José Tomás y al «glamour» de Fran Rivera. «Los toros -tiene dicho el flautista Salvador Boix- son «marketing» y «glamour»». Por ese lado, José y Fran son al toreo lo que Pe es a la cinematografía. ¿Española o americana? Pues no se sabe. Azorín, que iba todas las tardes al cine, huía del cine español, y tenía sus razones: «El guión ha de ser una obra literaria y una obra literaria no puede hacerla más que un escritor. ¿Se sigue en España esa norma? No. En Hollywood hay una crisis que se atribuye a la TV. Hay que atribuirla a los guiones antiliterarios. Películas dirigidas nada menos que por De Mille son lastimosas. Insisto en que el fundamento del arte literario es el estudio de las ciencias naturales, es decir, de las ciencias de observación. Esto ha parecido una extravagancia a los pitagóricos del cine y las consecuencias de ese desdén por la observación las pagamos todos los días en las películas españolas». En cuanto a las Bellas Artes, si al ministro sólo le interesa del toreo salir en los couchés, no le va a dar la laureada al Cid."
I. Ruiz Quintano, el Maestro
Comentado por: no se desesperen el 24/2/2009 a las 13:58
Creo que simplifica por falta de conocimiento.
Le recomiendo a Vicente Garrido Genovés.
Las ''perforaciones metálicas'' son ''como''las melenas de los años 70 o el aspecto desaliñado de los 90.
Y por tu simplificación parecen tus comentarios como los que he oido hace mas de 30 años de gentes menos cultivadas que tú.
Comentado por: juan el 24/2/2009 a las 11:53
Una de las ventajas de la lectura es que provee de los nombres de las cosas, de vocabulario, que es una forma de tener un poder en potencia sobre ellas. Te permite un, por llamarlo así, retorno: puedes explicarte. Conociendo sólo imágenes, lo más puedes describir con las manos. No niego que la imagen, que muestra la forma, tenga su valor educativo: seguramente nunca antés conociamos 'de vista' tanto sobre las diferentes formas del mundo, pero esto por si sólo es, valga el tópico, superficial. Aunque esto ya sería algo: me temo que los cafres macarrillas por tener no tienen ni esa educación visual: una cosa es ver la tele en su diversidad y otra ver un mismo modelo de programa repetido hasta la saciedad con mínimas variantes. Como dice, todos ven el mismo programa.
Comentado por: j el 24/2/2009 a las 11:14
ayer, en la entrevista al presidente me quedaron claras dos cosas:
1º Sonsoles no le asesora en materia política alguna y dado su consejo de ministros quizá no sea suficientemente prudente...la esposa, sabe cosas que la de la Vega no entiende
2º la crisis y su salida no depende de nosotros, qué va! estamos al albur de 'no-se-sabe-que-entes-supraestatales', ventajas de la globalización!;
con lo cual: las reclamaciones al maestro armero, oiga y...Sonsoles, dale algún consejo sobre economía doméstica, aunque sea entonando un do-re-mi
ay, Sero sapiunt Phryges!
Comentado por: vic el 24/2/2009 a las 10:48
Para Sobre la crisis:
conviene tener muy en cuenta, también, las transformaciones tecnológicas, una de cuyas consecuencias directas es que eliminan la necesidad de fuerza de trabajo en amplios sectores. Lo sabemos por la agricultura, lo sabemos por la industria y ahora lo estamos viviendo, pero no queriendo ver, en todo el sector servicios. La pregunta es: y después, ¿qué?
Comentado por: j el 24/2/2009 a las 10:38
1- Nunca antes tanta gente con rentas bajas había tenido acceso a una vivienda en propiedad
2- Todos decían "¿alquilar?, ¡pero si por un poco más (un 35-55% más en realidad) puedes comprar¡"
3- Nunca antes había viajado tanta gente con rentas bajas a destinos considerados de lujo
4- Las venta de coches de alta gama se dispararon
5- El ahorro en vacas gordas: nulo
6- Los bancos le prestaban el dinero a
quienes se lo pedían. Nunca obligaron a nadie a endeudarse
Los particulares también tuvieron exceso de liquidez y, al igual que las empresas, se lo gastaron en chorradas. Hoy los Estados tienen que ayudar a unos y otras para que no nos vayamos todos a la m.
La estupidez y la codicia son los bienes mejor repartidos.
Comentado por: o... el 24/2/2009 a las 10:28
Otro artículo:
"Cinco aforismos sobre la crisis
MARIO TRINIDAD 18/02/2009
Durante meses hemos oído decir que la actual crisis -primero, financiera pero luego extendida al conjunto de la economía- era una crisis de confianza. Y aunque la acumulación de malas noticias ha ido desvirtuando ese tipo de análisis, todavía hay quien se agarra a él con todas sus fuerzas, como tuvimos ocasión de comprobar no hace mucho en la intervención del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el programa de la primera cadena de la televisión pública Tengo una pregunta para usted. Por ello, no está de más insistir en que la realidad es mucho más complicada. Reparemos si no en la cadena causal que presentamos a continuación en forma de aforismos:
El auténtico origen de la crisis está en las transformaciones estructurales de la economía mundial.
- La crisis financiera, que es la que ha provocado la tan mentada pérdida de confianza de los actores económicos, no se habría producido sin el estallido de la denominada burbuja inmobiliaria.
- No habría existido una burbuja inmobiliaria si la concesión de crédito por parte de los bancos y otras instituciones financieras no hubiera sido tan alegre (con el beneplácito de las autoridades monetarias).
- El crédito no hubiera sido tan fácil si los tipos de interés no hubieran estado tan bajos.
- Los tipos de interés no habrían caído tanto sin el exceso de liquidez (Emilio Botín) o el exceso de ahorro (Martin Wolf) que hemos conocido en la última década.
- No se habría producido ese exceso de ahorro si el aumento de las desigualdades no hubiera dejado tanto dinero en manos de quienes, por tener ya mucho, no pueden gastárselo. Y si las aventuras bélicas de los EE UU de Bush no hubieran propiciado a partir de 2003 un aumento explosivo del precio del petróleo que ha engordado las arcas de los jeques árabes -y de los clubes de fútbol ingleses- a costa de ponernos en apuros a todos los demás.
¿Resulta convincente el razonamiento que hemos tratado de resumir en esos cinco aforismos?
Pues falta lo más importante. Porque si se escarba un poco en ese fenómeno del aumento de las desigualdades al que acabamos de aludir y que ha sido objeto de un reciente informe de la OCDE (octubre 2008), nos encontramos con un acontecimiento trascendental que se ha producido en las dos últimas décadas como consecuencia de la incorporación de China, India y del antiguo Bloque Soviético a la economía mundial. El economista Richard Freeman (The Great Doubling: The Challenge of the New Global Labor Market. Agosto de 2006) se ha referido a ese acontecimiento como la alteración del equilibrio entre el capital y el trabajo; unos términos que la mayoría de nuestros economistas hace tiempo que no emplean. Manejando datos de las Penn World Tables (estadísticas sobre la economía mundial que recoge la Universidad de Pensilvania), Freeman calcula que la fuerza de trabajo a nivel mundial pasó de 1.080 millones poco antes de 1990 a 2.930 en los primeros años de este siglo (las estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo arrojan cifras parecidas). Naturalmente que antes de 1990 los trabajadores chinos, indios o de la Europa del Este eran económicamente activos, pero las circunstancias políticas (o institucionales, como les gusta decir a los economistas) les mantenían al margen del mercado mundial.
¿Cómo ha influido la incorporación a la economía mundial de esos trabajadores en el aumento de las desigualdades? Dado el nivel de desarrollo del que partían China e India y el atraso tecnológico de los países del bloque soviético respecto a los occidentales, la incorporación de los trabajadores de esos países a la nueva economía mundial se ha traducido en un fuerte empeoramiento de la posición negociadora de los trabajadores del mundo desarrollado, obligados a competir con los bajos salarios (y las estructuras políticas autoritarias) de esas zonas del mundo; lo que explica el incremento de las desigualdades en los países avanzados.
En cuanto a las tres áreas geográficas a las que nos venimos refiriendo, las desigualdades sociales, según todos los indicadores disponibles, también crecieron sustancialmente entre 1980 y 2000. Un hecho que a veces queda disfrazado porque, simultáneamente, el mismo proceso de integración en la economía mundial contribuyó a que millones de ciudadanos chinos e indios salieran de la economía de subsistencia o de la extrema pobreza.
La utilidad de estas reflexiones es que nos permiten vincular la crisis financiera, no con factores morales tales como la codicia de los banqueros o cosas parecidas, sino con las transformaciones estructurales que se están produciendo en la economía mundial. Aunque este nexo no hará probablemente más felices a nuestros responsables políticos, que se enfrentan, no a un problema (cómo salir de una recesión momentánea provocada por el estallido de las burbujas inmobiliaria y financiera), sino a dos o más (qué hacer con la creciente desigualdad, cómo afrontar la competencia de los países con bajos salarios, etc.). Y a dos escenarios, uno local y otro planetario. Con la consiguiente complejidad política y técnica de las medidas a adoptar.
En cualquier caso, es obvio que la crisis actual se resiste a cualquier simplificación y que, por ello, las recetas moralistas, las continuas llamadas a la confianza y al esfuerzo suenan en muchos oídos a música celestial, en el peor de los sentidos que esta expresión tiene en nuestro irreverente idioma.
Comentado por: sobre la crisis el 24/2/2009 a las 07:34
Comentado por: menos lobos el 23/2/2009 a las 23:32
sorry, con perdón
yo no hablo ni me quejo de la tele
me cambié de domicilio hace 4 años -estoy a 10.710 km.- y no he tenido tiempo para comprar un televisor
no es que no quiera tenerlo, es que no tengo tiempo
punto
Comentado por: jbv el 23/2/2009 a las 21:46
Bajo qué lira. Un tratado reaccionario para estos tiempos
(Poema Phi Beta Kappa, Harvard, 1946)
W. H. Auden
Ares al fin nos deja el campo libre,
las manchas de sangre en los arbustos ceden
a la llovizna que las filtra,
y en su estado convalesciente
los pueblos fracturados se asocian
a las flores del estío.
Acampados sobre la llanura colegiada
los crudos veteranos ya entrenan
como fuerza novata;
los instructores de sarcásticas lenguas
encauzan a los jóvenes ahítos de batallar
con cursos básicos.
Entre insólitos dispositivos
que sirven para dominar artes y ciencias
ellos pasean o corren,
y los nervios acerados para la matanza
son acribillados por los poemas
más cortos de Donne.
Los profesores que regresan de misiones secretas
reanudan su adecuada erudición,
aunque algunos lo lamentan;
les gustaban demasiado sus dictáfonos,
trabaron conocimiento con ruedas enormes, y no
te dejan olvidarlo.
Pero el decreto inescrutable de Zeus
permite que el ánimo de disentir
sea pandémico,
ordena que el vodevil predique
y que cada discurso de apertura
sea polémico.
Dejad que Ares dormite, que otra guerra
se declare de inmediato
entre aquellos que secundan en todo
al precoz Hermes
y aquellos que obedecen sin dudar
al pomposo Apolo.
Brutal como todos los Juegos Olímpicos,
aunque peleada con sonrisas y nombres cristianos
y menos dramática,
esta lucha dialéctica entre
los dioses civiles es igual de despiadada
y más fanática.
Lo que los altos inmortales hacen gozosos
es vida y muerte en la Tierra intermedia
su antipatía ahistórica
objeta siempre
todas las edades y tipos somáticos,
lo sofomórico.
Los que enfrentan los oscuros indicios del futuro
con risitas o guiños de pradera
tan robustos como Cortés,
y los que como yo palidecen
al acercar nuestras velas raídas
a los ventrudos cuarenta.
Los hijos de Hermes gustan de jugar
y sólo se esfuerzan cuando se les pide
hacer lo contrario;
los hijos de Apolo nunca se amilanan
ante faenas aburridas pero tienen que creer
que su trabajo es importante.
Relacionados por la antítesis,
un compromiso entre nosotros
es imposible;
respeto quizás pero amistad nunca:
el tonto Falstaff se enfrenta siempre
al petulante Príncipe Hal.
Si él dejara de mirarse el ombligo,
Apolo sería bienvenido al trono,
haces y halcones;
él ama reinar, simpre ha sido así;
la tierra sería, de regirla Hermes,
como los Balcanes.
Pero celoso de nuestros dioses del sueño,
su sentido común planea en secreto
gobernar al corazón;
incapaz de inventar la lira,
crea un arte oficial
con fuego simulado.
Y cuando ocupa una cátedra,
la verdad es reemplazada por el Saber Útil;
le presta particular
atención al Pensamiento Comercial,
las Relaciones Públicas, la Higiene, el Deporte,
en su hoja de servicios.
Atlético, extrovertido y crudo,
para él, trabajar a solas
es un agravio,
el objetivo es un Nirvana populoso:
su escudo porta esta divisa: Mens sana
qui mal y pense.
Hoy sus brazos, hemos de confesar,
de Derecha a Izquierda han sido exitosos,
sus pendones ondean
desde Yale hasta Princeton, y las noticias
desde Broadway al anuario de reseñas
son muy graves.
Su radio pasa a Homero todo el día
en sonsonete whitmaniano
que no escanea,
con adjetivos dispuestos de punta a cabo,
que exalta la rosquilla y alaba
al Hombre Común.
El suyo, también, cada lirismo incauto
sobre deportes o amor conyugal o primavera
o perros o plumeros,
inventado por cualquier bardo de juzgado
para ser recitado junto al patio
en forma de labia.
Hacia él ascienden los discursos de premio
y los conjuntos de variaciones fugales
sobre alguna balada tradicional,
mientras los dietistas sacrifican
un vaso de jugo de pasas o una placentera
ensalada de malvavisco.
Cargado por ese compuesto de sexo
sensacional más algo de materia religiosa
interdenominacional,
novelas enormes de estudiantes
llueven sobre nuestras cabezas indefensas
hasta que nuestros dientes rechinan.
En falsos uniformes herméticos
detrás de nuestro campo de batalla, en enjambres
que siguen posándose,
sus existencialistas declaran
que se encuentran completamente desesperados,
pero siguen escribiendo.
No importa; Él debía ser desafiado;
la blanca Afrodita está de nuestra parte:
¿Qué su amenaza de organizarnos
se hace más crítica?
Zeus mediante, nosotros, los no políticos
habremos de vencerle.
Eruditos solitarios, parapetados tras las paredes
de periódicos entendidos,
defienden nuestros hechos.
Nuestra infantería intelectual,
aterrizando sobre revistillas
capturan una tendencia.
De noche nuestro estudiante subterráneo
va cuchicheando en fiestas de cócteles
de oreja a oreja;
las gruesas figuras en el ojo público
se colapsan a la mañana siguiente, emboscados por
algún sarcasmo ingenioso.
En nuestra moral ha de radicar nuestra fuerza:
para así poder admirar a plenitud
los Apolos desorbitados,
los batallones se dispersan como niebla,
y siguen fielmente el Decálogo Hermético
que dice así:
No harás lo que plazca al decano,
no escribirás tus tesis de doctorado
sobre la educación,
no adorarás proyectos ni
habrás de postrarte ante
la Administración.
No responderás cuestionarios
ni pruebas sobre Asuntos Mundiales,
ni te prestarás a resolver
ejercicio alguno. No te sentarás
con estadígrafos ni perpetrarás
una ciencia social.
No andarás en términos amistosos
con gente de firmas publicitarias,
ni hablarás con tales
ni leerás la Biblia por su prosa,
ni, sobre todo, harás el amor con aquellos
que se laven constantemente.
No vivirás por tus propios medios
ni a base de agua y verduras crudas.
Si debieras escoger
entre las suertes, escoge la extraña;
lee el New Yorker, confía en Dios,
y tómalo con calma.
Traducción: Manuel Sosa.
Comentado por: ni perpetrarás ciencia social el 23/2/2009 a las 21:07
Comentado por: madre desangrada el 23/2/2009 a las 20:48
Aún sin canas me atrevo a decir que conozco a este pueblo; y de lo que estoy seguro, sin sofisma y sin sombra, es que este un pais sin diálogo. Muerta la palabra, muerto el futuro.
Qué miedo a cruzar el río, qué miedo a nadar.
Comentado por: 1. Sócrates es mortal 2. Un gato es mortal 3. Luego Sócrates es un gato. el 23/2/2009 a las 20:47
Tiene toda la razón el Sr. Azúa sobre la influencia de los pasatiempos.
Desde que les compré a mis hijos el videojuego de Supermario Bros, están empeñados en convertirse en fontanero italiano.
Comentado por: padre dadivoso el 23/2/2009 a las 20:27
Fui lectora voraz entre los 12 y los veinte. No puedo concebir a nadie que sin haber leído con pasión a esa edad se convierta en su madurez. Internet es un medio al que están apegados los jóvenes hoy día. Leen y escriben… pero qué y a quién es otro cantar. Duro lo tienen los maestros y los padres.
En cuanto a la violencia, creo que es un grupo bien reducido entre los jóvenes, La mayoría de los que visten como usted los describen no pasan de ahí, de la apariencia. Gracias sean dadas.
Comentado por: me el 23/2/2009 a las 20:16
Pues vaya invitación al diálogo. Lo que pone usted sobre la mesa para que "dialoguemos" es un "¡muera el diálogo!". Yo sobre eso, usted perdone, me niego a dialogar.
Comentado por: sofisma el 23/2/2009 a las 20:01
Con retraso.
Sin ánimo de ofender.
Sólo como medio de diálogo.
Copio y pego :
"Uno de los lugares comunes del debate mediático tiene que ver con el abaratamiento del despido. Cada cierto tiempo, el país se pone algo nervioso (dejémoslo ahí) sobre la necesidad de recortar las indemnizaciones que pagan las empresas a sus trabajadores. Unos defienden esta vía como el bálsamo de fierabrás que todo lo cura. Otros lo relacionan directamente con el desmantelamiento de los derechos laborales de los trabajadores.
El debate es viejo como la tos, pero el maniqueísmo con que se afronta este asunto hace realmente imposible una discusión de cierto calado. No sólo sobre la cuantía del despido; sino sobre lo que es mucho más relevante: cuál es el modelo de relaciones laborales óptimo para un país con la mayor tasa de desempleo de la OCDE y con una pobre evolución de los salarios reales. Por cierto, una curiosa mezcla que a menudo se olvida, como si el grosor de la nómina de los empleados no tuviera nada que ver con la legislación laboral.
Lo realmente curioso del caso es que en el interregno el país se desangra en términos de empleo, aquejado de un juego macabro que acostumbra jugarse en este país: o todo o nada. Se ha llegado al absurdo de que cuando alguien plantea la necesidad de reformar el mercado de trabajo -antes incluso de conocer la dirección apuntada-, se le acusa automáticamente de abrazar las tesis de la patronal más rancia, aquella que en un contexto como el actual plantea como única receta abaratar el despido. Sin más. Como si una reducción de la indemnización a pagar no tuviera efectos inmediatos sobre el desempleo. Por si esto fuera poco, hasta el presidente del Gobierno aborta de raíz cualquier posibilidad de debate serio sobre el modelo de relaciones laborales con un argumento electoralmente rentable: "No haré nada sin acuerdo con los agentes sociales"; pero letal en términos económicos y sociales. No hacer nada en este contexto es un suicidio colectivo. Claro está, a no ser que estemos satisfechos con que millones de españoles reciban mensualmente 400 o 500 euros del Estado como un especie de pensión de supervivencia.
Sin embargo, no hay mucho de qué presumir sobre el funcionamiento del sistema español de relaciones laborales (por cierto, con una de las tasas de afiliación sindical más bajas de Europa, lo que algo querrá decir). Algunos datos pueden ilustrar la naturaleza del problema. España, como se sabe, es el país de la UE con mayor tasa de paro: un 14,4% de su población activa está sin trabajo una vez ajustada la cifra de variaciones estacionales, frente al 8% existente en Europa. Pero es que nada menos que el 29,5% de los jóvenes con menos de 25 años está en paro, frente al 16,6% de la UE. Y si esto fuera poco, alrededor de un tercio de su población asalariada tiene estructuralmente un contrato laboral de carácter eventual, lo que configura un mercado de carácter dual. Unos trabajadores son fijos. Otros, no. Y la consecuencia no puede ser otra. El ajuste cíclico de la economía se hace de forma sistemática sobre la parte más débil de la cadena.
Un ejemplo de solidaridad obrera
No estará de más recordar un dato de la última EPA que pone los pelos de punta. Mientras que el número de asalariados con contrato fijo ha crecido en los últimos doce meses en 95.700 trabajadores (fundamentalmente en el sector público), en el caso de los temporales se han destruido 664.100 puestos de trabajo, lo que indefectiblemente quiere decir que el ajuste se está haciendo sobre el empleo precario. Como se ve, un gesto de indudable solidaridad obrera con los más necesitados. No hace falta decir que los temporales se van de la empresa con una mano delante y otra detrás, mientras que los que se quedan dentro van engordando ese salario diferido que son las indemnizaciones. Otro ejemplo de fraternidad proletaria.
Con buen criterio, los sindicatos relacionan la alta temporalidad laboral de la economía española con la existencia de un determinado modelo productivo que favorece el uso intensivo de empleo de baja cualificación, lo que provoca una enorme rotación en las empresas (17 millones de contratos cada año, de los cuales el 33% dura menos de un mes). Esta circunstancia explica mejor que ninguna otra cosa la escasa necesidad que tienen los patronos de tener plantillas estables. El país se ha especializado en actividades de bajo valor añadido, por lo que las empresas sólo requieren mano de obra barata y poco cualificada. Esos modernos siervos de la gleba son legión: nada menos que 4,5 millones de trabajadores tienen contrato temporal y nula indemnización por despido.
¿Garantiza esta situación dual del mercado de trabajo que al menos los trabajadores con contrato indefinido tengan mejores salarios? No dicen eso, precisamente, las estadísticas. Los salarios reales (descontada la inflación) cayeron entre 1995 y 2005 -años de fuerte crecimiento económico- un 4%, mientras que su peso en el reparto de la tarta nacional ha retrocedido en favor de los excedentes empresariales. No vayan a creer que la reducción de los salarios reales afecta a todos los trabajadores europeos con carácter general. Es decir, que estamos ante un triunfo del capitalismo salvaje. España fue el único país de la OCDE en el que ha ocurrido algo similar en el último decenio, lo que indica -y no hace falta ser un lince de Doñana para llegar a esta conclusión- que tenemos un problema, y no precisamente en Houston.
Es decir, España tiene el dudoso honor de ser el país con más parados, con mayor precariedad laboral, con peores salarios relativos y con los menores avances de productividad. Debido, precisamente, a la enorme rotación en el empleo. Pues bien, pese a ello, la reforma laboral sigue siendo un tema tabú. Si alguien la menciona, es acusado inmediatamente de troglodita.
Defender el statu quo
Como dice el profesor Dolado, estamos ante un problema complicado. Los trabajadores con contratos indefinidos suponen un 62% de la clientela potencial de los sindicatos (asalariados más parados) “por lo que las cúpulas defienden el statu quo de sus votantes mayoritarios, ignorando los intereses del 38% restante”. La cúpula patronal, por su parte, parece estar más preocupada en llevarse bien con el Gobierno -por aquello de las subvenciones y de los contratos públicos- que con resolver un problema de fondo de la economía española, y que el ‘boom’ económico ocultó, pero que ahora ha estallado como la burbuja del ladrillo.
Habrá quien piense que estamos ante una situación heredada del franquismo. Ante un sistema de relaciones laborales superado por el tiempo. Pero no. Sucede que el actual modelo -manifiestamente mejorable- lo han pactado sindicatos y patronal. Con este Gobierno y con el anterior. Y las reformas no han salido precisamente baratas. Los incentivos a la conversión de empleo temporal en indefinido le han costado a este país en la última reforma más de 4.000 millones de euros que literalmente se han tirado por el desagüe. Sin embargo, tengan cuidado, que si dicen que el modelo de relaciones laborales es manifiestamente mejorable pueden ser tildados inmediatamente de ser unos agentes del enemigo. C’est la vie.
Se ha llegado, incluso, al absurdo de sostener que si con este sistema de relaciones laborales España ha creado en los últimos años más de seis millones de empleos, es que el modelo funciona. Pero se olvida que el fuerte crecimiento de la actividad económica durante los tres últimos lustros tiene sobre todo que ver con la coincidencia en el tiempo de una serie de circunstancias históricas irrepetibles: ingreso en el euro en 1998, liquidez ilimitada de la economía que ha favorecido la formación de la burbuja inmobiliaria, entrada masiva de inmigrantes que han aceptado las condiciones laborales que no querían para sí los trabajadores autóctonos, fondos de la UE equivalente al 1% del PIB cada año, beneficios de las cuatro devaluaciones de los años 90 o reformas estructurales que han hecho más flexible el aparato productivo. Todas esas circunstancias, como las golondrinas de Becquer, no volverán."
Comentado por: sobre el paro el 23/2/2009 a las 16:34
"Unas élites que desprecian la inteligencia" Muy bien dicho, yo añadiría o reemplazaría "inteligencia" por "Cultura", pero la idea creo que sería la misma. Tendría sumo interés responder al por qué de semejante mentalidad. De todas formas lo más deprimente -al menos en mi caso- es descubrir que entre el profesorado de la enseñanza obligatoria y universitaria -sí, también entre el universitario- abundan cada vez más los iletrados perfectamente orgullosísimos de serlo. Lamento constatar que según mi experiencia entre dichas faunas abundan los que se definen de "izquierdas" (en el optimista supuesto de que lo que hoy llamamos izquierda tenga alguna remota relación con lo que antes se llamaba izquierda).
PD: entre el profesorado universitario los que hacen desprecio por la Cultura, acostumbran a encubrirlo con argumentos técnico-pedagógicos sobre la formación "profesionalizadora" o "científica" que conviene proporcionar a los alumnos. Puedo dar fe de que cada es más frecuente encontrar titulados superiores -recién salidos de la universidad- que no superarían un examen de "cultura general" de los que se hacían hace treinta o cuarenta años para acceder a cualquier puesto de trabajo que fuese de algo más que de peón caminero (administrativo, conserje, funcionario, etc.).
Comentado por: Pedro el 23/2/2009 a las 12:41
Antes de nada decir que en mi infancia y juventud fui apaleado, abofeteado y vareado por una gentuza que trataban de corregir mi conducta, no era de sobresaliente en nada.Se empleaban a fondo y 40 años después guardo hacia esta gente un particular asco por no decir un intenso deseo de venganza.
Tengo dos hijos, los he querido, he intentado protegerle y compartir lo poco que tenía con ellos, hice lo que pude, nunca se me escapó una hostia educativa.
Cada vez que llama
mi hija me echo a temblar cuando no es para presentarme un sinistro novio es para que sea el padrino de mi "nieto" o para recibir quejas de vecinos y caseros. Mi hijo me manda msm. que siempre empienzan "Papi necesito si puede ser..."
No solo son prescindibles, es necesario intentar mantener la mayor distancia con ellos para conservar algo de salud mental. Firmaría ahora por no verlos jamás.
Sr. Azúa le pase a mis hijos " Pequeños poémas en prosa" "Narraciones..."(poe),Kafka (bién traducido y digerible.
Aveces siento una lígera angustia aunque yo no me culpo.
Comentado por: Hombre con achaques el 23/2/2009 a las 11:36
Comentado por: facunda el 23/2/2009 a las 11:26
Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas , Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horas y Autobiografía sin vida (Mondadori, 2010). Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.
La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.
Ensayo
Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.
La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.
Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.
Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.
La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.
Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.
Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.
Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.
Venecia (1990). Planeta, Barcelona.
El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.
La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.
Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.
Novelas y prosa literaria
Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.
Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.
Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.
Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.
Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.
Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.
Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.
Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.
Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.
Última lección (1981). Legasa, Madrid.
Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.
Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.
Relatos
"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.
"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.
"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.
"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.
"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.
"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.
El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.
Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.
"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.
"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.
Poesía
Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.
Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.
Farra (1983). Hiperion, Madrid.
Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.
Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.
Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.
Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.
Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.
El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.
Cepo para nutria (1968). Madrid
1987 Premio Anagrama de Novela.
2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".
2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.
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Hola te estaría muy agradecido...
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