La caída del imperio americano

Probablemente sea cierto que el descalabro bancario es un síntoma de que los EE.UU. han perdido el poder mundial. Lo creen los analistas más ponderados y lo intuimos al percibir la languidez en la que ha caído esa nación. ¿Cómo va a dominar el mundo un país que ni siquiera puede vencer a los talibanes? La pregunta espeluznante es quién vendrá a sucederle. En ocasiones, platicando con castristas de salón que mantienen un infantil antiamericanismo de guerra fría, me he preguntado si su favorito sería el imperio alemán de Hitler, el británico de la cámara de los Lores, el francés de los Luises o el español de Felipe II. El amo de nuestras vidas siempre es odioso, como lo es cualquiera que asuma el mando. Quien osa mandar ha de ser arrogante, no puede evitar la injusticia, atrae el odio de los pueblos más débiles, pero también el de quienes se sienten débiles en su casa o en el trabajo. Sin embargo, no se puede evitar que alguien esté al mando. ¿Quién será el próximo?
He leído las muy voluminosas Historia de Amiano Marcelino, crónica de lo que llamamos "la caída del imperio romano", aunque para el autor sólo fuera lo común de cada día. Amiano asistió a sucesos cruciales de los que no podía intuir las consecuencias. Su vida transcurrió en el frente, con las legiones alpinas, en la Galia, en la Germania, en Mesopotamia. Vio cómo los godos cruzaban el Danubio en el año 376, aunque no podía sospechar que ese sería nuestro icono del hundimiento: caballos con el belfo espumeante, montados por jinetes de aspecto bestial, a cuyo paso se desmayan las doncellas romanas apenas vestidas con túnicas transparentes. Amiano vio sucederse los penúltimos emperadores, Constancio II, Juliano, Joviano, Valentiniano, Valente, el usurpador Procopio. Un declive acelerado del poder en manos de sujetos cada vez más estúpidos y sanguinarios asesorados por orates, usureros y sayones, que aún duraría medio siglo. La población era codiciosa, ignorante, haragana. Fueron barridos. Habría que leer a Amiano en los colegios. Como curso preparatorio, quiero decir.
Artículo publicado en: El Periódico, 18 de octubre de 2008.
[Publicado el 20/10/2008 a las 09:41]
Comentado por: flirteo el 06/11/2008 a las 00:11
Para que la memoria de los Maragall no se destruya
Arcadi Espada
Querido J:
Es incluso probable que recuerdes mi carta de la pasada semana y el anuncio de un libro ciertamente singular sobre Pasqual Maragall, que han escrito Esther Tusquets y Mercedes Vilanova. (Ediciones B/ISBN 978-84-666-4003-9/Depósito legal B.37.627-2008). Entonces había echado un somero vistazo a algunas páginas. Ahora ya lo he leído entero. Sigo pensando que el defecto principal es su carácter apologético. Pero tiene serias virtudes. Entre ellas la rara libertad con que se expresan los protagonistas, el primero el propio Maragall. Una virtud que también debe de ser mérito de las autoras, responsables de haber organizado un clima de naturalidad en sus entrevistas y de haber sabido transcribirlo con las palabras adecuadas. Además han tenido el acierto de situar a Maragall en su contexto familiar y ciudadano, limitando el efecto deslumbrante de la política y el presente, y acometiendo con prudencia, por el otro extremo, la inevitable evocación de la figura del abuelo poeta y sus muy románticas turbulencias sobre el ser de la lengua, de Cataluña, de España, y de las patrias completas.
Me agrada, por ejemplo, que el libro se detenga en los padres de Maragall, una pareja encantadora que resistió con elegancia y dignidad el emparedamiento entre padre e hijo. Las autoras han tenido la fortuna de leer y de reproducir algunos fragmentos de una autobiografía inédita de Jordi Maragall. Me parece fascinante que aquel señor sobrio y pulcrísimo al que conocí vagamente en los años finales de su vida evoque con sencillez naïf al turbado adolescente que fue en un Sant Gervasi casi geórgico: «Me enamoraba de muchas chicas. De una que iba a la fuente de la plaza Molina y pasaba por delante de mi casa todos los días a la misma hora. Era una muchacha finita, con unos vestiditos cortos que dejaban ver unas piernas bien hechas. La veía pasar y se me encendía la sangre.» No menos fascinante es la apaciguada descripción con que evoca el inicio de su compromiso con su mujer, Basi: «Paseábamos hacia la actual plaza de Francesc Macià. Entonces era un paraje solitario, con pocas casas. Mientras paseábamos, yo inicié el tema, pero ella lo entendió antes de que yo acabara de hablar y reclinó la cabeza sobre mi pecho.» Aunque no deberías confiarte. A los pocos días de casarse, y en la delicada villa de Caldetes, se sintió mal y tuvo que acudir el médico. Su autobiografía transcribe el diagnóstico: «No era nada. Cosas derivadas de hacer el amor sin descanso.»
El más importante de todos sus fragmentos autobiográficos lo escribió, sin embargo, en el diario de su mujer, el 26 de enero de 1941. Es una larga anotación que evoca los años de la guerra. Una visión muy extraña. Para ser franco… no me extraña que haya permanecido inédito. Escribe un buen burgués catalán, recién acabada la tragedia, y ese punto de vista suele ser hoy muy incorrecto. Para empezar fue feliz: «Durante nuestra guerra conocimos estos días tranquilos en el piso de Travesera, solos en él, ocupados en muchos quehaceres de la casa o mirando por las ventanas hacia el Tibidabo en las tardes de otoño de 1936, leyendo La montaña mágica, que tanto me impresionó, escuchando conciertos que nos traía el gran aparato de radio, sintiendo profundamente el dulce bienestar de la propia casa, en la que todo se domina, todo nos pertenece y lo usamos todo con constante deleite.» Envidiable, realmente. Tener veinticinco años, una guerra y cambiar las incomodidades del frente por una ventana con vistas a Mann y… ¿Haydn? Me pregunto cómo lo consiguió, pero no he visto la respuesta en el libro. Sólo unos párrafos más allá, cuando se describe el ambiente del piso de su madre, donde pasaron algunas semanas hay alguna alusión: «Allí vivimos juntos muchas horas malísimas sufriendo constantes amenazas de todo tipo: bombardeos, faltas de alimentos, registros, llamadas a quintas.» Ir a la guerra es siempre una amenaza, desde luego. Y mucho más raramente una obligación moral o patriótica. La sinceridad del padre Maragall es muy satisfactoria. Convendrás que viene muy bien en estos tiempos de farsa y granizo retrospectivo.
En los comienzos de la guerra les llega el primer hijo. Sigue leyendo: «El pobre doctor Degollada, asesinado por los rojos poco después, asiste a Basi, autoritario, limpio, inspirando tanta confianza». Así los llamaban, claro. Los rojos. Era el color.
En cualquier caso la pasión entre Jordi y Basi no remite. Todo indica que el amor no es una cuestión tajantemente disociada de la guerra. Bien al contrario. El 12 de noviembre de 1938 les nació una hija. Evoca el padre: «Son ya los días de las caras alegres y de las noches cerca de la radio.» ¡Claro! ¡Quién dijo tristeza de la Barcelona derrotada y de la Cataluña aniquilada! Habla un Maragall: «Pocos días después vino la liberación de Barcelona.» La liberación, naturalmente, qué otra cosa.
Los textos autobiográficos del padre Maragall que el libro reproduce incluyen también un esbozo casi doméstico, humanísimo, de las enfermedades mentales que en un momento u otro han afectado a la familia. «Hace años que duran, con paréntesis de paz y tranquilidad. Pero no puedo negar que estos sufrimientos han marcado nuestra vida». La declinación de los problemas de salud mental de los hermanos Maragall, que se extendieron incluso a yernos, es realmente impresionante. Tiene razón Diana Garrigosa, la esposa del expresidente, cuando habla de su cuñada Antònia: «Fue un regalo para esta familia tremenda.» Y también el propio Maragall, que la califica (con humor triste y con el mérito de que lo hace desde su propia y grave enfermedad) de “familia patética”. El recuento del padre, al que hábilmente las autoras ceden durante varias páginas su voz narrativa, es una prueba conmovedora de los estragos genéticos, y tiene mucho valor que aparezca en el retrato biográfico de un hombre público.
Los apuntes de la madre Maragall también están en el libro. Uno, amputado de su contexto, adquiere una veracidad solemne como cita inicial de la obra: «¿Se perderán todas las voces allá dentro? ¿No quedará nada de los abrazos, de las miradas? ¿Quizá alguien, alguna vez, preguntará: “Te acuerdas?» Maragall reconoce textualmente “el Edipo acojonante” que marcó su vida de hijo, porque Basi fue una mujer de gran atractivo y elegancia. Y su nuera Diana Garrigosa reconoce su irritación sobrevenida: «La habían educado como a una señorita, pero a mí también, y no sólo no se me caen los anillos, sino que me divierte arreglar las plantas. En los apuntes de Jordi hay una parte en la que la describe tomando el sol. Lo que más le gustaba a Basi era estar sentada o tumbada tomando el sol. Lo malo es que parece que las cosas se hacen solas, y siempre hay alguien en la trastienda que las hace.»
La mujer de Maragall es una gran protagonista del relato. Y llama la atención el modo descarnado, sin diplomacias, con que aborda algunos asuntos familiares o políticos. Suya es la descripción, por ejemplo, del suicidio de un hermano de Maragall, Pau, muerto de sobredosis. Y suya la acusación a Convergència de haber utilizado políticamente la drogadicción de Pau: «Hubo un cara a cara con Cullell, en que éste no paró de repetir lo mismo. Hablaban de Economía y Cullell decía: ‘Pero señor Maragall cuándo cerrará los bares de droga?’ Hablaban de deportes y: ‘Pero señor Maragall, usted ¿cuándo cerrará…» Y no sólo eso. «Quisieron ampliar el escándalo del hermano drogadicto e hicieron una redada. Fueron una vez a su casa y encontraron una bolsita». Ese fueron, ese hicieron: el sujeto elíptico queda ahí colgando, algo indecente, la verdad. Pero en esa redada ve Diana Garrigosa el principio del camino que llevaría a la muerte a Pau. A ella se le debe también el relato de una desastrosa jornada de pesca en Menorca con el presidente del Gobierno y su esposa, que acabó con el mareo de Sonsoles Espinosa y la firme promesa de la pareja de no volver a salir con los Maragall. Resume, herida, la señora Garrigosa: «Sonsoles es estupenda, pero yo he tenido cero trato con ella. No ha querido saber nada de mí». Y entre sus últimas palabras no debes olvidar este definitivo apotegma: «Pasqual es muy sincero y es muy generoso. No entiende la traición. Y le ha traicionado Montilla, pasando por Carod y por Zapatero».
En fin, amigo. El libro tiene aún más interés del que prueban estos fragmentos. Lo he tenido entre mis manos, un libro de 271 páginas, con una muy hermosa fotografía de Maragall llevando al cuello a su hijo, un libro con su lomo, sus páginas cosidas, su tapa dura, su título: Pasqual Maragall: el hombre y el político, su Printed in Spain, sus portadillas, su goloso índice onomástico, sus pliegos fotográficos.
Existe el libro y es una excelente noticia que se haya hecho, y que una familia con mucho peso en Cataluña (en el pasado y también en el presente: al fin y al cabo hay un consejero Maragall en el actual gobierno de Montilla) haya puesto a disposición de las autoras palabras y documentos, y haya accedido a mostrarse. Mucho más teniendo en cuenta que el negro sobre el blanco siempre han formado una pareja muy drástica. Leía el libro y me preguntaba si a veces no habré juzgado demasiado duramente algunos defectos del poder político, social y cultural de esta ciudad, el carácter untuoso y cobardón de su trama, las trampas que suele hacerse con la memoria, esa comidilla. Porque éste, qué caramba, es un libro valiente. Como regalo especial voy a adjuntarte, incluso, un párrafo del epílogo que las autoras habían planeado incluir y que al final descartaron. El fragmento señala una de las razones por las que el libro es como es, y desvela un making off muy seductor, clave de su espontaneidad y viveza.
«El hombre carismático dialoga con las dos mujeres en su despacho, mientras oscurece despacio tras los ventanales y, como nadie prende la luz, van quedando sumidos en la penumbra. Ha desaparecido la última secretaria, se ha fundido el hielo de la coca-cola y del agua mineral, se ha enfriado la infusión. En un grado mayor de intimidad, el hombre contesta con prolijidad de detalles a las preguntas –incluso cuando giran en torno a temas dolorosos como los espinosos problemas de sus hermanos, o su propia enfermedad–, bromea socarrón y pasa luego largo rato recitando o leyendo o buscando la traducción más correcta a una expresión difícil de los sonetos de Shakespeare. Le encanta leer en voz alta, le encanta el cine, la música. Tiene la suerte de que le gusten e interesen muchas cosas.»
Así fue, y así fue escrito y publicado.
Sigue con salud.
A.
http://hemeroteca.lavanguardia.es/previewPdf.html?id=33446175&search=%22jordi%20maragall%22
http://hemeroteca-paginas.lavanguardia.es/LVE01/PUB/1995/08/01/LVG19950801-015.pdf#navpanes=1&search=%22jordi%20maragall%22
http://hemeroteca-paginas.lavanguardia.es/LVE01/PUB/1998/04/14/LVG19980414-023.pdf#navpanes=1&search=%22jordi%20maragall%22%20%22sant%20gervasi%22
Comentado por: copia/pega el 26/10/2008 a las 14:04
Asustados ante la evidencia
Gregorio Morán
LA VANGUARDIA, 25/10/08
Me temo que estamos haciendo el periodismo más pobre y más corrompido que se haya hecho en España desde la transición democrática. No me extraña que el informe anual de Reporteros Sin Fronteras, que acaba de hacerse público entre nosotros casi clandestinamente, nos haya colocado en el lugar número 36 en el orden a la libertad de prensa; tres puestos más abajo que el año pasado. Los amantes de los ranking de 40 principales ya sean en la música, la literatura o el cine, se han perdido una ocasión para babosearnos sobre las bondades de la competitividad y el esfuerzo de los triunfadores. Esos mismos pájaros, que imagino que deben forrarse en bonus periodísticos por exaltar la bazofia, estarán pasando un mal momento.
(Siempre me he negado a creer que tantos favores los hagan gratis. Quizá por un exceso de intelectualismo no me cabe en la cabeza que uno sea tan mediocre como para dejarse comprar por un viaje en preferente o una comida tres estrellas, sin más.)
Asumí la evidencia de que estábamos aquejados de un virus letal, financiero - de nombre aún confuso por la variedad de sus cepas-, cuando presencié una escena que jamás había visto. Es verdad que lo había leído en los libros de historia, y muy especialmente adscrito a la época del conde duque de Olivares, aquel valido musculoso y desbordado de soberbia, que con tanto ahínco describió don Gregorio Marañón y al que luego un par de hispanistas clavaron en la historia.
La escena, de apenas unos segundos, se pudo ver en algunos informativos de televisión. Una señora en la cincuentena, cuidadosamente vestida y peinada, se mantiene a duras penas sujeta por unos uniformados mientras grita ansiosamente “¡Majestad! ¡Majestad!”, al tiempo que alza en su mano un rectángulo blanco. ¿Un sobre? ¿Una carta? Se está dirigiendo a la reina Sofía desde cierta distancia, pero sus gritos son tan desgarradores, pese a los esfuerzos de los guardias por hacerla callar o desaparecer, que la reina se da la vuelta. Y no sólo eso, sino que se acerca a la señora que grita con el papel blanco en la mano, y en un gesto que la honra, la Reina, ataviada con mantilla y peineta, toma la carta. No percibí muy bien si se la dan aquellos guardabarreras exaltados o directamente la dama reivindicativa. Dura apenas unos instantes pero lo suficiente para distinguir a un par de fotógrafos, trajeados y encorbatados - quizá sea mi falta de experiencia en actos de protocolo, pero no recuerdo haber visto nunca en plena faena a unos fotógrafos con traje y corbata- que si llaman la atención es por su interés en retratar a la Reina, con absoluto desdén hacia la señora de la carta.
Lamentablemente no puedo precisar en qué cadena lo vi porque la mediocridad y monotonía de los informativos nocturnos te obligan al zapping para no desertar de los únicos minutos televisivos del día. ¡Qué más quisiera yo que poder soportar más televisión sin avergonzarme! Por eso no me di cuenta de en qué canal apareció la señora de la carta, apenas cortados los segundos de tensión, en los que se la veía tratando de hacérsela llegar a la Reina, e inmediatamente una brevísima declaración, en la que se destacaba su osadía tanto como su acento gallego, y donde reconocía que ella no era monárquica pero chapeau, lo decía así, en francés, llevándose la mano a la cabeza. “No soy monárquica, pero chapeau por la Reina”. Al día siguiente algunos diarios publicaron la fotografía del gesto de la Reina con un pie, en el que se daba leve noticia de la reclamación de esta madre solicitando justicia para su hijo, Jorge Gago, arrestado en su condición de cabo de la Armada por haber denunciado a sus superiores en un caso de negligencia casi criminal.
Si la única opción que le queda a una madre - sea monárquica o republicana- es confiar en poder entregarle una carta a la Reina, igual que se hacía en los tiempos del conde duque de Olivares, donde como es sabido no existían periódicos ni diputados ni instituciones que recogieran “las quejas”, es decir, las injusticias, ¿entonces, qué hacemos nosotros? ¿Para qué estamos? ¿Acaso no nos hemos cansado de explicar por activa y por pasiva - la voz pasiva cada vez se utiliza menos en el gremio, por desconocimiento, como ocurre con el subjuntivo- que somos un reflejo crítico de la realidad y un aliviadero en la denuncia de las injusticias? A lo mejor es que ahora hemos cambiado y se explica de otra manera, pero confieso que a mí nadie me previno de las novedades. Es cierto que las he ido percibiendo. Por ejemplo, algo tan insólito y novedoso como cerrar el único foro periodístico crítico que había en Cantabria. Ocurrió ya hace tiempo y siempre he estado esperando que alguien me lo explicara por lo menudo, pero he esperado tanto que parece ya asunto de arqueología. Cerraron la revista La Realidad,de nombre demasiado evidente, porque denunciaron a un político y empresario local corrupto. Los llevó a los tribunales y la señora juez - que podría asegurar que se ha sumado entusiasta a la protesta de los jueces contra las interferencias de los políticos- les echó encima una fianza que obligó a cerrar la publicación. No fue necesario ni llegar al juicio, les condenó con la fianza. Otro ejemplo: ¿cómo se paga la entrevista que le hizo la periodista Amelia Castilla a Farruquito en un reciente dominical, con portada y sufrientes fotos, donde con absoluto desprecio a la verdad y a una víctima, se recogen todas y cada una de las mentiras del delincuente? Eso no se hace gratis. Eso se cobra, por más que existan muchas maneras de hacerlo.
Hagan un cálculo estadístico y descubrirán que esa ley española de defensa del honor y la imagen es la favorita de los abogados de los delincuentes. ¿Cuántos bufetes trabajan en España para amparar el honor de los corruptos? Es verdad que los demás hemos perdido el honor en tantas batallas que defenderlo es algo tan cursi como la virginidad, pero de eso a que nosotros tengamos que escondernos para que los mafiosos no se enfaden y se ensañen borrándonos del mapa, va un trecho. Vivimos una sarcástica paradoja, y no me canso de repetirla. Si usted es un mafioso y mata a un tipo, o le pillan con un par de cajones de coca, o apaleando a una señora hasta liquidarla, o atraca un comercio por enésima vez, España será el único país donde los diarios, los policías, los abogados, todos se conchabarán para que su nombre no se haga público. Se da el desatino de que aparezca el nombre de la víctima, del muerto, y se oculte la del asesino. ¿Se han fijado que los medios de comunicación huyen de la expresión “sucesos”, quizá también por demasiado evidente, en un momento en que la vida rebosa de “sucesos”? Pues bien, las informaciones de “sucesos” que da la policía y reproducen los diarios son historias para deficientes mentales: detenciones masivas de traficantes, alijos monumentales, redes de pederastas multiprofesionales, mafias del Este peligrosísimas formadas por aguerridos sicarios pillados in fraganti… Nunca aparece ni un nombre, ni una foto, todo lo más un manipulado vídeo del asalto y unas siglas nominales para alimentar la candidez del lector, para hacerlo más verosímil. Yo estoy convencido de que vacilan con nosotros, y que hay un departamento de jóvenes narradores adscrito al Ministerio del Interior y a la Conselleria, especializados en darnos noticias entusiastas, con aplastante regularidad, sobre su eficacia indomable. Como nadie aporta nombres ni concreta nada, pueden alcanzar altas cotas de imaginación a un costo ridículo.
Recuerdo que en la transición, y aún antes, era muy frecuente en el País Vasco un hábito extendido luego a buena parte de España. Cuando a alguien lo palizaban o incluso moría en el ejercicio de su profesión, o por sus ideas políticas, surgía siempre una frase que cubría como una segunda lápida la fosa de la víctima: “Algo habrá hecho”. Y la vida seguía igual, porque la expresión ejercía de talismán que inmunizaba a los miedosos del peligro de comprometerse y a los listos de hacerse preguntas.
Ahora hemos pasado a un nuevo modelo vinculado a la sociedad establecida que lee periódicos y al gremio periodístico, sección fija, que por primera vez en su vida se encuentra con que tiene mucha franquicia que perder. Y aquí es donde nace el otro lema, el que consiente el miedo a la evidencia: “Él se lo ha buscado”. La dramática situación de Roberto Saviano frente a la Camorra napolitana parte de ahí.
Comentado por: copia/pega el 25/10/2008 a las 17:55
Asirio, si te entiendo bien (no es fáci)piensas que las doncellas se desmayaban ante la inminencia de su aniquilación. Para mí que sería aniquilación espiritual, la idea de qeu Roma iba a pasar a nuevas manos y que ellas no iban a tener más remedio que ser esposas o amantes de los nuevos reyes, sacerdotes y generales... lo que les haría vibrar culpablemente por un lado, mientras por otro era como asomarse al abismo. Ni comparación con nuestras modernas masacres como exportadores de democracia,libertad y derechos humanos: aquí ni desfiles ni amoríos ni nada, sino bombardeos a manta (para que los nuestros no sufran bajas,o al menos no la indignidad de ser muertos por los malos)y alguna que otra violación entre las ruinas ,seguida de operaciones de limpieza y silencio administrativo. Nosotros, los civilizados, sólo combatimos con seres crueles e infrahumanos. Para bárbaros como los griegos, romanos o germanos, la violencia era algo evidente, una herramienta de conquista y dominio, y sustituir una forma de poder por otra. No una excusa para encalomar al contribuyente un arsenal nuevo.
Comentado por: pennimann el 25/10/2008 a las 10:04
Lo de las doncellas romanas asustadas es posible que con el paso del tiempo resulte poetico no me lo parece las masacres de los bombardeos noteamericanos y es una lastima que no sea cierta la aseveracion dec que a cada puerco le llega su sanmartin los puercos oligarcas estan satisfechos y boyantes y tan solo acaba con ellos la Parca pero esta siempr llega tarde para evitar sus desmanes.
Comentado por: asirio el 24/10/2008 a las 18:20
Comentado por: amalia el 24/10/2008 a las 10:25
Comentado por: snoopy el 24/10/2008 a las 10:09
amalia, gracias, pero no quiero comprar el libro, sino descargarlo gratis, y no he encontrado un sitio donde lo tengan, no me parece un libro de los más comunes.
además, en internet me salen muchas referencias al romano, artículos, descripciones, lo mismo de él que de su obra, pero no el libro en sí.
incluso busqué en el sistema de bibliotecas donde trabajo part time y no lo tienen.
en fin, que don félix me ha picado el interés, si alguien sabe de dónde puedo bajar el libro, me dice.
gracias :-)
Comentado por: aspasia el 24/10/2008 a las 05:22
http://es.youtube.com/watch?v=Y0u1yiqp8dk&eurl=http://sergiosanz.blogspot.com/2008/05/entrevista-flix-de-aza.html
Comentado por: iboprofeno el 23/10/2008 a las 15:57
Comentado por: amalia el 23/10/2008 a las 10:19
Comentado por: aspasia el 23/10/2008 a las 01:15
Comentado por: Q.E.P.D. el 22/10/2008 a las 22:54
Comentado por: R.I.P. el 22/10/2008 a las 18:27
Comentado por: oueb el 22/10/2008 a las 11:15
Si tiene que haber un sucesor imperial, hay peores candidatos que los de las últimas elecciones generales.
Comentado por: Miqui el 22/10/2008 a las 10:20
Comentado por: amalia el 22/10/2008 a las 07:22
Amalia tienes razón, la historia viene mucho después de la vida. Por eso, porque a los romanos que les cortaron el gaznate los bárbaros del norte, les importaba poco la historia y mucho la vida, tal vez no vendría mal leernos el libro que nos propone aquí Don Félix o, qué sé yo.
http://usuarios.lycos.es/feacios/
Comentado por: Eduardo el 21/10/2008 a las 17:31
Mientras el imperio U.S.A. cae, a los niños estadounidenses les enseñan a querer a su país pase lo que pase; en cambio en el imperio español, que, como todo el mundo sabe, no cesa de ascender, a los niños les enseñan a detestarlo cordialmente. Codicia e ignorancia para unos; codicia, ignorancia y haraganería para otros. A ver a quiénes les va mejor en los próximos años.
Y para los que estén hartos de yanquis, mi sugerencia sería que los nuevos amos fueran, por ejemplo, los islandeses, que tienen ahora una situación económica muy interesante.
Comentado por: bob el 21/10/2008 a las 08:56
La Historia viene mucho después de la vida.Tal vez ni siquiera nuestros choznos puedan contar la caída del imperio americano.Nuestra vida alcanza a penas, como la de Amiano Marcelino, para percibir el día a día.
Comentado por: amalia el 21/10/2008 a las 07:48
'Los Ángeles de Charlie' de Hamas
JAVIER ESPINOSA desde Gaza
22 de septiembre de 2008.- El entrenamiento de jóvenes como Rania Abu Abdo, Mariam al Bursh o Rima Nouad también incluyó defensa personal, manejo de armas –pistolas y kalashnikovs incluidos- e instrucción militar. Hasta su misión semeja ser la misma: luchar contra el crimen y los traficantes de drogas. Sin embargo, su apariencia dista mucho de la del trío de intrépidas investigadoras que hicieron famosa la serie norteamericana.
En Gaza, los 'Ángeles de Charlie' de Hamas podrían ser féminas tan atractivas como las actrices de la emisión televisiva. Pero resulta imposible averiguarlo. Todas ellas visten la 'jilbab' (túnica que sólo deja visible las manos) y las dos primeras se cubren el rostro con un 'niqab' (pañuelo que tapa todo salvo los ojos).
"Nuestro gobierno aplica la 'sharia' (ley islámica) y por eso no vestimos uniformes ajustados sino con el jilbab. Pero de color azul, como el resto de los policías", explica Umm Hussam, de 30 años de edad, otra de las agentes del movimiento islamista.
La presencia de 55 mujeres en las filas de las fuerzas de seguridad establecidas por Hamas en Gaza pretende ser una réplica del movimiento palestino a los señalamientos que intentan acusar al grupo de discriminar a ese sexo en base a sus creencias.
"Este gobierno (se refiere a Hamas) se ha preocupado especialmente de promover los derechos de las mujeres. Yo soy un ejemplo. Soy licenciada en Asuntos Sociales y cuando terminé la universidad pensaba que tendría que quedarme en casa, sin hacer nada. Y mire, ahora soy teniente de la policía", afirma con orgullo Rima Nouad.
Cuando se le recuerda que con el partido de Abu Mazen en el poder –Fatah- había 350 policías en Gaza, Rania menoscaba tal argumentación. "Somos 55 porque ese es el número que necesita la policía. Si quisiéramos más reclutaríamos a más", acota.
La formación de las reclutas de Hamas, todas ellas licenciadas universitarias, les ha aupado tras un corto periodo de reciclaje al rango de oficiales. Los responsables de los uniformados las han repartido por unidades como el grupo anti-drogas, la sección de investigación o la custodia de cárceles.
Licenciada en leyes, Rania Abu Abdo, de 27 años, ingresó en la 'policía' de Hamas en septiembre del 2007. Un enorme Corán domina la mesa sobre la que trabaja. Durante todo este tiempo ha aprendido a familiarizarse con drogas que nunca había visto antes. "La droga es uno de los principales problemas de Gaza. Las hay de todo tipo: desde sintéticas hasta duras como la cocaína", aclara.
La teniente esgrime estadísticas sobre un fenómeno de la franja palestina escasamente conocido. "Entre junio del 2007 y marzo de este año hemos decomisado 130 kilos de hachís, 74 kilos de marihuana y 1,2 kilos de cocaína. Eso sin contar las pastillas (drogas sintéticas) o las plantaciones de marihuana que hemos destruido", precisa.
Rania y Umm Hussam suelen acompañar a unidades masculinas en las operaciones que lanzan contra los traficantes de estupefacientes. Son ellas las que se encargan de registrar a las mujeres presentes en dicho escenario. "Nuestros hermanos (así se refieren a los miembros de Hamas) no podrían hacerlo. No lo permite la religión y en muchas ocasiones las esposas de los traficantes ocultan la droga en su cuerpo o entre sus ropas", indica Rania.
Lo mismo ocurre con las chicas de investigación. Se han especializado en interrogar y detener a las de su sexo. "Nos ocupamos de todo tipo de casos, robos, asesinatos... pero la mayor parte de nuestro trabajo se centra en la prostitución", afirma Ashar Abu Nada, de 50 años.
Sin embargo, el concepto de prostitución que defiende está vinculado en gran medida a sus estrictas convicciones religiosas. No se trata sólo de sexo por dinero, sino simplemente de sexo fuera del matrimonio. Hace dos días que arrestaron a la última 'sospechosa'. Se encuentra encerrada en una pequeña celda al costado de la oficina donde se desarrolla la conversación con el periodista. "Es una mujer de 49 años. Dijo que iba a un curso de una ONG pero la estábamos vigilando y descubrimos que había ido a acostarse con otro señor", relata Rima Nouad. "Hay muchos casos. Son producto de la falta de conciencia religiosa. Hay muchas estudiantes que no saben ni rezar, que no ayunan en Ramadán y por eso hacen estas cosas. La prostitución ya existía con Fatah pero lo que hacían entonces los policías era arrestar a las mujeres para acostarse con ellas. El mismo jefe de la policía, Gazi Yabali, lo hacía a menudo. A una le pagó 1.000 shekels (200 euros, una fortuna en Gaza)", añade.
Las investigadoras de Hamas han adoptado dos comportamientos respecto a esta problemática. "Si es una casa de prostitución, enviamos al jefe a la justicia. Es lo que hicimos con un señor de Shiyajiya (un barrio de Gaza) que cobraba 50 shekels (10 euros) por cada persona que se acostaba ¡con su propia esposa! Pero si se trata de casos aislados (adulterio), interrogamos a la chica, la amonestamos y tras varios días la dejamos en libertad. Si es una joven y comprobamos con una doctora que sigue siendo virgen (sic) hablamos con la familia y les avisamos que tengan cuidado con su comportamiento", observa la teniente.
La unidad femenina reconoce que en ocasiones las advertencias a la familia son contraproducentes porque concluyen con un trágico final. Son los llamados 'crímenes de honor'. Ashar recuerda que 'hace poco una mujer que se acostaba con otros hombres y que se había divorciado 4 veces por eso fue asesinada por su marido'.
Para todas las tenientes de Hamas, su presencia en un entorno dominado por los hombres no constituye motivo de preocupación. "Tenemos una sección separada con cocina, baño,.. Cuando tienen que hablar con nosotros nos llaman por teléfono, no vienen a la oficina. Además todos saben que esto es un trabajo serio, que no está permitido el coqueteo", sentencia Rania Abu Abdo.
Comentado por: copia/pega el 20/10/2008 a las 18:32
Comentado por: frenadol el 20/10/2008 a las 17:47
Félix de Azúa nació en Barcelona en 1944. Doctor en Filosofía y catedrático de Estética, es colaborador habitual del diario El País. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Edgar en Stephane, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Las lecciones de Jena, Las lecciones suspendidas, Ultima lección, Mansura, Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Cambio de bandera, Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su obra ensayística es amplia: La paradoja del primitivo, El aprendizaje de la decepción, Venecia, Baudelaire y el artista de la vida moderna, Diccionario de las artes, Salidas de tono, Lecturas compulsivas, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas , Esplendor y nada y La pasión domesticada. Los libros recientes son Ovejas negras, Abierto a todas horas y Autobiografía sin vida (Mondadori, 2010). Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.
La nueva edición del Diccionario de las artes (Debate, 2011) se amplía en más de cien páginas y corrige todas las entradas anteriores.
Ensayo
Contre Guernica, Prefacio para Antonio Saura (2008). Archives Antonio Saura, Genève.
La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.
Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.
Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.
La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.
Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.
Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.
Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.
Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.
Venecia (1990). Planeta, Barcelona.
El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.
La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.
Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.
Novelas y prosa literaria
Autobiografía sin vida (2010). Mondadori, Barcelona.
Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.
Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.
Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.
Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.
Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.
Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.
Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.
Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.
Última lección (1981). Legasa, Madrid.
Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.
Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.
Relatos
"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.
"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.
"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.
"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.
"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.
"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.
El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.
Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.
"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.
"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.
Poesía
Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.
Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.
Farra (1983). Hiperion, Madrid.
Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.
Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.
Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.
Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.
Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.
El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.
Cepo para nutria (1968). Madrid
1987 Premio Anagrama de Novela.
2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".
2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.
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Hola te estaría muy agradecido...
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